Literatura Infernal

Abandonen toda esperanza aquellos que entren a leer…

¿El cielo… o el infierno del mar? (Capítulo 5)

Publicado por Selene18 "The Spicy" Darkside & Zuster en Marzo 10, 2008

Tres siglos después, tras presenciar muchos auges y decadencias, esta demonia color café les trae el 5to capítulo de lo que podría ser mi obrita mas consentida.

No pensaba que esta historia lograría adquirir el cuerpazo que tiene ahora y la profundidad, puesto que usualmente no acostumbro a ahondar… Pero ahora se volvió un hábito, supongo… jejejejeje. Y como resultado, “El cielo o el infierno en el mar” ¡Sigue y sigue!

Bueno, las advertencias de rigor.

1- El elenco de esta historia pertenece a esa genial serie llamada Saint Seiya, de Masami Kurumada. Solo los tomé prestados para fines perversos, jejejeje.

2- Esta historia contiene Yaoi. Si, Yaoi, llámese dos hombres guapos de animé danzando horizontalmente en una cama. Si no les gusta, pues no lean y ya.

3- Limón, sadomasoquismo en su máxima expresión (Se incluyen efectos especiales). Si son muy sensibles, pues NO LEAN.

4- Críticas… Críticas. Como dije anteriormente, hechas de buena manera, y constructivas. Críticas hechas de mala manera (Llámese con groserías) así como con pequeños dejos de “superioridad”, serán desechadas, por muy certeras que hayan sido. No tengo paciencia con los sabelotodos que vienen a criticar a los demás con aires de superioridad y condescendencia, como si lo supieran todo. Es muy desagradable.

5- La historia aquí escrita se desarrolla cuando los marinas tienen de 18 años en adelante. Por razones obvias sabrán por que tomé esta medida.

6- Letras de la canción “Revenge” por Madonna.

A estas alturas, me toca agradecer a mis lectores y a aquellos que me han animado con sus palabras… ¡Quizás sin eso no hubiese avanzado en esta historia! ¡Así que gracias a todos!

¡Disfruten!

Atte.

Selene18.

¿El cielo… O el infierno del mar?

La marca del deseo: Di adiós a la inocencia, ángel caído…

Horas después de tan impúdica exhibición de los deseos de ambos, Kanon estaba conduciendo a Sorrento dentro de su guarida una vez más.

De vez en cuando lo miraba de reojo para ver que expresiones surcaban sus facciones tan, pero tan cambiantes. Kanon había llegado a la conclusión de que Sorrento, aún sin haber pasado por lo que le estaba esperando, ya se encontraba al borde de la corrupción total y absoluta. Lo convertiría en prisionero de sus propios deseos…

<< Del mismo modo que me convertiste a mi en la plasta que soy hoy, Saga, imbécil… >> Pensaba el marina. Por un momento, frunció el entrecejo, perdiendo un poco de su perversidad.

Al parecer Sorrento se había dado cuenta, por que inquirió

-¿Sucede algo?-

Kanon lo miró.

-No pasa nada, Sorrento… Ahora entra…- Le dijo, con voz algo tensa. El marina lo miró por unos segundos, inmóvil.

-¡Entra!- Ordenó Kanon, un poco mas alterado. Sorrento suspiró y obedeció, internándose en la habitación.

<< ¿Qué me estarías indagando con esa mirada Sorrento? >>

Cerró la puerta con llave. Ya no había vuelta atrás.

<< Tu mirada… A veces siento que sabes algo… Pero tal cosa es ridícula! >> Pensó Kanon por un momento. No sabía por que sentía esa corazonada. Solo dios sabía si Sorrento habría estado indagando…

Un momento… ¿Indagando?…

¿A quien…?

¿Dónde…?

¿Cómo…?

¿Cuándo…?

¿Y por qué…?

¿Por qué lo haría? ¡El no tenía derecho a investigar su vida! En lo que a Kanon concernía, nadie, pero nadie, exceptuando Poseidón, debía saber de su vida… No de su tragedia… No de sus dolores sufridos con aquella bestia que tenía por hermano… Eso era demasiado indecoroso… La sola idea de que alguien más aparte de Poseidón lo supiese le enervaba… Le enfurecía… Por que sabía que podrían usar eso en su contra…

<< Si has estado indagando, Sorrento de Sirena… Juro que voy a matarte… >> Pensaba Kanon, con los puños apretados. Pero buscó desesperadamente algo de compostura. Si Sorrento sabía algo, lo mejor era cazarlo lentamente, sin que el se diese cuenta. Además… Kanon siempre había sido mucho mas astuto que el -No en balde lo había dominado tan bien- de modo que sería solo cuestión de paciencia.

Volvió a mirar al marina. Sus ojos ya habían perdido ese extraño matiz que le había impulsado a sospechar. Ahora conservaba un aire levemente neutral.

-Buen chico…- Sonrió Kanon. Le llevó a su recámara, ahí donde hace unas cuantas noches atrás habían estado. Pudo notar como la expresión de Sorrento cambiaba poco a poco: Seguramente lo que estaba en su mente ahora eran los recuerdos de aquella noche que le retuvo, que le poseyó, y que jugó con el de las mil y un maneras…

Se dio cuenta que las fresas de Sorrento miraban las cadenas que pendían sobre la cama. Dichos objetos casi, casi parecían estar saludándole.

¡Hola, esclavo! ¡Qué bueno verte otra vez! ¡Aquí estamos, dispuestas a encadenarte bajo el tormento del deseo!

Estuvo a punto de soltar una carcajada con ese pensamiento, pero se contuvo… Además… El saber que podía estar pensando Sorrento simplemente era algo que quería saborear a fondo…. Muy a fondo.

-Sorrento…-

********

<< De nuevo… De nuevo aquí… >> Pensó << Ahora siento como si todo lo que pasó aquella vez hubiese sucedido anoche… >>

Su pecho se agitó ligeramente. Miró las cadenas, que casi parecían hablarle… Aún recordaba como sostenían sus tobillos en alto, mientras Kanon le hacía cosas abajo…

Un escalofrío le recorrió de punta a punta. Aún sentía la vela moverse en su interior… Aun sentía la cera correr cálida por su pecho… Sus pezones, erectos, se ofrecían al ardoroso contacto de la misma… Y su pene, principal delator de sus sensaciones, también se erguía, mostrándole así a su verdugo lo mucho que disfrutaba.

