¿El cielo… o el infierno del mar? (Capítulo 4)
Publicado por Selene18 "The Spicy" Darkside & Zuster en Marzo 10, 2008
Finalmente (Tras tres largos siglos xDDDD) he aquí la cuarta parte de esta singular saga de sadomasoquismo marino. Y las cosas prometen ponerse aun mas candentes entre ambos marinas, jejejeje.
Bueno, vamos con las advertencias de siempre. *Demonia copiando y pegando advertencias xDDD*
1- El elenco de esta historia pertenece a esa genial serie llamada Saint Seiya, de Masami Kurumada. Solo los tomé prestados para fines perversos, jejejeje.
2- Esta historia contiene Yaoi. Si, Yaoi, llámese dos hombres guapos de animé danzando horizontalmente en una cama. Si no les gusta, pues no lean y ya.
3- Limón, sadomasoquismo en su máxima expresión (Se incluyen efectos especiales). Si son muy sensibles, pues NO LEAN.
4- Críticas… Críticas. Como dije anteriormente, hechas de buena manera, y constructivas. Críticas hechas de mala manera (Llámese con groserías) así como con pequeños dejos de “superioridad”, serán desechadas, por muy certeras que hayan sido. No tengo paciencia con los sabelotodos que vienen a criticar a los demás con aires de superioridad y condescendencia, como si lo supieran todo. Es muy desagradable.
5- La historia aquí escrita se desarrolla cuando los marinas tienen de 18 años en adelante. Por razones obvias sabrán por que tomé esta medida.
¡Bueno, pues, disfruten!
Atte.
Selene18
¿El cielo… O el infierno del mar?
Cuerpo, alma y corazón: Marcados por el pasado y el presente
Al día siguiente, ambos yacían dormidos, y agotados. Hasta Kanon había perdido considerable energía haciendo sufrir a Sorrento. Y también al poseerle.
Había sido una experiencia extasiante y deliciosa, como la primera vez. Kanon se sentía realizado finalmente. Había conseguido lo que quería: Dominar por completo a Sorrento, y que éste le aceptara sin chistar.
Sin embargo, había sido una labor ardua, y muy dura. Sorrento poseía una mentalidad inquisitiva y curiosa. Era el tipo de mentalidad que si no se les sabe manejar bien, podría meterle en mil problemas. El tipo de mentalidad que se resiste, y que en cambio cuestiona. Nunca acepta de buenas a primeras.
Sólo hasta cierto punto, a Kanon le agradaba ese aspecto de Sorrento. Se dio cuenta que gracias a eso, tenía el rango que tenía. De hecho, era el segundo, debajo de Kanon. Luego venían los demás marinas.
Kanon abrió los ojos, y se consiguió con algo increíblemente conmovedor: Sorrento yacía acostado en su amplio pecho, acurrucado, con los ojos cerrados.
<< ¿Con que soñaría? >> Se preguntó Kanon, de repente. La expresión de Sorrento era serena.
Llena de paz interior.
Acarició la respingona nariz, y este despertó, removiéndose un poco. Poco a poco, los ojos enormes se abrieron.
-Hola Kanon…-
El Dragón Marino no respondió, sino que siguió delineando cada facción de su rostro: Los labios, la nariz, las cejas, de un color azul celeste, las hermosas pestañas… Todo armónicamente pintado en su precioso y bobalicón rostro (Eso si que Kanon no dejaba de pensarlo. La expresión de Sorrento ya le parecía hermosa, pero no dejaba de parecerle un poco estúpida también).
-…Sorrento…- Le besó tiernamente los labios. Algo que ni el mismo Kanon se pudo creer -Es momento de retomar nuestras rutinas…-
Lo ayudó a sentarse sobre la cama. Luego extendió ambos brazos, y le revisó las heridas. Efectivamente, se le habían cerrado por completo. Kanon las presionó.
-¿Duele?-
-No- Respondió Sorrento, mirándole dubitativamente. Kanon desató las vendas. Solo dos pálidas cicatrices quedaban en los antebrazos del marina. Su cosmos había trabajado muy bien anoche. Mejor de lo que el mismo Kanon podía imaginarse.
-Muy bien…- Soltó los brazos del marina, y le miró largamente por unos segundos. No quería dejarle ir, pero si dejaba a Sorrento fuera de su pilar por más tiempo, sospecharían -Como te decía… Ha llegado la hora de retomar nuestras rutinas. Dije que no te dejaría ir hasta que lo dijera. Pues ahora puedes marcharte… Eres libre…-
-¿…Libre…?-
-Libre en un sentido… Aún sigues siendo mi esclavo Sorrento. Solamente que eso no significa que te tenga aquí prisionero día entra, día sale. Pero cuando te llame… Has de venir sin rechistar, ¿esta claro?-
Se quedó mirando fijamente a Sorrento, en espera de su reacción y su respuesta…
****
<< No debí creer que Kanon me dejaría libre del todo… >> Pensaba Sorrento. Bajó la mirada. Los ojos de Kanon eran fuertes, afilados.
<< ¿Por qué me has cuidado? ¿Por qué me curaste? Y mas aún… ¿Por qué me estas tratando con cariño? >>
Ya había aceptado la esclavitud. Ya se le había entregado anoche, en un arrebato mutuo de pasión. Por un momento, ambos habían dejado entrever la pasión que sentían el uno por el otro. Era un sentimiento intenso, recíproco.
<< Increíble que pueda sentir algo por este hombre… Por el hombre que me vejó, me maltrató, por representar todo lo que le habían quitado de niño… >>
-Si…-
<< Ya no puedo evitarlo… Pero aún así, no dejaré de indagar… Debo saber de ti Kanon… >>
-… Vendré cuando lo digas…-
<< Tengo que conocerte mejor… Quiero saber con quien demonios me meto… >>
Kanon pareció satisfecho con su respuesta. Se acercó a besarle, con hambre contenida a duras penas. Sorrento acarició sus bíceps con sus dedos finos.
-Buen chico… Así me gusta…-
Sorrento hizo un gesto de levantarse de la cama. El Dragón Marino le ayudó.
