Literatura Infernal

Abandonen toda esperanza aquellos que entren a leer…

¿El cielo… o el infierno del mar? (Capítulo 6)

Publicado por Selene18 "The Spicy" Darkside & Zuster en Marzo 10, 2008

*Demonia dándose a si misma un aplauso* ¡Woow he hecho lo imposible! Logré no solo ahondar en la historia aún más, sino seguirla y estar además con muchas ganas de terminarla como se debe.

Esta vez quiero aclarar unas cosas importantes: Aquí todo dará un giro de casi 360 grados… ¿Qué quiero decir? Simple. En este capítulo aparecerá un nuevo villano, quien resulta ser Leviatán, la mítica serpiente marina de la que se relatan terroríficas leyendas (Incluso es un personaje importante en la Biblia). Obviamente, la forma humana se la diseñé yo (Si quieren verlo, háganmelo saber y pondré el art en la sección correspondiente).

Aunque básicamente la historia sigue girando en torno a Kanon y Sorrento, quienes han sido los personajes mas importantes hasta ahora, esta vez se desviará un poco la atención hacia el villano (Leviatán) y el amo de los marinas (Poseidón).

Bueno, ahora si… Las advertencias de rigor… Síganlas antes de criticar o me reservaré el derecho de contestar de no muy linda manera, según sea mi parecer y mi humor del momento. Aun así, desearía que me ahorraran eso, por favor. Y la mejor manera es leyendo las advertencias a continuación y teniéndolas en cuenta a la hora de criticar.

1- El elenco de esta historia pertenece a esa genial serie llamada Saint Seiya, de Masami Kurumada. Solo los tomé prestados para fines perversos, jejejeje.

2- Esta historia contiene Yaoi. Si, Yaoi, llámese dos hombres guapos de animé danzando horizontalmente en una cama. Si no les gusta, pues no lean y ya.

3- Violación, llámese sexo SIN consentimiento de la víctima (Se incluyen efectos especiales). Si son muy sensibles, pues NO LEAN.

4- Críticas… Hechas de buena manera, y constructivas. Críticas hechas de mala manera (Llámese con groserías) así como con pequeños dejos de “superioridad”, serán desechadas, por muy certeras que hayan sido. No tengo paciencia con los sabelotodos que vienen a criticar a los demás con aires de superioridad y condescendencia, como si lo supieran todo. Es muy desagradable. Así mismo, rectifico además que cualquier crítica que implique un juicio directo o indirecto contra la mentalidad, orientación o lo que sea de la autora, en el mejor de los casos, ignorada y en el peor de ellos, burlada con todo mi sarcasmo.

5- La historia aquí escrita se desarrolla cuando los marinas tienen de 18 años en adelante. Por razones obvias sabrán por que tomé esta medida.

6- Letras de las canciones “Swim” y “Has to be” ambas por Madonna.

A estas alturas, me toca agradecer a mis lectores y a aquellos que me han animado con sus palabras… ¡Quizás sin eso no hubiese avanzado en esta historia! ¡Así que gracias a todos!

Atte.

Selene18

¿El cielo… O el infierno del mar?

La concha multicolor y el mortífero titán de los mares

Nuevamente amanecía en el santuario marino, lo que significaba que era un nuevo día, no solo para Sorrento y para Kanon, sino también para los otros marinas, así como para el mismo dios Poseidón.

Sin embargo, este amanecer no había sido muy tranquilo. Al menos no para el dios Poseidón, el cual se removía, inquieto, entre las sábanas, presa de un sueño extraño, así como de sensaciones que no le eran del todo agradables.

En su sueño, veía como su reinado marino se derrumbaba. Podía observar el agua fluyendo libremente. Todos sus pilares estaban rotos, y sus generales muertos.

El dios, en el sueño, observaba que a lo lejos, frente al aparentemente intacto pilar central, estaba una sombra. Esa sombra lo miraba amenazador.

-He regresado, Poseidón… Y voy a apoderarme de tu reinado para arrebatarte tu rango…-

-¡No lograrás nada, el legado marítimo es mío por derecho propio y justo!- Exclamó Poseidón. La sombra solo rió.