Como estaba aun de espaldas a su captor, se sentía a salvo, ya que aún no podría ver su cara de excitación contenida… Aún no veía como apretaba las piernas para no dejar ver su excitación.

Pero unido a eso estaban los recuerdos de los secretos que Poseidón le reveló aquella mañana. Secretos dolorosos, que seguramente solo el los debe saber gracias a su capacidad de leer la mente de los seres humanos. Para un Dios no era necesario preguntar. Ellos ya sabían quien era quien…

<< Mejor que no lo sepa… De otro modo no viviré para contarlo… >> Pensaba Sorrento, algo angustiado.

Una duda surgió en su mente… ¿Y de que servía saber todo eso… Si de todos modos no podía hacer nada para acorazarse de las torturas? ¿De que serviría saber tantos secretos?….

…Tus dudas se despejarán por completo…

La voz serena y casi melancólica de Poseidón resonó en su mente, como recordándole por que había visto lo que vió. Por que hace unos días, su pregunta era ¿Por qué? ¿Por qué?…

Esa pregunta ya tenía respuesta. Pero ahora tenía otra.

¿De qué le servía saberlo, si ya no se podía resistir…?

<< Mejor me dejo de idioteces y contemplaciones… Tengo que resignarme a lo que acepté aquella mañana… >>

Miró a su verdugo por encima del hombro. Colocó el faldón a un lado, por que seguramente no lo necesitaría en mucho rato.

Cuando lo observó pudo sentir sus ojos acariciándole su cuerpo. Los sentía especialmente posados en su trasero. Le parecía que casi podía palpar las manos suyas, deslizándose por sus nalgas…

<< ¿Qué estoy pensando? Me estoy entregando al deseo… >>

Estaba perdido en sus pensamientos que no sintió a Kanon acercársele por detrás. El amplio cuerpo de su comandante se apoyó en su espalda, un poco más estrecha que la suya. Ambas armaduras entraron en contacto.

-Quítatela… Lentamente…-

El marina obedeció, pero luego Kanon añadió, como si lo hubiese pensado mejor.

-Frente a mi… Viéndome a los ojos.-

<< Me exiges tanto, Kanon…. >>

Sorrento titubeó un momento. Kanon se impacientó.

-Hazlo.-

Pasaron unos segundos mirándose, y finalmente resolvió obedecer.

<< Kanon… >>

Lentamente fue desprendiendo las hombreras grandes de la armadura… Quedando sus brazos descubiertos. Kanon se mordió el labio, lujurioso.

-Sigue…- Demandó, con voz seca.

Sorrento se llevó las manos a los hombros y se sacó el peto, abriéndolo por el medio. Lo colocó junto al resto de la armadura, quedando solo con los guantes. A estas alturas, Kanon lo detuvo.

-Permíteme….-

<< No Kanon, por favor… No… >>

El Dragón del Mar le tomó el brazo, y despacio, fue deslizando el guante fuera, descubriendo la pálida piel del marina. Cuando la extremidad estuvo completamente descubierta, Kanon pasó sus labios superficialmente por la piel, deleitándose con su aroma. Sorrento no podía evitar soltar unos gemiditos por lo bajo, en tanto que la piel se erizaba.

-Me asombra lo sensible que es tu cuerpo, Sorrentito…- Susurraba Kanon en su oído. Procedió a quitarle el otro guante, y mientras lo hacía, también besaba sus hombros y cuello.

Sorrento tuvo que morderse los labios para no gritar. Las manos expertas de Kanon estaban acariciándolo sin piedad. Una de ellas se concentraba en sus nalgas y la otra en su espalda.

-Déjame oír tu voz pidiéndome más…-

<< De nuevo me obligas… >>

Los dedos ágiles de Kanon recorrieron su espalda, provocando cosquilleo.

-Anda. Hazlo…- Le mordió la oreja y se la haló, delicadamente. Este delicado toque bastó para que finalmente Sorrento se decidiera a gemir para él.

-M-más… Kanon…-

-Así me gusta… Buen chico… Te estas portando de maravilla…- Murmuraba el Comandante, con voz lasciva. Lo tomó suavemente de los brazos y le hizo acostarse. La textura suave de la sábana acogió el cuerpo de Sorrento.

<< ¿Qué piensas hacerme ahora, Kanon? >> Pensaba el marina, ya comenzando a resignarse a la suerte que le viniese… Sabía que el dolor estaba ya metido en aquel itinerario. ¿Cuándo? No lo sabía, pero de que venía… Venía…

********

<< Te tengo finalmente, Sorrento… >> Pensó Kanon << Estas a mi merced… >> Le cogió suavemente las muñecas y se las fue amarrando a la cama. La tela, aunque era suave, cumplía con su trabajo de restricción.

Le miró la entrepierna, y supo que de hecho, estaba muy excitado. Se armó de fuerza, y con la mano, procedió a rasgarle salvajemente el pantalón a Sorrento, dejándole solo jirones de tela en las piernas. Este emitió un quejido de protesta.

-Me gusta mucho mas así…-

Tomó sus tobillos y los elevó, atándolos con las cadenas. Ya había inmovilizado a Sorrento completamente… Lo tenía indefenso ante el.

<< Tengo a todos los marinas a mis pies… Pero a ti, Sorrento… Te tendré aun mas a mis pies… >>

Sus ansias de dominio no parecían tener fin. Al parecer los sentimientos desarrollados no eran impedimento alguno para seguir poniéndole el pie encima y haciéndole sufrir.

-¿Cómo te sientes…? ¿Te gusta sentirte aún mas indefenso ante mi?-

Con las mejillas arreboladas, Sorrento asintió.

-Si…-

-Y ahora disfrutarás mucho mas…- Kanon tomó otra venda y se la colocó en los ojos. Esto pareció alarmar al marina, pero el Dragón Marino lo silenció.

-Shhh… Disfrutarás mucho mas así, pequeño…- Le había dicho, sonriendo.

Procedió a tocar los pezones del muchacho, dándoles un masaje con sus dedos. Estaba buscando sensibilizarlos un poco… Por que la tortura no debía carecer de dolor.

Dolor y placer… Ambas caras del goce sexual.

Los lamió con delicadeza, provocando que reaccionaran, y que Sorrento gimiera con las sensaciones. Luego de humedecerlos los sopló un poco, para que el frío los endureciera un poco más.