-¿Te ayudo a vestirte?-
Sin esperar a la respuesta de Sorrento, Kanon le alcanzó la ropa, y sensualmente deslizó las prendas por todo el cuerpo de Siren. Le colocó con sutileza la camisa, y sin despegarse de su espalda, pasó las manos por su cintura, alcanzó cada botón y lo fue abrochando.
Acto seguido, fue el pantalón. Lo subió despacio, acariciando la piel que iba cubriendo la tela. Delicadamente le subió el cierre y abrochó los botones. Muy pronto Sorrento estaba completamente vestido. Kanon remató con un leve mordisco en su cuello.
-Listo… Luces como nuevo, sirenito…-
Sorrento sonrió, aún maravillado que aún quedase gentileza en los gestos bruscos de Kanon. Le dio un beso suave, y salió finalmente del pilar…
*****
Kanon finalmente se quedó solo en el pilar del Atlántico Norte. Se había asegurado de que Sorrento estaba lejos -Ese chico era muy, muy astuto- para luego sentarse y escribir. Era una carta dirigida a las Nereidas de Poseidón, encargándole un par de argollas pequeñas hechas con los corales mas finos y vistosos del lugar, y que además, cada una tuviese, colgando, las iniciales de su nombre en un pequeño rombo.
-Aun te falta la marca, pequeño- Murmuró, depositando la carta sobre un coral, para que las sirenas la agarrasen y la enviasen -Pero no te preocupes… La tendrás… Y pronto…-
Se preguntó que cara pondría el chico cuando supiera que lo marcaría. Lo mas seguro era que se acobardaría. Dudaba que Sorrento aceptara, sinceramente. Y lo peor, eso lo alejaría de el. Y Kanon no deseaba eso.
El marina entró de nuevo a su pilar, para no denotar sospechas. Kanon tenía la capacidad asombrosa de moverse rápido como sombra, y pensar con rapidez.
-¿Y si… No le digo nada?- Dijo, súbitamente sacudido por la nueva idea -Puedo atarlo y vendarle los ojos… Así nunca lo sabrá… Y luego será muy tarde para zafarse…-
Un corrientazo muy intenso de excitación recorrió su espalda, irguiéndole el pene instantáneamente. Se imaginó a Sorrento nuevamente amarrado, y con un pañuelo cubriéndole los ojos. Podía sentir sus gemidos apagados, y ver sus movimientos desesperados… Primero lo acariciaría, lo excitaría, hasta que estuviese a mil… Luego le marcaría deliciosamente.
Kanon se dejó recostar en la silla donde hace tan solo unos instantes escribía la carta con el encargo. La larga cabellera azul oscura se echó hacia atrás, y los labios se entreabrieron en un gemido mudo. La mano suya marcaba un ritmo en su entrepierna, palpándola, sintiendo su sexo crecer con cada fantasía que rondaba su mente. Con cada pensamiento.
Realmente no veía ya el momento de marcar los pezones de Sorrento con aquellas argollas, que muy pronto formarían parte de mil juegos, entre amorosos y sádicos. Se los jalaría, con una cuerda atada, para que suplicara, entre dolor y placer.
<< Mi sadismo está regresando… >> Pensó << Pero ya no viene bañado con la ira y el rencor que sentí anoche… >>
Del mismo modo que Kanon estaba cambiando a Sorrento, también él le estaba cambiando. De eso no cabía duda.
<< ¿Cómo fui tan tonto como para pensar que no cambiaría con todo esto? Sorrento… Te has salido con la tuya… Lo hayas deseado o no… >>
Y en el momento del orgasmo, tan corto pero tan intenso, Kanon se dio cuenta de que después de todo, un cambio no le vendría mal a su vida. Y de ese modo, tal vez, solo tal vez, el fantasma de su hermano se desvanecería por fin de su mente.
******
Mientras Kanon se perdía en sus fantasías, Sorrento de Siren regresaba a su pilar del Atlántico Sur, más silencioso que nunca. Vestía las ropas de Kanon, un poco grandes para su anatomía (Podría iniciar un curso de submarinismo en su ropa).
Sin embargo, cuando abrió la puerta, vio una presencia que Sorrento jamás había esperado ver allí…
Poseidón… El señor de los mares.
-Sorrento… Es muy extraño verte con esas ropas…- Dijo, con simplicidad.
-Yo… Errmm… Señor… Yo…-
Poseidón le hizo un gesto de que callara.
-Tú y yo tenemos que hablar.- Lo miro con algo de severidad -Así que mejor entremos-
Sorrento no tuvo otra sino obedecer.
*******
Todo eso le parecía sospechoso. Había sentido el cosmos de Sorrento extremadamente turbado durante todos estos días… Incluso cuando ayer desapareció por unos instantes. Tenia que averiguar que demonios pasaba con el.
Mientras Sorrento le conminaba a sentarse, Poseidón reflexionó sobre esas señales tan extrañas, y la relación que estas podrían tener con Kanon. Aunque pareciese que no, Poseidón los había estado estudiando, mas no se había metido pensando que simplemente era un problema que ambos podían solucionar.
Pero craso error. El problema, al parecer, había escapado de las manos de ambos. Y lo que leía ahora en la mente de Sorrento no le tranquilizaba para nada. Más bien confirmaba lo que venía sospechando.
Cuando iba a sentarse, detectó una mancha de sangre en el suelo. Luego miró con disimulo las muñecas de Sorrento. Todo coincidía.
-Sorrento de Sirena… Desde hace mucho tiempo, te he conocido. Eres uno de los primeros marinas que conozco de cerca, junto a Kanon…-
-Así es mi señor…- Asintió Sorrento, extrañado.
-Y también he conocido a Kanon por un largo tiempo. Incluso mucho antes que a ti…-
Estudió el rostro de Sorrento, para observar su reacción. Obvio, el marina estaba notablemente intranquilo por esa conversación. Más no desistió y continuó.