-No puedes hacer nada, Poseidón. Lo único que harás es darme tu energía y tu cuerpo…-

-No te daré nada.- Miró al ente, buscando algo por lo cual reconocerle. Cuan fue su sorpresa que la sombra velada se movió, revelándose. Poseidón se quedó helado.

-No… No…-

Una risa suave pero macabra inundó el lugar. La sombra era Sorrento de Sirena. Sus ojos eran frambuesas vacías y oscuras. Lucía en sus labios una mueca macabra.

-¿No notabas que faltaba uno de tus generales?- Rió.

Abrió su boca, y un chillido salió de ellas. Era un sonido estridente, que solo podía ser oído en pesadillas. Poseidón se llevó las manos a los oídos.

-Este niño ha sido tan fácil de manejar… Gracias a uno de tus generales, que lo convirtió en herramienta perfecta….-

Poseidón miró fijamente a Sorrento. No se había dado cuenta de la vulnerabilidad que tendría ahora que Kanon había destruido sus cualidades positivas.

-Este cuerpo solo será provisional, Poseidón… Mientras consigo energía para revivir - Le dijo, señalándolo -¡Así podré reinar sobre los mares y luego el mundo entero!-

El dios de los mares despertó con un grito ahogado. Tenía la frente sudorosa. Su corazón latía a mil y mil.

-Zeus mío… Y todos los océanos… Tengo un muy mal presentimiento…-

¿Quién sería ese enemigo? Estaba claro que no era Sorrento, sino un ente que lo manejaba… O que lo había poseído.

Este niño ha sido tan fácil de manejar… Gracias a uno de tus generales, que lo convirtió en herramienta perfecta….

Pensó en Kanon nuevamente, y en lo que había hecho con Sorrento. Incluso la noche anterior, cuando el trataba de conciliar el sueño, intensas sensaciones de vacío lo golpeaban, como si estuviese sintiendo la caída por otro.

-Esto no me gusta nada.- Murmuró, mirando al vacío.

*****

-Sorrento despierta…- Le instaba Kanon. El reloj marcaba las 8 y 10 am.

Desde el orgasmo, el joven marina no había dicho ni pío. Eso le preocupaba un poco a Kanon, quien ahora hacía esfuerzos por despertarlo.

-Despierta, Sorrento, es hora de levantarse.-

Finalmente abrió los ojos. Pero cuando Kanon los miró, contuvo un grito, incapaz de dar crédito a sus ojos.

Los ojos del marina se veían fríos. Sin vida. Solo se reflejaba la niña de sus ojos, oscura, en contraste con el iris color fucsia. Pero nada más. Kanon estuvo a punto de gritar. Le parecía que Sorrento ni siquiera estaba allí.

-¿Cuál es la cara, Kanon? ¿Acaso te parezco de pesadilla?- Inquirió, sin entonación -Di tu ¿Acaso mi cara no es la de aquel que deseaste reflejar en mi?-

Incluso su voz, su modo de hablar… Había algo muy extraño en todo eso. Y muy desagradable además. Pero no dispuesto a expresar su temor (Además de ser incapaz de hacerlo) solo respondió, colocando una media sonrisa.

-Nadie cuando se recién despierta es lindo… Eso es todo, Sorrento.- Respondió -Pero como siempre, eres excepción a todo.-

-Excepción, excepción…- Repitió el otro. Se levantó mecánicamente de la cama. Las argollas tintinearon.

-No te he dado permiso para levantarte.- Le dijo Kanon. Pero Sorrento lo miró con una mueca torcida.

-Ya tuviste de mi lo que te placía Kanon- Respondió -Ya no tengo por que permanecer contigo.-

Mientras decía eso, su sonrisa tétrica se ensanchaba más y más.

-¿¡Sorrento!?- Exclamó Kanon.

-Así es…- Se levantó completamente, poniéndose en pie. Los retazos de la tela de sus pantalones, rota la noche anterior, colgaban por fuera de sus botas de marina. Destacaba la piel, algo lívida ahora.

-Regresa aquí, Sorrento de Siren… No te permitiré que me hagas tal desaire.-

Fue entonces cuando Sorrento soltó una terrible risotada. A Kanon se le erizó un poco la piel al oírla.