Era el único marina, en lo que a Kanon le concernía, que tenía los pezones rosas. Con que esa había sido la razón por la cual Sorrento jamás dejaba que lo viesen con el pecho desnudo.

¿Se sentiría diferente a los demás?

Bueno, en definitiva, todo Él era diferente a los otros.

Acarició las delicadas aureolas rosadas con los dedos. A medida que lo hacía, el mismo Kanon se excitaba. No podía aguantar… Nuevamente su erección estaba pugnando por salir… Más el no la dejaría salir. Seguiría disfrutando el dolor de la presión.

Dolor…

Pensaba solo en eso, y en como inflingirlo. Pero en ningún momento cayó el que ese dolor también se lo imponía el mismo. Así lo demostró al masajearse un poco la entrepierna, buscando incrementar la excitación y la presión de su órgano sexual contra el pantalón.

Bajó el rostro, buscando la abertura del muchacho con su boca. Cuando la encontró, la lamió en lentos círculos, sintiendo ya las contracciones en el cuerpo del chico. Dió leves mordiscos en la piel que rodeaba esa zona tan delicada.

Cuando estuvo lo suficientemente húmeda, introdujo sus dedos, dilatándole un poco. Podía oír sus gemidos subidos de tono ahora.

<< Pero no es nada comparado a lo que tengo pensado para ti… >>

-A que no sabes que voy a meterte- Sonrió Kanon, tomando una vela algo gruesa. La restregó un momento por las nalgas del otro, dándole a reconocer la textura… Y el grosor de dicho objeto.

-Una… Una vela…-

-Así es… Una vela… Y es mas gruesa que la que usé para penetrarte aquella vez…-

Dicho esto, empujó el objeto en el cuerpo de Sorrento. Pudo observar como su pequeña abertura volvía a distenderse, por lo que el marina emitió un suave quejido de dolor.

-¿Te duele?… Dilo…-

Kanon aceleró el ritmo de la vela.

-D-duele… Kanon…-

El Comandante sonrió y dejó la vela dentro de Sorrento. Elevó las cadenas para que sus caderas se alzaran un poco y la vela volviese a quedar vertical.

-¿Te parece familiar, Sorrento…?-

-Kanon… No la enciendas, por favor…-

-Oh sí… La encenderé… Y dejaré la llama acercarse a tu piel… Es más… Le daremos a tu piel deseosa el placer de probar la llama…-

-Kanon, por favor…-

-¡Silencio!- Exclamó este -¡Si no quieres que además te tape esa boca tuya!-

Sorrento enmudeció. Kanon pareció satisfecho.

-Mucho mejor, Sorrentito…- Cogió un cuchillo e hizo una pequeña incisión a la vela, de modo que la cera, cuando ardiera, no se estancara sino que bajase todo el tiempo. Acto seguido, procedió a encenderla.

-Sufre para mi, Sorrento… Ahora solo quiero oírte quejar de dolor…-

Esbozó una sonrisa sádica, y se bajó de la cama. La otra fase de su tortura estaba por comenzar.

Fue a la cocina y de ahí se trajo una cubeta con cubos de hielo. Nuevamente se puso junto a su víctima.

-Adivina con que jugaremos ahora-

Vió grandes gotas de sudor correr por las sienes de Sorrento. Sus labios hermosos se movían en silencio, expresando dolor.

<< Tan sublime…. Verlo en pleno sufrimiento… >>

Suavemente secó el sudor de las sienes, y acarició las arreboladas mejillas.

-Aquí estoy, pequeño… No pienso perderme ni un minuto de tu dolor…- Se inclinó sobre él y lo besó suavemente -No sufrirás solo, eso tenlo por seguro…-

Con sus labios incitó a Sorrento a abrir la boca y dejarle entrar… Pronto ambas lenguas entraron en un húmedo encuentro: Una cálida y sumisa, la otra ardiente y dominante.

Por el rabillo del ojo, Kanon monitoreó la vela. Bajo ningún concepto podía perderla de vista. Tenía que saber cuando era ya el momento de retirarla. Pero como aun no llegaba ni a la mitad, consideró que podía dejarla un poco más, por lo que se volvió a concentrar en su pequeño esclavo.

<< Mi pequeño esclavo… Mi sirena… Estas a mi merced… >>

La respiración de Sorrento se hacía mas pesada… Kanon lo sentía por los movimientos agitados de su pecho.

-Se que en el fondo te gusta Sorrento… Pronto me suplicarás que te inflija dolor… Si no es que ya deseas hacerlo…-

Tomó un cubo de hielo y lo pasó cuidadosamente por sus pectorales desnudos. Ante esto, el marina emitió un quejido, pero fue más de sorpresa que de dolor. Su comandante rió otro poco.

-Lo sé, es frío… Y ambos unidos generan delicioso dolor, sabes….-

Llevó el hielo hacia el miembro de Sorrento. Le pasó el cubo a todo lo largo, por la punta, dejándolo húmedo. Pero lo hacía con deliberada lentitud, demorando las sensaciones.

Luego acarició los testículos, haciendo presión con el cubo en ellos. El marina gritaba, entre placer y dolor por el frío, cosa que estaba excitando a Kanon.

-Así, Sorrento… Quiero oírte… Pequeño…-

<< Es el momento… >>

Extendió una mano hacia una gaveta y sacó con cuidado el pañuelo negro que envolvía dos filosas agujas. Por unos segundos las contempló. Los ojos se le estrecharon, afilados ya de lujuria y sadismo al mismo tiempo.

-Cuando sientas esto, Sorrento, llorarás… Y me dirás lo mucho que dolerá…-

-K-Kanon…-

-Shhh…- Acarició con un dedo el pezón que perforaría primero. Luego lo tomó entre sus dedos y lentamente lo atravesó con la aguja. Al comienzo fue difícil, ya que la carne se resistía a dejar entrar el objeto, pero fue forzándola con el dedo, hasta que finalmente lo atravesó por completo.

Fue entonces cuando Sorrento gritó, desde lo más hondo de sus pulmones… La tela que cubría sus ojos se humedeció por las lágrimas que corrían ya sin el marina poder controlarlas….