-Ustedes dos han estado juntos por dos años… Se conocen desde hace mucho. ¿No es así?-
-…Si…-
-Tanto tú como Kanon son mis marinas de confianza, Sorrento. Te lo hago saber desde ya. Y no hay manera que el uno este celoso del otro, ¿No es así? Por que he dispensado toda mi atención en ambos por igual-
-Tiene razón, mi señor…-
-Bueno, les he venido estudiando -A los dos- durante todo este tiempo. Y estoy al tanto de lo que sucede entre vosotros.-
Sorrento palideció.
-Kanon es un hombre muy problemático, Sorrento, y deberías saberlo ya.- Dijo Poseidón. Se levantó, caminó hacia el ventanal, y miró con aire aparentemente distraído. Pero en realidad su cerebro de Dios estaba girando a 3000 revoluciones por minuto.
-Sé muy bien que para ti debe ser difícil entender a alguien como Kanon, Sorrento. Y a ese punto deseaba llegar.- Dirigió una muy significativa mirada a Sorrento -Más mi deseo es saber primero si estas dispuesto a entenderle, y comprenderle. Después de todo, no has tenido ni la mitad de los problemas que el tuvo ¿No es así Sorrento?-
Sintió una leve turbación en el cosmos del marina, por lo que se apresuró a añadir:
-No he dicho que no hayas tenido problemas, Sorrento, ni nada por el estilo. Pero es que ningún ser humano es igual a otro. Unos tienen más desgracias que otros, en mayor o menor grado.- Suspiró levemente -Pero esto no justificará el haber abusado de ti. En ningún momento habré dicho yo que sus actos eran aprobables. Simplemente deseo hallar una causa lógica, que te despeje de toda confusión ¿Me entiendes bien, Sorrento?-
Si que lo entendía. Podía sentir la confirmación en la mente del marina. Volvió a mirarle otra vez.
-Así que, Sorrento de Sirena, ahora que has probado el sadismo de Kanon, en su mas cruda esencia, quiero que me digas sinceramente si deseas saber todo acerca de su persona, no para dominarlo, pero si para saber acorazarte de sus tendencias violentas.-
Sostuvo su mirada sobre la de Sorrento por unos segundos, con una media sonrisa en sus labios. Pasaron varios minutos de silencio hiriente, cuando el marina finalmente habló.
-Si señor… Deseo saberlo… Quiero saber… ¿Por que el afirmaba que “Represento todo aquello que le fue privado en su infancia”?… ¿Por que el me escogió justamente a mi, y no a otro?-
Poseidón le tendió la mano.
-Entonces acércate Sorrento, y te lo haré ver.-
El marina obedeció, y se sentó junto a Poseidón. Este le colocó la mano sobre su hombro.
-Cierra tus ojos Sorrento, y deja tu mente en blanco, para que la mía entre en la tuya… Muy lentamente…-
*******
¿Qué era lo que su señor Poseidón le iba a mostrar? ¿Tan difícil o tan traumático fue el pasado de Kanon?
Tras sus párpados cerrados, la ilusión cobró nitidez.
¡Madre! Gritaba una voz de niño. Inmediatamente, ante sus ojos, apareció la imagen de dos niños. Eran idénticos. Como dos gotitas de agua. Estaban agazapados en el regazo de una mujer, temblorosa, que les protegía.
Se oían enormes explosiones, las llamaradas rugían… Era la guerra. Una terrible guerra se desataba en ese momento.
<< ¿Guerra…? >>
::: Así es Sorrento, era la guerra entre Grecia y Roma. Incluso hasta nuestros días ocurren de vez en cuando. Es la ambición y el rencor las que la desatan. Por estas causas y muchas quería eliminar a la humanidad, y comenzar desde cero… :::
¡¡Mama!! ¡¡Salgamos de aquí!! Gritaban los niños. La mujer se levantó con ellos, pero cuando iban a salir, un soldado entró en el lugar.
¡¡MUERTE A LOS MALDITOS GRIEGOS!! Gritó. Se acercó a la mujer y la tomó por el cuello Asquerosa griega… ¡Te haré sentir lo que solo un romano puede hacer sentir!
¡¡MADRE!!
¡¡NIÑOS!! HUYAN MIENTRAS PUEDAN!!
¡¡NOO!! ¡¡MADREEEEEE!!
El soldado se abatió sobre la indefensa mujer, y la atravesó con la enorme macana. Luego de clavarla con el arma en la pared, la violó brutalmente, ante los ojos de los niños.
<< … No… No… >>
::: Así es Sorrento. Ese hombre ha abusado y asesinado a una mujer indefensa en frente de esos ojos jóvenes… :::
La mujer se convulsionaba, hasta que finalmente dejó de moverse. Mas el hombre no.
Uno de los gemelos (A esa tierna edad Sorrento no podía identificar quien era quien) haló a su hermano y salieron corriendo de la casa.
::: Ni las mil y un batallas hubiesen afectado esos corazones jóvenes tanto como el solo hecho de ver morir a su madre de esa manera… :::
<< ¿Y a donde esta su hermano? >>
::: Saga… Fue nombrado caballero dorado del Santuario de Atena, uno de nuestros principales enemigos. Ambos entrenaron desde muy jóvenes por la armadura dorada de Géminis, mas el destino quiso que Saga fuese el elegido… :::
<< ¿Y fueron muy unidos? Es lo que uno supondría tras haber presenciado semejante cosa… >>
::: No tanto así Sorrento… ::: Respondió Poseidón ::: Sus caracteres eran diferentes, como el día y la noche. Y la diferencia se hacía más y más grande a medida que ellos crecían. De hecho, llegó a un punto que los dos no se podían ver sin empezar, con ello, los roces y discusiones… :::
¡¡Eres un imbécil!! Le gritaba Saga a su hermano ¡¡Nunca serás un caballero dorado si sigues holgazaneando así!!
¡¡No me da la gana de entrenar!! Exclamaba Kanon ¡¡Ya te escogieron a ti!!
Esa no es excusa Kanon… Los dos debemos entrenar, es la única manera de medirnos para ver quien es el mejor
Kanon le hizo un gesto de fastidio.
Vete a la mierda….