-Yo hago lo que quiera “Dragoncillo”.-

El comandante, airado, se levantó y lo abofeteó. Pero fue tan fuerte el golpe que el otro cayó, aturdido, al suelo.

<< ¿Qué demonios te pasa? >> Pensó Kanon, mirándolo fijamente. El joven marina se levantó, sobándose un poco la mejilla. Pero no le dijo nada, sino que caminó (Ni siquiera se detuvo a vestirse) saliendo del pilar.

-¿¡A dónde crees que vas!?-

Sorrento no respondió. Cuando se volvió a mirar a Kanon, el vacío volvió a su mirada. No había rastros de su mueca tétrica. Solo inexpresividad.

Se quedó unos segundos mirándole así, y reanudó su camino, dejando a Kanon por primera vez desde que lo dominó, completa y absolutamente atónito…

*****

-¿Huh?-

Poseidón salió de su recámara, dentro de su templo. Un leve temblor, seguido de un leve estallido de cosmoenergía se sintió.

<< Esto no me gusta nada >> Pensó, y salió a investigar. Era menester hacerlo, puesto que aquel sueño que tuvo, por alguna razón que ni el mismo Poseidón podía entender, no le auguraba nada bueno.

La sensación de vacío que sintió al despertar se incrementó, provocándole además mareos y escalofríos.

<< ¿Qué esta pasando aquí? >>

Meditó las posibles soluciones. Podría convocar a todos sus marinas al templo… Esa sería una excelente solución, pero… ¿Y si era una falsa alarma? Poseidón descartó rápidamente esa idea.

La otra idea era investigar por si mismo. Y luego, si hallaba algo, podría con toda seguridad alertar a sus generales.

Y otra idea más vino a su mente: Saber que era de Sorrento, ya que el había sido otra parte importante de su sueño. Tenía la necesidad de asegurarse que estaba bien. Aunque el vacío que sentía, notaba con horror, venía por parte de Sorrento, por que incluso no le parecía sentirlo.

Como si hubiese muerto.

<< No puede ser que Kanon lo haya asesinado… >> Pensó Poseidón << Ellos morirán en una batalla, pero nunca por matarse entre ellos… Eso NUNCA lo permitiré… >>

Por un momento, esa posibilidad le cruzó fugazmente. Y considerando las malsanas tendencias de Kanon, unidas a su rencor natural hacia el joven Siren, no era algo de extrañarse.

Si, en conclusión, lo mejor era buscarlo. Así además sabría que había sido de Kanon también…

*****

Ven a mí… Ven a mí… Sorrento de Siren… Susurraba una voz.

La silueta del marina, desnuda, con los jirones de tela colgando y agitados por la leve brisa, continuó caminando, con los ojos vacíos e inexpresivos.

Iba esquivando los arrecifes, las montañas rocosas, los corales, y las lagunas. Caminaba lentamente, sin prisa alguna, como si tan solo estuviese paseándose. Incluso su mirada no reflejaba nada extraño o fuera de lugar.

Ven a mi, Sorrento… Y te prometo un fin a tu sufrimiento… El vacío que sientes será llenado…

Sin embargo, no había pensamiento que respondiese a ese ofrecimiento, susurrado en una voz que iba y venía, como el mar mismo.

No sentirás dolor… Ni serás usado… Al contrario… Tú serás el que use a otros…

Sorrento finalmente llegó a una especie de gruta marina. A juzgar por el estado de las rocas, estaba abierta de no hace mucho. Todo se veía fresco y recién removido. Dentro de la misma había una caracola de muchísimos colores resplandecientes. Refulgía mucho más que el oro puro, dentro de la misma penumbra.

Sólo sostenla… Y el mundo será tuyo, Sorrento de Siren… Nunca más volverán a usarte…

El marina se acercó a unos metros (Dos, aproximadamente) y sus ojos se distorsionaron un poco. Se estrecharon primero, para luego agrandarse y reflejar una intensa perversión y maldad auténtica. Luego, al tocar la concha con ambas manos, un enorme sacudón estremeció el reinado de Poseidón, y el piso comenzó a abrirse, justo bajo los pies de Sorrento.

Un gran rugido, como si la tierra despertase, acompañaba el temible evento. Poco a poco, grandes pilares con grabados de criaturas marinas fueron emergiendo de entre las rocas. El piso rocoso, lleno de corales, se abría para dar paso a uno color azuloso.