********

-¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAGHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!-

Ese fue el grito que soltó Sorrento al sentirse perforado de esa manera… Era el colmo del dolor que Kanon le inflingía… Solo el dolor de aquella brutal penetración era equiparable a este…

<< ¡¡¡KANON!! ¿POR QUÉ? >>

Aparte de ese dolor mayúsculo que sentía por la aguja atravesada, estaba el ardor de la llama, que ya la sentía cercana a la piel. Pero su cuerpo, sin importar la intensidad de los dolores, seguía reaccionando de un modo masoquista. Sentía su erección aun en pie… Lo que era peor… ¡La sentía endurecerse aun más!

-¡No mas, no mas, Kanon!- Decía, meneando la cabeza. A pesar de sentirse excitado, también se sentía enloquecer.

-No, Sorrento… Apenas te perforé uno… Aun queda el otro…-

-¡¡NOOOOO!!-

-A esto me refería cuando te dije de marcarte, Sorrento…- Decía su verdugo, con una sonrisa -Y no hablaba en broma, pequeño. Pronto verás que bien lucen estas argollas que mandé a hacer exclusivamente para ti.-

¿Argollas? ¿Acaso Kanon le estaba diciendo que todas estas torturas sistemáticas eran planeadas con premeditación y alevosía?.

-Me trajiste acá… ¿Para provocarme mas dolor, no?- Murmuró, con voz algo ronca por los gritos.

-¡Sorrento, querido! Te lo he dicho mil veces y pareciera que no me oyeras- Le reprochó Kanon, con un tono entre irónico y enojado -Tu sufrirás para mi propia satisfacción. Tu mismo lo aceptaste al ser mi esclavo.-

Siren emitió un gemido de protesta. Aun dolía la aguja que tenía atravesada, y sentía la sangre correr en finos hilitos.

<< Kanon… Creo que poco a poco iré perdiendo la cordura… >>

De repente sintió que le quitaban la venda de los ojos. La semioscuridad, tan solo rota por la vela que sobresalía de entre sus nalgas, volvió a bañar sus ojos.

-Seré malvado, Sorrento… Dejaré que veas como te perforo el otro pezón-

El marina torció la mirada, con los ojos apiñados. No deseaba mirar aquella aberración que Kanon infligía a su tierno cuerpo.

-O miras, Sorrento… O te perforo mas abajo… Hoy no tengo suficientes escrúpulos como para no hacerlo.-

-No… No me hagas esto, Kanon…- Lloraba amargamente el marina

-Silencio… Y posa esas fresas hermosas que tienes por ojitos en esta aguja que tengo…-

O era eso, o era verse obligado a sentir un dolor peor a ese. Gimoteando, Sorrento abrió los ojos y se forzó a mirar. Vió la aguja brillar mortalmente en la mano de Kanon.

<< Voy a acabar… Siento el orgasmo cerca… No puede ser… Disfruto con esto… Con este dolor… >>

Su mortificador, satisfecho con contar con la atención de los ojos de Sorrento, procedió a pasar la aguja en el otro pezón, con lentitud.

<< ¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!! >>

No pudo evitarlo… Echó la cabeza hacia atrás y volvió a gritar, seguido de otro torrente de lágrimas cristalinas. El dolor y el placer ahora se mezclaban, cuan cóctel mortal, catapultándolo al orgasmo. Conforme gritaba, grandes cargas de semen eran liberadas, bañándose su propio abdomen…

*******

Esos gritos… Esos jadeos desesperados… Esas lágrimas… Como le traían recuerdos de cuando le penetró con rudeza… Lloró con la misma intensidad, de hecho.

<< No aguanto mas… Sus gritos son afrodisíaco para mi… >>

Finalmente se decidió a sacarse el pene del pantalón. Lo colocó cerca del rostro de Sorrento. Mientras se daba masajes, echó una ojeada a la vela. Ya estaba muy cerca de su piel… En pocos segundos, calculó Kanon, Sorrento volvería a quejarse.

<< ¿Hasta cuando tendré que hacerle sufrir? Es como una gran adicción que siento… >>

Cuando la llama finalmente llegó a la piel, el marina volvió a gemir, pero no tan intenso como hace un momento. Con los ojos dilatados, Kanon contempló como la cera transparente manaba sin cesar, como la lava de un cráter volcánico. Resbalaba por la tersa y blanca piel, recorriendo los testículos y el cuerpo del pene… Despertándolo casi, casi al momento.

<< Absolutamente fascinante… >>

Se relamió los labios de placer, y finalmente dejó salir sus fluidos en el rostro de Sorrento. Transparentes gotas de semen ahora adornaban sus párpados y pestañas, así como su nariz y labios, contando también las mejillas, que aun tenían un tono escarlata.

<< Sorrento… >>

Apagó la vela y dejó que la cera se secase para luego sacarla sin mayores desastres. Se acercó a las agujas que atravesaban los pezones de Sorrento. Las contempló con suma lujuria, y lamió la sangre que manaba. El otro gemía entre lágrimas.

-Sentirás dolor y placer…- Susurraba Kanon -Me aseguraré que lo disfrutes todo…-

Hizo ahínco en las lamidas. Sabía que la calidez de la lengua le provocaba escozor en la herida. Luego lo mordió suavemente, halándolos un poco. Mientras hacía eso, no despegaba sus ojos del marina. Era hermoso: Con su rostro húmedo y arrebolado, sus ojos llenos de lágrimas, su expresión de dolor…

Con gran ceremonia, sacó las argollas que estaban cuidadosamente envueltas en el mismo paquete donde venían.

-No mas… Kanon…. No mas…- Decía Sorrento en voz baja, a lo que el comandante respondió siseando de placer.

-Cállate… Y luce la marca que dirá al mundo entero a quien perteneces.-

Sin sacarle las agujas, Kanon procedió a colocarle las joyas. Los reflejos multicolores acompañados del baño dorado de sus iniciales destacaban contra la piel del marina, aun en la semi-oscuridad del cuarto.

<< Sublime… Absolutamente sublime… >>

-¿Qué tal? Esa será tu marca Sorrento… Y cuando alguien ose pedirte tu cuerpo… Solo muéstraselas… Y dile a quien perteneces.-

Sorrento no contestó.

-Dilo…- Dijo el Comandante. Haló el aro con algo de fuerza -Dí a quien perteneces…-

Un gemido… Pero no hubo respuesta alguna que satisficiera a Kanon. El Dragón Marino volvió a sonreír torcidamente.