::: Así es Sorrento… Fueron infinitas las discusiones que tenían por las noches. A Saga no le gustaba que su hermano rehuyera los entrenamientos… Y de hecho, esto fue lo que desencadenó la fatídica noche en la que Kanon recibió la mas funesta línea de traumas mentales… :::
Por un momento, la telepatía se interrumpió por que Sorrento se había separado para tomar aire y serenarse tras las escenas que había visto previamente. Ahora lo entendía… Ahora lo comprendía.
Kanon había vivido privado de las cosas mas bellas que podía disfrutar un ser humano en sus primeras décadas de vida: Amor, comprensión, tranquilidad, alegría…
-De hecho Sorrento…- Dijo el Dios, tomándole el mentón -Tú tuviste una infancia y una adolescencia completamente opuesta a la de él. Contabas siempre con el amor de tus padres… La hermosura y tranquilidad de las praderas austriacas… Y el aliento y comprensión que solo tu familia te puede dar…-
Sorrento no aguantó más. Sentía mucha tristeza por dentro. Y así lo reflejaron las lágrimas que corrieron por sus pálidas mejillas.
-Y todo eso se refleja en tu mirada Sorrento… Como Kanon te dijo, “Los ojos son el espejo del alma”… De ahí es que viene su obsesión hacia ti. Tu tuviste lo que el no tuvo. Por eso al comienzo desencadenó envidia y deseo de destruirte… Por que deseaba que fueras igual a el…-
Le soltó el mentón.
-Ahora… ¿Deseas ver lo que queda…?-
La mirada de Sorrento se enturbió un poco.
-No…-
Poseidón lo estudió un poco más
-Creo que si lo deseas, Sorrento. Y créeme, que cuando veas esto, tus dudas se despejarán por completo…-
Le llevó la mano otra vez a su hombro, y las imágenes volvieron a cobrar nitidez.
Kanon… Me has decepcionado… ¿De que manera lograré enderezarte Kanon? ¿Cómo puedo enderezarte? Eres un perdido Kanon…
Hermano… yo…
La respiración de Sorrento se aceleró al presentir lo que venía… No le hubiese gustado estar en el pellejo de Kanon en ese instante.
¡Kanon… Perdóname… Solo quiero lo mejor para ti! Voy a enderezarte Kanon, por las buenas o por las malas…
Pudo ver como su hermano gemelo lo golpeaba con tanta crueldad… ¿Por qué? ¿Por qué?
¿Cómo piensas ganarte la armadura de Géminis si te saltas los entrenamientos?
Poseidón sintió su angustia y se apresuró a calmarle.
::: Cálmate Sorrento… Ese fue el destino de ellos… Por desgracia, ni tu ni yo podemos hacer nada… :::
<< No puede ser… ¿Por que tenían que pelear? ¿Solo por unos miserables entrenamientos? >>
¿De qué me sirve si todos te prefieren a ti?
Si me prefieren es por algo, Kanon…. Replicó, sin inmutarse Pero aún así, eso no es excusa para dejar de entrenar. Sabes que el ganar una armadura implica constancia. La gente no puede escoger a un vagabundo que cada vez se salta los entrenamientos y se la pasa flojeando todo el día.
<< ¿Kanon un haragán? >>
::: Así es, Sorrento… Según Saga, lo era, y esa fue la raíz del problema. Más nunca entendió que si Kanon estaba apático, también se debía a algo… Suele pasar… Muchas cosas suceden nada más por falta de comunicación. Incluso yo mismo, como Dios, pienso que el proceder de Saga tampoco fue el adecuado… :::
Sorrento continuó escuchando. La voz de Saga se volvió a oír…
Así que no me salgas con babosadas de esa clase. Me avergüenzas con tu actitud, y estoy harto además. No puedo aceptar tener a un hermano que aparte de flojo, y vagabundo es envidioso. Pero como dije, te voy a enderezar, y no te quedarán ganas de saltarte los entrenamientos nunca más…
Cuando vio las intenciones que tenia Saga para con su hermano, repentinamente, en la mente de Sorrento, paralelas, las imágenes gemelas de los recuerdos de Kanon con los suyos de aquella grotesca “Primera vez” se mezclaron…
¡¡SAGA!! ¡¡¿QUÉ DEMONIOS PRETENDES HACER?!!
Sorrento se llevó una mano a la sien.
En este mundo, Kanon, no tienes muchas opciones: O aprendes por las buenas, o aprendes por las malas. Pero veo que a ti hay que enseñarte por las malas…
Los recuerdos de su dolorosa primera vez con Kanon salieron adquirieron mayor nitidez. El terror que sintió… La desesperación… El dolor…
:::Sorrento, trata de ser fuerte. Tienes que ver esto.::: Le insto Poseidón. El marina intentó serenarse un poco.
¡Si esta es tu manera de enseñarme, Saga, entonces no quiero que me enseñes!
¿Estás seguro de que no quieres? Inquirió Saga, introduciendo sus dedos en la estrecha abertura de su hermano.
Sorrento apretó aun mas los dientes. La escena estaba agitando duramente sus emociones, apenas contenidas.
¡¿PRETENDES ENSEÑARME CON INCESTO?! ¡ERES UNA BESTIA ASQUEROSA!
Enseñar… Eso mismo le había dicho Kanon cuando aun estuvo allá con el.
Kanon Comenzó a decir Saga, girando los dedos, y dilatándole Cuando uno enseña, uno debe recurrir a los medios mas desesperados con tal de que el alumno en cuestión aprenda. Es mi deber como hermano mayor enseñarte como son las cosas. ¡Y si tengo que recurrir al incesto, pues lo haré, no me importa!
¡Pero Saga! ¡Sabes que eso es contra la ley! ¡Y luego vienes a hablar que yo soy el retorcido!
<< ¿Qué clase… De hermano… Es ese que daña a su propio hermano…? >>
Cállate… Masculló, introduciendo ahora su sexo ardiente dentro del cuerpo de su hermano. Gimió con su estrechez, y arremetió con fuerza, mucha fuerza Estoy enseñándote una lección, ¡agradece que tienes un hermano que lo haga!