El temblor dejó de sentirse cuando el templo emergió finalmente, en todo su esplendor.

En cuanto a Sorrento, este había logrado evadir el derrumbe, airoso, y se aproximaba con la caracola en mano a donde una vez estuvo un viejo trono. A estas alturas, su mirada había cambiado por completo, así como su cosmoenergía. Sus ojos brillaban con los siete colores del arco iris, aunque ahora estaban llenos de maldad también.

Finalmente he cumplido la primera fase de mi plan… Ahora he de buscar a mi objetivo principal…

Una risa macabra llenó el lugar, en tanto que “Sorrento” volvía a salir, dejando la caracola en su trono, consciente perfectamente que nadie la movería de allí…

******

Y fue entonces cuando otra vez el temblor se sintió, y mucho mas fuerte. Esto desesperó a Poseidón momentáneamente. Corrió con toda su alma hasta el pilar de Sorrento. Sea lo que sea, a lo mejor hallaba respuesta… y sino, ya hallaría otras fuentes.

-Esto no es bueno… Esto no me gusta nada… Y a cada segundo tengo la sensación de que algo esta por suceder aquí…-

En menos de lo que cantaba un gallo, Poseidón ya estaba frente al pilar del Atlántico sur. Sin entrar, hizo uso de sus afinadísimos sentidos de Dios y trató de localizarlo. Pero nada… No sentía su presencia.

Repentinamente recordó que el marina, debido a las alteraciones cósmicas que había sentido en el, carecía de energía alguna por la cual pudiese ser detectado.

-Sorrento ¿Dónde estas?- Murmuraba Poseidón, entrando rápidamente en el pilar. Sabía que no estaba correcto que un dios buscase a uno de sus generales del modo que el lo hacía. Pero tenía la imperiosa necesidad de hacerlo, puesto que algo le decía que aquel sueño era una premonición de algo terrible que perturbaría la paz del reino marino.

* Put your head on my shoulder baby
Things can’t get any worse
Night is getting colder
Sometimes life feels like it’s a curse

No lo veía en ninguna parte. Ni señales de Sorrento… Ni señales de siquiera ¿Estaría con Kanon? Esa podría ser una posibilidad. Se secó el sudor de la frente con una mano, y se enfiló marcha atrás, para salir del pilar. Mas cuando llegó a la entrada, se quedó helado por lo que vió.

Una silueta venía llegando. Era delicada, y a juzgar por las formas, dedujo Poseidón que estaba desnudo. Apretó los labios. Eso no era importante ahora. Lo importante era saber si ese era Sorrento.

Puso una expresión más o menos neutral, y caminó a su encuentro. Pero luego deseó no haberlo hecho.

Efectivamente, era Sorrento de Sirena. Como supuso, estaba desnudo. Jirones de sus pantalones grises colgaban por fuera del borde de las botas. Destacaban los brazos pálidos, y el destello de las argollas en sus pezones.

Tragó saliva al verle así. Solo Zeus sabía que demonios le habría hecho Kanon.

-¡Sorrento!- Exclamó -¡Ven aquí inmediatamente!-

La figura no se movió. Solo clavó sus ojos en el dios, destacando además una espantosa sonrisa.

-¿Qué?- Poseidón sintió un escalofrío al mirar esos horribles ojos. Inmediatamente supo que Sorrento no estaba allí… Sea lo que fuere, no era el dulce general de Sirena -¿¡Quién demonios eres tu!?-

El otro sonrió mucho más, pero no le dijo nada. Sus ojos en cambio destellaron, estrechándose mas y mas, de auténtica maldad. En ellos destellaron horrible los siete colores del arco iris, y Poseidón se vió pronto paralizado, sin poder moverse.

-¡DEMONIOS, SUELTAME!-

El “ente” no cedió a sus protestas, sino que lo elevó en lo mas alto del pilar, y lo hizo estrellarse. Como no cargaba armadura, los golpes lo afectaron considerablemente, hasta quedar inconsciente.