-Poco a poco Sorrento… Pronto perderás la razón…-

Kanon observó por un momento las marcas. Aún las heridas estaban frescas y sangraban un poco. Esto le dio una idea. Encendió otra vela y la dejó arder, pero sin hacerle incisión alguna. Era una vela roja… Roja como la sangre.

Al verla, Sorrento meneó la cabeza frenéticamente.

-¡No! ¡No!-

Con una mueca de perversidad, Kanon inclinó la vela sobre los pezones aún heridos y dejó que la cera cayera en dolorosas y ardientes gotas, provocando intenso escozor y ardor. Su víctima gritaba y se retorcía, con el rostro contraído y bañado en lágrimas.

El Dragón Marino bañó también las delicadas aureolas, dejando en ellas puntos rojos que resaltaban con el color rosado claro. Parecían bocados tentadores, como fruto prohibido… El olor a corrupción flotaba en el ambiente…

Tomó un par de cintas y las ató a los piercings de Sorrento. Luego ató el otro extremo en la punta de su miembro. Con una sonrisa torcida, lo bajó, obligando así a los piercings estirarse dolorosamente. El marina gritó.

-Si… Eso… Sufre… Vamos, di a tu amo cuanto duele…-

-D-duele…-

-¿Y no era eso lo que deseabas?- Inquirió, sintiendo su vena cruel crecer con cada palabra.

-¡No! ¡No era esto lo que deseaba!-

Miró con perversidad la abertura de Sorrento, bastante dilatada. No, aún no era el momento de hacerlo suyo. Tenía que provocarle más dolor. Mucho más. Enloquecerlo como nunca. Hacerle la cordura pedazos, si era posible.

Repentinamente, cuando en un determinado momento los ojos de Sorrento se estrecharon de placer involuntario, a Kanon le pareció ver una expresión vagamente familiar.

Una expresión que por nada del mundo hubiese deseado volver a ver… Una expresión que parecía recordarle que había alguien superior al mismísimo Dragón Marino, y que si se le antojaba, podría volverle a asaltar para poseerle.

<< No puede ser… No… >>

Repentinamente, el rostro de su indeseado hermano se reflejó en los ojos de Sorrento. Pudo verlo con perfecta nitidez.

Repentinamente, el rostro de Kanon se distorsionó terriblemente, en una horrible expresión de ira.

-Saga… Eres tu maldito… Persiguiéndome… ¿Aún?-

Su víctima lo miró completamente sorprendido.

-¿Saga…?-

<< No… No puedes perseguirme… No… No… >>

Los ojos de Kanon cambiaron. Lucían ahora lunáticos.

-Yo te enseñaré quien manda, Saga… Maldita basura…-

-¡Kanon!- Exclamó Sorrento. Se veía asustado. Pero el otro solo parecía ver otra vez el rostro de su hermano.

-¡Cállate, demonios!- Exclamó, y de golpe metió su mano dentro de Sorrento, haciéndole gritar a todo pulmón.

-Grita, cabrón, grita… Grita todo lo que te de la puta gana… Igual no cejaré en mi esfuerzo…-

-¡¡KANON!!- Gritaba Sorrento -¡¡KANON, SOY YO!!-

-No me engañes cabrón… Has estado persiguiéndome… Lo sé… Pero tú no me vuelves a poseer… No después de lo que me hiciste aquella noche… ¡¡No después de lo que me hiciste en Cabo Sunión, antes de abandonarme allí!!-

Los ojos de Kanon se llenaron de lágrimas abundantes.

-De esa vez… Que abusaste de mí… Bajo ese maldito pretexto de enseñar…-

Movió el puño que tenía dentro de su esclavo. Podía sentir la carne, y el cálido interior. Acompañó la acción pellizcando la piel de los testículos.

-¿Quieres saber lo que es dolor, Saga? ¿Quieres ver lo que aprendí de ti, maldito bastardo?- Inquirió, sacando el puño de donde lo tenía metido. Luego tomó las cintas que estaban atadas a los aros, y en vez de dejárselas atadas a la punta del miembro, lo que hizo fue amarrarlas de uno de los eslabones de las cadenas que lo sostenían. Con ello los pezones quedaban peligrosamente estirados. A cualquier templón, estos se desprenderían dolorosamente.

Kanon acarició las estiradas aureolas con un dedo.

-Si jalo un poco mas, tus aros se desprenderán… Y te quedarás sin pezones…. Bastardo…-

Un momento… ¿Su hermano tenía aros en las tetillas? Eso Kanon no lo recordaba.

De repente, un blanco se le hizo en la mente, y nuevamente volvió a la realidad: Allí no había estado Saga, como pensó. Solo estaban el y su esclavo, que era Sorrento de Sirena. Toda la figura de Saga comenzó a desvanecerse, sin rastro.

<< ¿Qué demonios he estado haciendo? ¿Habráse sido esto una mera alucinación? >>

Miró de nuevo a su victima, que yacía acostada, con las piernas alzadas. Pero no era Saga. Era Sorrento.

Cuando se acercó, notó que su abertura palpitaba, ya dilatada completamente. Su rostro estaba levemente contraído, asimilando las sensaciones de dolor que le había infligido.

<< Aquí solo estas tu, Sorrento… No el imbécil de mi hermano… >>

Volvió a mirarle los pezones. Se los había estirado bastante.

-¿En que estábamos, pequeño?- Inquirió, jalando un poco mas…

********

Todos los eventos en ese momento parecieron tomar un giro bastante violento. Y sin más ni más, Kanon había cambiado. Su sadismo se había incrementado, mezclándose con ira y violencia, provocando terror en el joven marina.

Había mencionado el nombre de Saga… Sorrento supuso que ese era el nombre del hermano que abusó de él cuando aun eran muy jóvenes. Ese hombre… Ese hombre había sido la causa por la cual Kanon se había transformado en el ser que era. En la maldad que era. En el sadismo que era. Toda su violencia, todo su prejuicio hacia la dulzura, hacia la ingenuidad… Todo era producto de aquellos abusos… Era por culpa de su hermano.

Y ahora, Kanon parecía haberse vuelto completamente loco, ya que actuaba como si realmente fuese Saga el que estaba acostado debajo suyo.

Aún le dolía el puño que Kanon le había metido a la fuerza. La muñeca era grande, gruesa… Era muy difícil no excitarse con aquella presión. Su interior palpitaba, apretándose en torno a esa muñeca. Y con cada palpitación, el placer aumentaba.