Kanon no contestó, enceguecido con el dolor que le provocaba la penetración. Sentía como si lo fueran a abrir por el medio. Saga le cogió el pelo, mientras arremetía con creciente entusiasmo.
Nuevamente veía a Kanon arremeterle salvajemente dentro. Sorrento no pudo más, y grandes torrentes de lágrimas escaparon de sus ojos tiernos.
¡¡Vamos!! ¡¡Agradécelo!! ¡¡Di cuan agradecido estas!!
<< ¡¡¡NO NO!!! >>
¡¡NO!! ¡¡NUNCA!! ¡¡ME LAS PAGARÁS, MALDITO BESTIA!!
Kanon susurraba en su oído, como le gustaba hacerle sufrir… Aun podía sentir su violencia, su odio….
<< ¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!! >>
Cuando su hermano vació su semilla dentro, Kanon no reaccionó. Solo se quedó inmóvil, resollando. Tenía los ojos vidriosos y la boca retorcida, en una expresión de dolor e ira.
Una cosa hermanito. Muchísimo cuidado con esa boca de oro que tienes. Por que te podría salir muy caro.
Vió como Saga se levantaba para vestirse, dejándolo esparramado en la arena.
Ahora espero que hayas aprendido tu lección, Kanon. No vuelvas a saltarte un solo entrenamiento, o te pesará aún más…
Sorrento se soltó nuevamente del hombro de Poseidón. Este lo miro un poco impasible.
Lentamente, el marina se dejo caer en el sillón. Eran demasiadas cosas feas… Cosas que traían recuerdos feos a su corazón. Sollozo en silencio, dando desahogo finalmente a las emociones que esas imágenes desataron.
<< Ahora entiendo…. Ahora… Entiendo… >>
La violación que hace unas semanas sacudió de una forma cruel su corazón había sido una escena ya sufrida por Kanon cuando aun era adolescente (Al menos eso supuso Sorrento). Eso, unido al desdén de su hermano y a la violenta muerte de su madre habían endurecido el corazón de Kanon, transformándolo en un ser de maldad. De sadismo. Su corazón, en vez de buscar la dulzura que lo apaciguara, la buscaba para destruirla…
Y eso fue lo que le condujo a odiar a Sorrento. A vejarlo. A ultrajarlo. A pretender destruirlo. Por eso. Por su belleza. Por su dulzura… Era como ser una flor en medio del desierto…
<< ¿Una flor? Si es que alguna vez fui eso, pues mejor me olvido.. Ya me he marchitado… >> Pensó con amargura.
*****
Poseidón continuó mirando a Sorrento. Era mas que obvio que el marina estaba en shock tras lo visto anteriormente, pero pensó que a largo plazo sería lo mejor, para que así las dudas concernientes a Kanon se le disparan.
-Siento haberte tenido que forzar a ver esto Sorrento. Pero es lo mejor para ti-
El marina no contestó, por lo que Poseidón prosiguió.
-Ahora de ti queda decidir que harás ahora que sabes muchas cosas de Kanon. No te recomiendo que las uses en su contra. Podría acarrearte muy malas consecuencias.-
Oh si, Sorrento sabía perfectamente a que clase de consecuencias se refería el Gran Señor de los Mares. Oh si.
-Espero que esto te haya sido de utilidad Sorrento. Estaré al tanto de lo que haces para ver a que conclusión han llegado vosotros.-
Poseidón se levantó para abandonar el pilar.
-Les estaré vigilando desde lejos- Le advirtió -Hasta luego Sorrento. Esperaré saber de vosotros pronto.-
Finalmente salió del pilar, no sin antes echarle una ojeada por encima de su hombro.
<< Kanon… No lastimes más a quien podría acompañarte durante toda tu vida. Créeme que sería desastroso… Para los dos. >>
Ser un Dios no era tarea fácil, ya que implicaba entender el corazón humano. Y aquello no era su fuerte. Por eso nunca le había gustado ahondar en el corazón de un mortal….
*****
Sorrento permaneció en el pilar, más silencioso que nunca. Estaba serenándose y digiriendo toda la información que Poseidón le proporcionó.
Secó las lágrimas que ahora poblaban sus ojos rosados. Era increíble que aun pudiese llorar. Increíble. Quizás nunca perdería esa capacidad.
<< Aunque a Kanon no le guste… La tengo… >> Pensó.
Examinó las ropas que Kanon le había dado. Sus brazos, delgados (Pero bien definidos) asomaban flojamente por entre las mangas. El pantalón le venía muy ancho y se le caía a cada momento.
El marina comenzó a desnudarse. Se quitó lentamente todas las ropas, y las acomodó con cuidado en un sillón. Cuando finalmente quedó desnudo, se encaminó al baño, donde allí pasaría un rato en la tina. El agua cálida le reconfortaría, y aprovecharía también para limpiarse el dolorido cuerpo.
Una vez en el baño, encendió el chorro y dejó el agua correr. Pero en el preciso instante en que alzó la vista, sus ojos se toparon con el enorme espejo del baño. Era un espejo grande, de cuerpo entero. Por primera vez en sus 18 años de vida, Sorrento pudo apreciar su cuerpo. Nunca antes había reparado en el, al menos no de la manera que lo hacía ahora, con los ojos fijos en su reflejo.
Tu cuerpo delicado también ejerció magnetismo en mí. Me provoca mancillarlo una y otra vez, con mucha crueldad…
La voz de Kanon resonó en su mente, como un fantasma.
<< ¿Delicado? >>
Se miró en el espejo, buscando una explicación a esa afirmación. Y lo que vió inmediatamente se lo confirmó.
Observo atentamente las líneas de su cuerpo: El torso era estrecho, y aunque era definido, los músculos no se destacaban con mucha notoriedad. Tan solo unas líneas que partían desde los costados hasta el pubis así lo demostraban. Pero no tenía los famosos “Cuadritos” de los cuales sus compañeros presumían tanto. De hecho era la razón principal por la cual Sorrento nunca se había mostrado desnudo ante otros.