Cuando finalmente ya no se movía, la energía desapareció, catapultando al dios desde lo más alto hasta el suelo, justo a los pies de Sorrento. Fue entonces cuando el otro lo tomó en brazos y se lo llevó, con rumbo lejos del resto de los pilares…

*****

Aun sin salir de su estado de asombro e impotencia, Kanon de Dragón Marino seguía vagando dentro del cuarto de su pilar. No entendía para nada la actitud de Sorrento, ni su terrible risa. Era una risa que por más odio que albergara, nunca podría dejar salir.

Era una risa de maldad auténtica.

* I can’t carry these sins on my back
don’t wanna carry any more
I’m gonna carry this train off the track
I’m gonna swim to the ocean floor

Se sentó en la cama, apoyando el mentón en su mano. Tenía que hacer algo, sino eso podría derivar en consecuencias mucho más desagradables. En ese estado era capaz incluso de hacer cualquier tontería.

Notó que ni siquiera se había vestido… ¿Así sería como habría perdido el pudor que siempre le caracterizó? No era posible…. ¿O sí?

<< El quedó mucho mas vacío que yo… Y estoy viendo ahora que de tanto dolor, el experimento terminó por salirme al revés… >>

Se llevó las manos ahora a la frente, restregándosela.

<< ¿Cómo pude ser tan imbécil? >>

* Children killing children
while the students rape their teachers
Comets fly across the sky
while the churches burn their preachers

¿Cómo pudo ser tan tonto como para pensar que el marina a quien subestimó y burló en repetidas ocasiones pudiera ser ahora potencialmente peligroso? Parecía una tontería, pero Kanon sabía bien que no lo era. Y el mirar esos terribles ojos vacíos, sin brillo alguno, era suficiente para decirle que el experimento había sido fallido. Todo terminó volviéndosele en contra suyo.

<< Tengo que hacer algo, sino esto puede terminar en algo mucho peor… >> Pensó <<Pero… ¿Qué? ¡Ya traté de detenerlo por la fuerza, pero nada! >>

¿Decirle a Poseidón?

¡¡Ni pensarlo!!

Poseidón no debía saber nada de lo que estaba pasando… Ese asunto era solo entre él y Sorrento. Nadie más debía intervenir… Además… ¿Por qué intervenir a estas alturas si antes no lo hicieron?

Cómico, extremadamente cómico. Y absurdo además.

Hablando de Poseidón… Había sentido su magnifica presencia moverse de un lado a otro… Incluso lo sintió cerca del pilar del Atlántico sur…

<< ¡Demonios! ¿Qué querría el con Sorrento? ¿Será que habría ido allí? >>

Esta idea no le agradó mucho al comandante. Poseidón leía la mente, y si por casualidad espiaba en los pensamientos de Sorrento, podría tranquilamente descubrir todo. Y ahí Kanon no podría precisar como reaccionaría el Dios.

Pero algo le dijo que no podía ser con Poseidón exactamente con quien Sorrento iría, y menos con aquella pinta que cargaba… Sería como faltarle el respeto, cosa que el dios de los mares no toleraría en absoluto. Temió por el joven marina, pervertido quizás mas allá de lo que a Kanon le hubiese gustado.

Pero a estas alturas… ¿Quién era el para quejarse? Lo único que podía hacer en dado caso era asumir las consecuencias de sus actos, y hacerse responsable por aquel “experimento fallido”.

-Sorrento, sea lo que sea, no puedo permitirte que andes así… Tengo que encontrarte, y rápido.-

¿Por donde podía comenzar? ¿Por el pilar del Atlántico Sur?

Si, era buena opción. Después de todo, era muy posible también que hubiese huido allí.

::: ¿No sientes algo por aquel marina al que dañaste? :::

No es momento para ponerme a pensar en esas idioteces…

::: Si realmente no sintieses nada, no estarías preocupado… ¿O sí? ::: Siguió la voz en su interior, inquisitiva.

¡Que no, coño! Exclamó Kanon, mentalmente.