<< Soy su perra ¿No? Eso fue lo que me gané al aceptarle aquella noche… >>

Repentinamente se vió privado de ese placentero tormento, por lo que soltó un involuntario gemido de protesta… Quería otra vez sentir esa enorme muñeca dentro de el.

¿Quieres saber lo que es dolor, Saga? ¿Quieres ver lo que aprendí de ti, maldito bastardo?

-Si… Si… Quiero más dolor…- Respondía Sorrento, suicidamente.

Otra punzada nueva lo invadió. Kanon ataba sus aros con cintas a las cadenas, dejándole los pezones dolorosamente estirados. La visión de aquello le excitó aun más, unidas a las caricias que le proporcionaba con el dedo.

Si jalo un poco mas, tus aros se desprenderán… Y te quedarás sin pezones…. Bastardo…

¡Como anhelaba sentir ese suplicio! Entre mas fuerte era, mas deseaba sentirlo. Era el placer sadomasoquista que finalmente tomaba posesión alegremente de su mente.

<< Soy su perra… >> Pensó << Ahora solo estoy rogando por mas y mas dolor… Finalmente me transformé en aquello que Kanon deseaba… >>

Cuando echó otra ojeada al rostro de su amo, algo le sorprendió: Su expresión iba cambiando poco a poco. Primero perplejidad. Luego sorpresa. Finalmente aceptación.

Quizás nunca lo había pensado antes, pero Kanon también tenía un rostro sumamente expresivo. Aunque el mismo se niegue a aceptarlo.

Volvió a gemir deseoso con las caricias de los dedos habilidosos de Kanon. Su pecho se agitaba, y con cada movimiento de respiración aumentaba un poco su dolor.

-¿Sufres mucho, no es así, Sorrento?- Preguntaba el Dragón Marino. Lucía una media sonrisa sádica en sus labios.

-Si… Mucho…- Replicó, con un suspiro.

-Ruégame… Y así te torturaré…-

No hallaba como rogar sin sentirse un poco extraño. Trató de decirle lo mucho que lo deseaba, pero por alguna razón las palabras no salían fáciles de sus labios.

-Supongo… Que necesitas una motivación ¿No es así, pequeñito?-

Tomó una de las agujas y se la mostró sugestivamente. El marina la seguía con la mirada, los ojos brillosos de lujuria, de dolor… El solo destello ya le despertaba las ganas.

Sin que Sorrento lo esperara, Kanon acarició muy, muy cerca de sus ojos con dicho instrumento. El marina se retorció, algo inquieto.

-¿Te excitaría si te hundiera esta aguja en uno de tus hermosos ojos?-

Su víctima cerró los ojos, casi en reflejo a lo que dijo. Kanon sintió su ansiedad, por lo que se mostró sugestivo con el objeto en cuestión. Pasó el extremó filoso de la aguja con mucha lentitud y sin afincar por su mejilla… Luego, ante los ojos anhelantes del marina, la lamió sugestivamente. Luego se la pasó por los labios a Sorrento, instándole a abrir la boca para que la lamiera también del mismo modo sugestivo. La reacción no se hizo esperar.

Notaba que su verdugo le miraba con los ojos fijos, disfrutando minuto a minuto sus reacciones ante sus torturas. De vez en cuando se relamía los labios de un modo muy erótico.

Una vez húmeda la aguja, Kanon volvió a insistir.

-Ahora dilo, Sorrento… Dime que quieres sufrir más…-

-Quiero sufrir más… Kanon…. Quiero… más dolor….-

-Eso no sonó convincente mi querido…- Replicó este. Hizo un gesto de guardar la aguja, por lo que el otro gritó.

-¡Por favor! ¡Mas! Te lo suplico, Kanon… ¡¡Aaaaaah!!-

Su amo pareció satisfecho.

-Muy bien, buen niño, Sorrento… Te has ganado tu recompensa…-

Fijó sus ojos en las cuerdas que mantenían estiradas las tetillas de Sorrento. Las aureolas lucían tensas y algo sonrojadas.

-¿Quieres mirar… O solo sentir…?-

-Ambas….- Respondió Sorrento, en medio de jadeos -Ambas… Cosas…-

Kanon sonrió de medio lado, tomó la aguja y se la atravesó, unos centímetros mas abajo de donde le había perforado para ponerle los aros.

<< ¡¡DIOS!!! ¡¡DIOS!! >> Pensó Sorrento, estremeciéndose de dolor y placer al mismo tiempo.

Al ser en las aureolas, el dolor era mucho más fuerte, ya que era más carne la que era perforada.

-Te conseguiré muchas agujas para traerte una gama de sensaciones intensas… Y además experimentaremos en muchos otros lugares…- Decía Kanon, con voz baja, siseando, cargado de lujuria y sadismo en altos grados. Se inclinó hacia Sorrento y besó sus labios deseosos. Los labios, tanto de amo y esclavo, quedaban mojados y enrojecidos. Al mismo tiempo, mientras lo hacía, movía la aguja recién atravesada.

-Abre tu boca Sorrento… Ábrela…- Le incitaba Kanon. Este obedeció, y el otro le metió la lengua dentro, jugando con la suya. Pronto ambas estaban fuera, ejecutando una húmeda y excitante danza.

Respondióse su víctima con un largo gemido, cargado de placer.

<< Estoy marcado… No solo por fuera… Por dentro… Te pertenezco… Kanon de Dragón Marino… >>

******

Que hermosa y excitante visión tenía ante sus ojos. Sorrento de Sirena, completamente entregado al placer carnal y al dolor de sus torturas. Quien iba a imaginarlo… Aun recordaba sus ojos hace unos días atrás. Estaban húmedos de llanto, tristes, sin brillo alguno. Y mucho antes, esos ojos chisporroteaban de alegría, mientras asistía alegremente a todas las encomiendas que Poseidón ordenaba.

-Pequeño…- Dijo en voz baja. Cogió otra aguja y la metió sorpresivamente en la otra tetilla. La forzó brutalmente, sin reparar en dolor -Sufre… Sufre…-

-¡Si! ¡Si!- Exclamaba Sorrento -¡Quiero mas!-

<< Eres mío y me perteneces, Sorrento de Sirena… Toda tu humanidad me pertenece… >>

Su erección estaba a mil, tras el previo orgasmo. Esta vez si le tomaría, lo haría suyo, pero de la manera más dolorosa posible, tal y como a su esclavo le gustaba.