Eso por un lado… Y por el otro…
Estaba la línea de sus hombros. Está bien, no tenía hombros estrechos de mujer y ya eso era algo. Pero tampoco eran tan anchos como los de sus colegas. Y ni hablar de llegarle a los de Kanon. De hecho Sorrento recordaba que su cuerpo era bastante imponente. La imagen de el, acostado debajo de Kanon, le vino a la mente. Esa vez fue cuando lo apreció de cerca, deseándolo silenciosamente.
Reparó en sus pezones, que ya estaban erectos por la exposición al aire. Eran rosados, no marrones como los de sus compañeros. Ni como los de Kanon. Sin embargo, Sorrento recordaba perfectamente con que lujuria Kanon se los miraba. Estaba claro que pese a todo, el gustaba de su cuerpo, tal y como había afirmado cientos de veces esa noche.
Rodeó sus brazos, como si tuviese frío. Pero la verdad, frío era lo menos que sentía en ese instante, de pie frente al espejo, desnudo y estudiando su delicado cuerpo.
<< ¿Por qué? Ahora que me veo y recuerdo a los demás… Me siento como un alien… Un marciano, tal vez… >>
Apartó todos estos sentimientos de inadecuación y se refugió en la cálida agua de la tina. Le hizo bien. Le reconfortó. Se regodeó en el agua, disfrutando de la sensación.
Quizás después de todo, no debería avergonzarse de su propio cuerpo. Le dijo una vez su madre que el ser diferente no era necesariamente algo “anormal” sino más bien positivo. El resaltar por encima de las cosas comunes debía suponer un halago más que un insulto.
Y en esa razón radicaba el encanto de su cuerpo. Era diferente a todos los demás. Ninguno de los siete generales marinos tenía un cuerpo como el suyo.
Cogió una esponja y la humedeció con el jabón para frotarla por todo su cuerpo: Primero los hombros, luego el cuello, poniendo sumo cuidado en cada parte. La espuma deleitaba la piel con la calidez adquirida por el agua, y hacía parecer a Sorrento como bañado en cristalinos copos de nieve cálida.
Poco a poco fue olvidándose de todo lo que le incomodaba minutos antes, y cuando salió finalmente de la tina, húmedo, volvió a mirarse en el espejo. Debía sentirse orgulloso de ser un marina con cuerpo diferente a los demás. Después de todo, no todos podían gozar con un cuerpo tan agradable, sin caer en los aburridos moldes de los típicos “Machos” que solían hacer bostezar a Sorrento.
Pero como toda regla tiene su excepción, pues esta vez no podía faltar. Y la excepción era Kanon. Como siempre.
Y estaba además la notoria diferencia de edad entre ambos… Sorrento no contaba sino con 18 años de edad. Y Kanon, por lo que el sabía, tenía 28, o sea, casi cerca de los 30… Le llevaba la bicoca de 10 años…
10 años de ventaja.
10 años de vida vivida.
10 años de torturas adicionales, y golpes emocionales.
Quizás a eso se debían también las diferencias anatómicas. Obviamente, el cuerpo de un hombre rondando la treintena nunca era igual al de alguien que apenas estaba cerca de la veintena. Aún así, Sorrento debía admitir que el cuerpo de Kanon era envidiable… De hecho… ¿Cuantos jovencitos no darían todo por tener un cuerpazo así?
<< Pero aún eres Sorrento de Sirena… Kanon no te podrá quitar ese título por más que lo intente. El único que puede es Poseidón, nadie mas. >>
-Así es…- Suspiró el chico -Pero a ese titulo debo agregarle otro: Esclavo de Kanon… No es muy diferente…-
<< No… Pero lo que les diferencia es que para Poseidón ofreces algo mas que tu cuerpo sexual… >>
-No es así… Para Kanon ofrezco más que mi cuerpo… Ofrezco también mi salud mental… Mi corazón… Mis emociones…-
Un pensamiento extraño, pero no carente de lujuria, se posó en su mente.
<< ¿Y no te excita pensar que el es tan mayor… Y tu eres tan joven? >>
Ese pensamiento resonó en lo más profundo de su mente, estremeciéndolo desde adentro. Volvió a mirarse, a reparar de nuevo en su fragilidad… Y a pensar en el cuerpo de Kanon.
<< Acéptalo… Lo deseas… Quieres sentirlo ahora mismo ¿No? >>
Sorrento jadeó, en reacción a la idea. Volvió a mirarse en el espejo. Aun estaba desnudo, de pie frente a el.
¿Cómo te verías… Atado, y con las piernas encadenadas en alto, de modo que pudiera ver hasta lo mas íntimo de ti?
Un gemido involuntario escapó de su boca.
<< ¿Sorrento? >>
No pudo aguantar más… Se acomodo en el borde de la tina, a gatas. Cuando lo hizo, su trasero quedó a la vista del espejo. La voz de Kanon seguía resonando en su cabeza…
Hasta lo mas íntimo…
De ti…
De ti…
Se miro por encima del hombro, excitado ya… Su rostro exhibía un marcado rubor. Introdujo sus dedos y los movió lentamente. La sensación era increíblemente excitante. Ya no le parecía incómoda ni angustiante. Intensificó la caricias, despreciando cualquier dolor que sintiese en el proceso. Cuando tuvo los dedos dentro, pudo sentir los deliciosos espasmos de placer, y un ardor exquisito.
<< Si Kanon estuviese aquí, ya te habría metido una vela por esa pequeña abertura tuya Sorrento… >>
Cuando su mente susurró ese solo pensamiento, el marina pareció enloquecer por completo. Se tumbó en el suelo, masturbándose locamente. Su mano ahora rodeaba su sexo, erecto en su máxima expresión, e iba y venía, estimulándolo con la palma, apretando la punta… Para dejar salir un chorro de placer.
Permaneció allí mismo en el piso, tumbado, aun sin aliento.