* I can’t carry these sins on my back
don’t wanna carry any more
I’m gonna carry this train off the track
I’m gonna swim to the ocean floor

<< ¿Por que pienso todo esto? ¿Por qué?… >> Pensaba un semi-angustiado marina. Estaba sintiéndose irritado y desesperado. Corrió como quien lleva el diablo detrás al pilar del Atlántico Sur. Tenía que encontrar a Sorrento a como diese lugar…

*******

El dios de los mares despertó lentamente de su estado de inconsciencia tras los golpes que le había propinado aquel ser que se hacía pasar por Sorrento. Trabajosamente abrió los ojos. Al comienzo su visión era nebulosa, pero poco a poco fue cobrando claridad.

Mas aquella claridad no era en lo absoluto agradable. Por unos segundos el dios deseó no haber despertado.

Se hallaba en un lugar extraño, donde reinaba el silencio. De vez en cuando caía una que otra piedra, las cuales a veces permanecían flojamente desafiando la ley de gravedad.

<< ¿Dónde estoy? >> Pensó. Cuando trató de moverse, se dio cuenta que no podía. Yacía crucificado, atado de manos, con las piernas separadas. Apenas lo cubría una leve túnica blanca.

Al notarse tan “descubierto” cerró las piernas como pudo. Pero incluso haciendo este movimiento simple, sintió mucho dolor en las muñecas, por lo que esbozo una mueca.

-Entonces… ¿Has dormido bien?-

La voz sonó sarcástica. Poseidón abrió los ojos por completo, ahora alerta. Miró a todos lados, buscando al dueño de aquella voz. Finalmente lo vió. Era el mismo ser que lo agredió en el pilar de Sorrento.

-¿Sorrento?-

No era ignorancia, ni ingenuidad ni inocencia la que le condujeron a preguntar… Sino era simplemente el querer aclarar si era “real” lo que estaba viendo. Y todo parecía apuntar a positivo.

Usó su lectura de mente para tratar de adivinar quien era… Pero se halló con una nebulosa… No podía ni leer los pensamientos de Sorrento… Ni de los del ser que fuera el que ocupase su cuerpo ahora.

-¿Quién eres tu? ¿Qué es lo que quieres conmigo? ¡Dímelo ya!-

-Ah, paciencia, “amigo” marino…- Replicó el ser, acercándose a el. Poseidón notó que traía un extraño pero refulgente objeto en sus manos.

-¡Una concha de colores!- Exclamó Poseidón. Súbitamente la reconoció, y un escalofrío lo sacudió.

<< Cuando la concha de los siete colores del arco iris brille con todo su esplendor, los mares se agitarán, dándole la bienvenida al legendario dragón de los siete colores, quien sembrará el terror entre los navegantes y el mundo entero… >>

-¡Tú eres Leviatán!-

-Así es, Poseidón- Respondió. Lo encaró directamente, y el dios apreció el macabro brillo multicolor en los ojos que una vez fueron fresas brillantes. Así mismo, el cabello también refulgía con los mismos siete colores -He logrado romper tu hechizo que me mantuvo en forma de serpiente, solo para cobrar venganza y tener lo que siempre he deseado: El control sobre los océanos… ¡Y pronto del mundo entero!-

Poseidón inmediatamente recordó ese momento….

Hace varios siglos atrás, mucho antes de nacer siquiera alguno de sus marinas, Leviatán era miembro de sus fuerzas marítimas. Era el general, el que comandaba sobre tritones y sirenas por igual. Poseía un rango elevadísimo, y todos le rendían respeto y obediencia.

En más de una ocasión, Poseidón le había visto destruir naciones enteras, ahogándolas en un mar negro de desesperación. Al igual que el mismo Dios, Leviatán era temido, y de el se relataban leyendas espeluznantes, y eran los pescadores los que mas lo hacían.

-Eres el mejor de nuestras tropas, Leviatán- Le aseguró el dios, palmeándole el hombro. El otro sonrió a medias.

-Gracias, mi señor. No le defraudaré-

Leviatán era una enorme serpiente marina, temida por los pescadores y navegantes por igual. Su cuerpo estaba hecho de duras escamas, las cuales reflejaban los siete colores del arco iris. Sus ojos eran rojos, y siempre luminosos, capaces de resaltar incluso en la negrura más profunda.