-Gemirás mi nombre cuando te penetre, niño… Quiero oírte, alto y claro…-

Soltó las cuerdas y le desató las piernas. Pero no sacó las agujas que tenía clavadas.

-Ponte a gatas para mí… Y muéstrame donde quieres que te penetre…-

Su víctima hizo lo que le dijo. Se colocó en cuatro, con las piernas abiertas. Con una mano se acarició las nalgas, gimiendo lascivamente.

-Por favor… Kanon…- rogaba este, mirándole por encima del hombro. Pero su verdugo no parecía muy convencido.

-Aun no me persuades, Sorrento…- Le dijo. Se cruzó de brazos detrás del joven, sin hacer el menor movimiento.

Desesperado por sentirlo, el joven marina se penetró a si mismo, usando los dedos. Kanon, alelado por la visión, no despegó los ojos en ningún momento. Veía como los dedos medio y anular entraban lentamente en esa cavidad que una vez el poseyó a la fuerza.

Como Sorrento estaba de espaldas a Kanon, no pudo ver como este se relamía los labios, cargado de lujuria por lo que veía.

Sin poder aguantarse más, el comandante se acercó por detrás a Sorrento y guió su mano, desacelerando el ritmo de sus dedos, y haciendo así el juego más tormentoso y desesperante.

-Ruega, Sorrento, ruega…- Decía con su voz rasposa y cortante.

-Aah… Ahh quiero mas, Kanon…- El otro no podía respirar bien por la excitación -Lento, así… Desespérame…-

Sacó la mano de Sorrento y contempló su dilatada abertura. La veía abrirse y cerrarse, cosa que excitó muchísimo a Kanon. Mucho más de lo que ya estaba. Sin previo aviso, penetró a Sorrento con fuerza. El otro reaccionó arqueando la espalda….

-Aaah… ¡Kanon!-

******

Nuevamente Sorrento de Sirena era poseído por el que una vez fue el hombre que afirmaba odiarle con toda su alma.

En su memoria, enterrados estaban los recuerdos de aquella experiencia que le había psicoseado y llevado al borde de la muerte. Pero ninguna de ellas asomaba en ese momento. Ni siquiera los recuerdos de la noche de pasión que habían vivido semanas atrás. Y menos aún lo hicieron los secretos que Poseidón le develó aquella vez.

Nada de nada.

What you see, it’s not necessarily what you get…
Eyes are the windows to the soul
Take your judgements, and let them go…

Estaba nublado por la marejada de la lujuria, que le había envuelto sin piedad, por obra de las repetidas torturas que Kanon le hacía. Torturas por las cuales Sorrento ahora había desarrollado un malsano (Y enfermizo) gusto.

*** Sorrento… Sorrento… ***

Una voz por dentro le llamaba. Era tenue… Y vagamente familiar.

*** Despierta, Sorrento… Todo esto es un sueño ¿Acaso no puedes verlo? ***

No… Déjenme dormir…

Mientras gemía enloquecido de placer, la voz seguía insistiendo en su interior…

*** Despierta… Y supera tus tribulaciones, Sorrento… ***

No… Ya no me importa nada ni nadie… Ni el dolor… Nada… No soy nadie…

Y así lo creía sinceramente. Nadie impidió que Kanon le violase. Nadie le defendió cuando este mucho antes le agredía verbalmente. Nadie estuvo allí… ¿Así que quien demonios iba a importarle a él?

There is no such thing as revenge
You will not give as good as you got
There is no such thing as an eye for an eye
If you think you’re the giver, you’re not

*** Estás entregándote sin condiciones al hombre que desgració tu vida, Sorrento… ¿Es que no tienes fuerza para luchar…? ***

No… No quiero… No quiero luchar…

Mucho lo había intentado al comienzo. Trató de razonar con el, le enseñó su dolor… Y todo lo que hizo más bien fue hacer que Kanon se ensañara con su persona… Y ahora algo estaba ocurriendo dentro de el. Algo estaba cambiando progresivamente. No solamente a nivel físico sino a nivel del espíritu.

*** Que estés muerto y que no luches contra el bien podrían ser la misma cosa, Sorrento… *** Continuó aquella voz susurrando dentro del marina.

En cierto modo si he muerto… Finalmente ya no siento inocencia… Ya no siento pudor… Estoy marcado para siempre…

Quizás de alguna manera sintió el que merecía todo lo que pasó, y lo que presentemente esta pasando… Todo, todo había sido su culpa.

There is no such thing as regret
There is no point in placing the blame
Hate destroys the one who hates
And everyone suffers the same

*** No, nada ha sido tu culpa Sorrento. Eres tú quien quiere pensar que tiene la culpa de algo… Eso significa que huyes de la realidad. ***

Si… Si lo ha sido…. Yo tuve la culpa de que Kanon me violara… Yo lo merezco…

*** Estas pensando eso por que sabes que es la única manera de no seguir sintiéndote mal por el odio totalmente injustificado de Kanon hacia ti… ***

Sorrento siguió gimiendo de placer. Ahora Kanon lo volteaba y lo colocaba con sus caderas en alto. Las agujas, junto con las argollas, destellaban mortalmente…

*** Pero estas huyendo… Y en su dirección, Sorrento… Si Kanon se hubiese querido apoderar del mundo, tal vez tu lo hubieses seguido… ***

¿Y eso que importa…?

*** Ya noto que no te importa, Sorrento. Realmente no te interesa ya nada… ¿Si Kanon quisiera matarte en este mismo instante, le dejarías? ***

Si… Así acabaría con mi miserable vida…

*** Ya ni tu propia vida la aprecias… ***

Quizás nunca lo hice…

Cuando la voz en su interior calló, la lujuria volvió a envolver a Sorrento, quien yacía ahora en el piso, acostado sobre su espalda. Sus piernas estaban en alto, permitiéndole a Kanon una penetración mas profunda. De vez en cuando, halaba suavemente los aros o las agujas que tenía clavadas en las aureolas.

-Kanon…- Gimió Sorrento en voz baja.