-No tengo remedio. Decididamente quizás esto lo merezco…-
<< Y esto es solo el comienzo… >>
*******
Pasaron varios días desde que Kanon despachó a Sorrento esa mañana. El marina había considerado pertinente dejarlo descansar por un tiempo. Mas tanta era la ansiedad de volverle a devorar que en más de una ocasión tuvo que esquivar las situaciones donde implicase tener a Sorrento cerca. Pero lo hacía también por otra razón: No deseaba que los otros marinas se percatasen ni por un momento de lo que ocurría entre ellos. Consideraba que ya una tercera persona estaba de más.
Así pensaba Kanon cuando regresaba a su pilar, tras haber hecho un mandato del señor Poseidón. En más de una ocasión se pregunto si estaría al tanto de lo que ocurría. Después de todo, era un Dios que veía en las mentes humanas. De eso Kanon estaba convencido.
En el instante que entró, encontró una carta pegada a un pequeño paquete. Kanon lo tomó y leyó la nota primero:
Señor Kanon De Dragón Marino,
He aquí le mando lo que ordenó: Un par de argollas hechas de los arrecifes coralinos del mar Atlántico. Espero que este satisfecho con el pedido.
Atentamente,
Galatea, Nereida de Poseidón.
El Dragón Marino abrió el paquete. Quedó deslumbrado con lo que vió
Dos argollas relucían como arcoirises en miniatura. Tenían colgando unos rombos con las iniciales KDM… Kanon Dragón Marino.
<< Perfecto… >> Pensó, mirando con perverso deleite las joyas. Ya el primer paso estaba dado. Solo le faltaba el resto, lo cual ya era cosa fácil.
Guardó las joyas en su pequeño paquete de nuevo, y las guardo en un cajón de su cuarto. Acto seguido, comenzó a hacer los preparativos para esta noche: Unos pañuelos de seda, que taparan confortablemente los ojos de Sorrento… Que sellasen su boca… Que sujetaran firmemente sus manos.
Silbando, salió a la cocina y preparó una cubeta de vidrio con mucho hielo… Jugarían hoy como nunca habían jugado antes. La noche tenía que ser memorable para ambos. Y lo más importante: Un par de agujas bien limpias, su principal instrumento para marcarle. Las colocó junto al paquete que contenía las argollas, bien guardadas dentro de un pañuelo negro.
Pasó como media hora ensayando lo que le diría a Sorrento para atraparlo. A pesar de que era su esclavo, no debía fiarse. El muchacho bien le podría saltar con una sorpresa. A veces no se sabe lo que puede pasar por esa aturdida cabecita suya.
Arregló la cama, y dejó las cadenas con las cuales había amarrado a Sorrento la vez pasada. Apartó también unas cuantas velas.
-Esta noche es la definitiva, Sorrento…- Murmuraba Kanon, mientras hacía los preparativos -Luego de esta noche te olvidarás por completo de irte de mis brazos. Y tu cuerpo lucirá la marca… De mi deseo…-
Cuando todo estuvo listo, Kanon se arregló la azulosa y larga melena suya. Se miró en el espejo, y sonrió.
-Soy aun más hermoso que mi hermano-
La sonrisa que antes era de perversidad, se tornó un poco amargada. Aun se llenaba de odio al recordar a su hermano y los abusos sufridos por el…
-Te enseñaré quien es el que manda, hermano. Mírame. Yo estoy vivo. Soy un general Marino -EL COMANDANTE- no cualquier general. Yo mando aquí, después de Poseidón. ¿Y que demonios eres tú ahora? Un cadáver putrefacto… Si, eso es lo que eres… Y quizás eso fue lo que siempre fuiste…-
Soltó una risotada, mientras se le iluminaban los ojos, y ahora lucían brillosos y sádicos.
-Tengo un esclavo, una persona que me desea y que por mi esta dispuesto a hacer lo que sea… Tu no… Tengo un futuro como Comandante de las Fuerzas Marinas de Poseidón… No como tu, que vivías pudriéndote por el amor de una Diosa que ni siquiera existía.- Volvió a reírse -Así que síguete pudriendo en el infierno, y que tu “Diosa” o lo que sea te ampare…-
Dicho esto, se arregló la armadura y fue a por su “Esclavo”….
*****
Ya se hacía de noche dentro del templo marino. Lo sabía por que cada quien tenía un reloj. Aunque Sorrento añoraba ver el sol, y las estrellas. Desde que se había enrolado como marina, nunca mas las había vuelto a ver, pues todo el cielo que tenía era agua condensada.
Se extrañó al estar añorando esas cosas. No debería. Ya demasiado tiempo había pasado. Cualquier intento de añoranza estaba fuera de lugar.
Saco su flauta, y comenzó a tocarla, como intentando regresar a sus días de ingenuidad… Días donde el no tenía miedo… No al menos como lo sentía ahora.
<< ¿Tienes miedo del rol que has aceptado, Sorrento? >> Se preguntó a si mismo << ¿O aun temes de Kanon? >>
Se desperezó en la roca, y luego se abrazó a si mismo, como si hiciera frío, pero lejos de la verdad. Solo sentía una leve incomodidad y algo de nerviosismo.
Como si estuviese esperando algo… O alguien…
<< ¿Por qué tengo este presentimiento? >>
Pero cuando te llame… Has de venir sin rechistar, ¿esta claro?
En su mente, la voz de Kanon resonó. ¿Será que de alguna manera le llamaba? ¿Debía acudir a el? Habían pasado muchos días desde esa fatídica noche… Y su nefasta primera vez ahora parecía una pesadilla difusa.
-¿Debo ir?- Se preguntó, mirando al cielo. Algo le decía que debía.
Se bajó de la roca, y se miró en el espejo del lago. Vió su reflejo en el agua, y se arregló. No podía darse el lujo de presentarse desarreglado.
<< ¿Sigues teniendo miedo…? >>
Sí y no. Sí, por que Kanon era en cierto modo impredecible, y por otro, por que ya sabría a que atenerse, hasta cierto punto. De hecho, su sadismo a veces lo hacía predecible.
Cuando salió del pilar, se topó con una figura conocida. Era Kanon, efectivamente. ¡Su intuición no había fallado! El había venido… A por el.
-Oh… Kanon…-
-Hola Sorrento…- Los ojos de Kanon se estrecharon, adquiriendo su expresión de perversión característica -Hacía mucho tiempo que no nos veíamos…-
Se acercó al marina que estaba frente a el. Tomó el delicado mentón para que lo mirase directo a los ojos. Las gemas de Kanon brillaban sin cesar, y seguían tan afiladas como siempre. Sorrento sintió una opresión en el pecho, y el corazón disparado latir. Al mismo tiempo, otra partecilla también reaccionaba, pero oculta bajo los faldones de su armadura.
El general no dijo nada, sino que recorrió el cuerpo de Sorrento, el cual era cubierto por la armadura, que se ceñía a su cintura estrecha, a sus piernas delgadas, a sus brazos finos…
-Quítate el faldón de la armadura… Y bájate el pantalón…-
Sorrento lo miró sorprendido… ¿Aquí? ¿Ahora? ¡Con eso no contaba!
-No hay nadie a la vista, Sorrento… ¿Acaso no confías en tu amo?-
<< ¿Y si viene alguien…? >> Pensaba el marina, vacilando. Pero al ver la mirada fija y exigente de Kanon, tuvo que volverse a armar de valor. Con lentitud, primero se quitó el gran faldón de su armadura (El cual le cubría prácticamente hasta la rodilla, como una falda de mujer) y luego a bajarse los pantalones, hasta donde las botas de su armadura lo permitían.
<< Por Poseidón, que nadie venga… Si me ven… >>
-Buen chico…- Lo tomó de la cintura delicada y lo recostó contra un arrecife, de espaldas a Kanon. Acto seguido, el Dragón Marino se le trepó por la espalda, restregando su entrepierna abultada contra las nalgas del marina. Muy pronto los gemidos de Sorrento se escuchaban.
-Así me gusta… Gime para tu amo…-
Retiró su entrepierna de las nalgas, reemplazándola ahora por sus manos, dándole un masaje intenso en la delicada piel. De vez en cuando le daba palmadas.
-No permitiré que nadie mas disfrute tu cuerpo Sorrento… Simplemente es demasiado delicioso como para compartirlo… -
-S-si… Kanon…- Balbuceaba Siren.
-Como hagas algo a mis espaldas… Sorrento… Ese día se acabarán los mimos… Te castigaré severamente, y ahí no valdrá lágrima tuya…-
Al marina se le heló la sangre al oír aquellas palabras. ¿Acaso Kanon le estaba exigiendo fidelidad?
-¿Te quedó claro, pequeño?-
No le quedó otra que asentir. El Dragón Marino quedó satisfecho.
-Muy bien…- Se metió las manos entre los faldones de su armadura y se abrió el cierre, revelando ya su evidente erección. Hizo que Sorrento se levantara del arrecife.
-Esto será solo un abrebocas, Sorrento… Esta noche volveré a tomarte como no tienes idea…- Decía Kanon, siseando. Acostó la cabeza de Sorrento en su regazo, de modo que los labios del marina quedasen a la altura de su miembro.
-Abre las piernas…-
Sorrento obedeció. La mano de Kanon envolvió rápidamente su sexo.
-Conforme me satisfagas ahorita… Yo te daré placer.-
-S-sí…-
-Aaah…- El Dragón Marino gimió roncamente cuando su amante se tragó su miembro. La boca de Sorrento iba y venía, con bastante ímpetu.
-Así, así, Sorrento…- La mano de Kanon se cerró firmemente alrededor del sexo de Siren e inició una serie de movimientos en rápido y fuerte vaivén. El otro gemía ahogadamente.
<< No puedo resistirme… No a ti, Kanon… Diablos… >> Pensó Sorrento. De repente se encontró a sí mismo recordando la escena de autosatisfacción en el baño… Eso apenitas había sido unas horas atrás.
Los dedos de Kanon abandonaron su erección, para posarse justo entre sus nalgas. Jugueteó con la pequeña abertura, acariciando los bordes, introduciendo de vez en cuando un poco más el dedo, pero sin entrar en su totalidad.
<< No puede ser… Mi trasero ya esta palpitando por sus dedos… >>
-Increíble, Sorrento… Tu traserito pide más… Puedo sentirlo…-
Repentinamente Siren se sacó el miembro de la boca, solo lo suficiente para gemir.
-S-si… Yo… Kanon… Aaahh… Te… Te… Te deseo…. Dentro…-
El Dragón marino soltó una sonora carcajada.
-Oh, Sorrento… Pero me temo que no puedo poseerte ahorita… Eso estropearía la diversión. Aprende a tener paciencia, pequeño… La paciencia es la virtud del sabio ¿Sabes?-
El rostro de Kanon adquirió una expresión perversa mientras hacía más lentos los movimientos de sus dedos, provocando estremecimientos en el cuerpo del otro, que ya estaba retorciéndose de deseo.
-Esta noche es para nosotros dos, Sorrento… Para nadie más. Levántate ahora y súbete el pantalón-
Sorrento volvió a gemir en protesta, y Kanon agitó un dedo frente a sus ojos.
-No, no no. Así no son las cosas. Yo mando aquí, y tú debes obedecerme. Ahora súbete el pantalón, recoge tu faldón y nos vamos a mi pilar. Si te portas bien, mucho placer te esperará allí….-
Escuchó al marina suspirar resignado y levantarse….
********
<< No tienes idea de las cosas que te haré esta noche… >> Pensaba Kanon, mientras devoraba con los ojos el trasero de Sorrento, que destacaba mucho con las mallas puestas. Sintió la tentación de tocárselo ahí mismo, pero se aguantó.
-¿Listo?- Inquirió. El otro asintió. Tenía señales de excitación aun en su bella cara. Esto no hizo sino incrementar la excitación de Kanon.
<< Nos espera una gran noche, Sorrento. Oh sí… Y nunca mas te irás de mis brazos, eso tenlo por seguro… >>
Rodeó con un brazo la estrecha cintura del marina, y ambos se enrumbaron al pilar del Atlántico Norte…