-Lo sé, Sorrento… Te estoy haciendo sufrir muchísimo mas que antes ¿No?-

-Tengo la culpa de lo que pasaste…- Susurró este. Sus ojos reflejaron el vacío por un segundo, cosa que no pasó desapercibida para Kanon -Yo merecía tu ira…-

Kanon acrecentó el ritmo de la penetración. Tomó el rostro de Sorrento y le hizo mirarle a los ojos por unos segundos.

-No la tienes, Sorrento, pero…- Hizo una pausa -… Igual quiero destruir tu dulzura para siempre…-

-Destrúyela…- Le dijo el otro. Lentas lágrimas resbalaron por sus mejillas -Así podrás descargarte…-

Repentinamente sentía un dolor sordo en su pecho, apretujándose bien adentro. Algo que le hacía llorar.

<< Me siento vacío… ¿Es posible que no me quede nada? >>

What you see, it’s not necessarily what you get…
Eyes are the windows to the soul
Take your judgements, and let them go…

Sorrento sostuvo las caderas de su comandante, y le incitó a ir mas profundo, dentro de su cuerpo. De vez en cuando soltaba un leve gemido y ahogaba los sollozos que querían salir de su boca.

<< Siento un dolor indescriptible dentro… Mucho mas fuerte que el que sentí días atrás… >>

Repentinamente tuvo la necesidad de gritar. Había algo que pugnaba por escapar de sus labios. Ese algo que se retorcía muy dentro suyo. Deliberadamente hizo que Kanon lo clavase dolorosamente. Esto le dio energías para poder gritar.

-¡¡COMO MEREZCO QUE ME ODIES!!-

El otro, obviamente, cogido por sorpresa, lo miró sorprendido. Pero este grito solo lo azuzó más y más.

-¡Aaahh Sorrento, como te detesto! ¡Voy a penetrarte hasta que te canses y me ruegues que pare!-

-¡¡ADELANTE, INTÉNTALO!! ¡¡DESCARGA TODO TU ODIO EN MI!!-

<< ¿Cómo puede estar esto pasando….? >>

Fue entonces cuando en ese momento se hizo la oscuridad y los ojos de Sorrento se volvieron a cerrar. El orgasmo estaba tocando la puerta, no solo para Sorrento, sino al parecer, para Kanon también, que rugía y tensaba los músculos.

A medida que el orgasmo estremecía al joven marina, este gritaba… Y con cada grito, una parte de el moría…

Adiós a la inocencia.

Otro grito más…

Adiós a la ingenuidad

Y el último, aun más fuerte.

Ese fue el adiós a la pureza de alma… Para siempre…

*******

<< Estas hundiéndote en el deseo, Sorrento… Finalmente cediste a la corrupción a la cual te he estado sometiendo… >>

Sentía incluso como el marina iba vaciándose por dentro… Como todas las cosas bonitas que tenía iban desapareciendo… Y Kanon pudo adivinar que eso a lo mejor también le dolía, sobretodo a juzgar por la clase de palabras que esgrimía.

Esa extraña “aceptación” de lo que Kanon le decía…

Esa extraña rendición…

Era como si lo abandonara todo repentinamente, al no hallar nada que lo sostuviese, como un templo que cae cuando todos sus pilares se derriban.

Incluso sus lágrimas… Esta vez algo dentro de Kanon reaccionó, advirtiéndole que tuviese cuidado con ellas, ya que era posible que ellas estuviesen reflejando algo mas que un mero dolor. El comandante se inclinó hacia la mejilla de Sorrento y besó esas lágrimas, secándoselas. Pero estas fluían sin cesar…

Supo que Sorrento se precipitaba al vacío, del mismo modo que Kanon lo hizo años atrás, tras el abuso sufrido a manos de Saga. La única diferencia radicaba en que Kanon había hallado refugio en el odio hacia su hermano. Tenía una emoción, algo por dentro. No había quedado del todo vacío, al menos no como estaba quedando Sorrento en estos momentos.

Sintió un cosquilleo entre sus piernas, el cual viajó por las ingles, trayéndole olas de calor que se irradiaban hasta los muslos… Era el orgasmo, que se acercaba. Y a juzgar como Sorrento se tensaba, el también estaba cerca, por lo que le ayudó, acariciando su miembro.

Oyó un grito de Sorrento, y un gran estremecimiento le recorrió de extremo a extremo. Fue una sensación rayana en lo placentero y lo escalofriante. Fue como sentir una auténtica sirena herida.

Finalmente el orgasmo llegó para ambos. Kanon se vaciaba dentro, y Sorrento lo bañaba con sus fluidos. Sin embargo, ningún gemido placentero acompañó esto. Otro grito se oyó de parte del joven marina. Fue un grito de vacío, como si se precipitara a la nada en una vertiginosa caída.

<< Y creo que grita como si efectivamente cayera en un abismo profundo… >> Pensó Kanon, expulsando el esperma dentro de el, con un gruñido de placer. Pero Sorrento gritaba de nuevo, y esta vez sonó como un grito definitivo, anunciando con ello su perdición total.

Ambos se desplomaron en el suelo, exhaustos. Un pinchazo alertó a Kanon, recordándole que el otro aún portaba las agujas con las que le había torturado. Se las quitó, dejándole solamente las argollas. Sin embargo, el otro no reaccionaba. Estaba con los ojos cerrados, y el rostro bañado en lágrimas aun húmedas.

<< ¿Qué he hecho? ¿A que abismo te he empujado? A donde sea que te haya lanzado… Creo que no podrás salir jamás… >>

¿Debería cambiar?

¿Debería ser diferente y enmendar su falta?

¿Debía intentar rescatarlo del abismo?

Kanon concluyó que no. La corrupción funcionó demasiado bien… Demasiado incluso para lo que el previno.

<< ¿Qué monstruo habré engendrado? >>

Esa era su pregunta. El marina temía que Sorrento no se había pervertido exactamente como él quería. Era un muy mal augurio que sentía. Y no solo eso.

A lo mejor no se convertiría en monstruo. No tenía el aura para serlo. Pero Kanon se temía verse ahora con un alma vacía, en pena… Monótona, incapaz de sentir otra cosa que no fuese la nada misma.
-Que he hecho contigo, Sorrento…- Murmuró en voz bajísima, acariciándole la mejilla. El marina aún yacía semiinconsciente a su lado…

El Sorrento que conoció hace 10 años nunca más regresará. Se había perdido sin remedio en un vacío indefinido…

Y para siempre.

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