Pero al igual que todos los dioses del Olimpo, Leviatán también contaba con una forma humana, para mayor discreción entre los mortales: Tenía el cabello corto en picos desiguales, en cuyos mechones se reflejaban el color de sus escamas. Tenía los ojos con el mismo reflejo exótico multicolor, enmarcados en largas pestañas oscuras. Sus facciones eran muy viriles, con una mandíbula cuadrada y una nariz perfecta, de la cual brillaba un arete dorado.

Bajo su mentón, una chiva tan colorida como su cabello. Destacaban además unos bigotes azules, enroscados elegantemente por encima de su labio superior.

Tenía una silueta alargada y estilizada, sin por eso verse frágil: Tenía la corpulencia necesaria para darse a respetar y al mismo tiempo verse elegante con un leve toque aristocrático. Vestía una ropa elegante, resistente al agua y de rápido secado. Caían esas sueltas, destacando aún más su perfecta silueta.

De acuerdo a las leyendas, fue la causante de numerosos terrores marítimos. Hundió más de mil barcos, y trajo desgracia y miedo a las naciones pesqueras. Los pesqueros relataban con horror como escuchaban los rugidos de la fiera, así como sus fuertes golpes de cola y aletas, provocando tsunamis.

Leviatán era el miembro perfecto de la tropa… Si no fuera por los malos hábitos que tenía, los cuales le habían conducido a ser castigado.

Una noche, Poseidón dormía apaciblemente. Había sido una noche que derivaba de un día agotador. Y aunque no había cielo que reflejase una luna o un sol, así como ningún cambio climático que denotase que anochecía o amanecía, Poseidón sabía cuando era de noche o de día.

El dios dormía semidesnudo en la cama. Apenas una túnica azul lo tapaba lo suficiente. La sábana le cubría hasta las caderas nada más. El pecho destacaba aun cubierto. La piel tostada del dios brillaba, sudorosa, debido al calor reinante esa noche.

De repente, apenas se sumergió un poco en el sueño, sintió un peso recostarse encima suyo. Esto le asustó de tal manera que instintivamente alzó una mano, colocándola en el pecho de su atacante. Abrió los ojos de par en par para ver de quien se trataba, y la indignación le sacudió.

-¡Leviatán! ¿Qué demonios te propones?-

-No pude resistirlo- Repuso este, sin cejar en sus intenciones -Hueles tan bien, Poseidón…-

Sobó la cadera desnuda del dios, trayéndole un corrientazo de placer. Pero negándose a disfrutar de aquel ultraje, Poseidón le empujó fuertemente, tumbándolo fuera de la cama.

Leviatán aterrizó al pie de la cama, sobándose el golpe que se dio al caer. Luego encaró a Poseidón.

-¿Acaso no lo ves? Te deseo, Poseidón…-

-¡Aléjate de mi!- Exclamó el dios, retrocediendo en la cama.

-No, no lo haré… No hasta que me sientas dentro de ti…-

-¡Eres un asqueroso!-

-No me importa… Te haré mío, lo quieras o no…- Susurró Leviatán, con los ojos llenos de deseo. Efectivamente, iba a abalanzarse contra el dios de los mares nuevamente, pero un fogonazo de energía lo paralizó.

-¡Ni lo sueñes, Leviatán!- Exclamaba el dios, iracundo -¡Esto es un ultraje, una traición y un abuso!-

Miró fijamente los ojos multicolores de Leviatán.

-Quedas destituido de tu cargo, Leviatán… Y para asegurarme que no vuelvas a atacarme de nuevo, voy a devolverte a tu forma de serpiente… Estarás condenado a vivir…. ¡SOLO! ¡Sin que ningún otro ser humano pueda tener contacto contigo!-

Y fue en ese entonces cuando Leviatán fue convertido en la serpiente marina, pero gracias a una maldición que Poseidón le puso, nunca pudo retornar a su forma humana…

Hasta hoy.

Poseidón ahora observaba a Leviatán, quien había tomado el cuerpo de Sorrento. Aunque no había cambiado mucho por fuera (Exceptuando los reflejos multicolores) su aire de maldad era sumamente anormal.

-¿Cómo… Como lograste romper mi conjuro?-

Leviatán sonrió con aire socarrón.

-¿Realmente quieres saberlo?- Se paseó en torno a la cruz donde estaba crucificado el dios -¿Quieres saber como rompí tu estúpido conjuro?-

-Si- Respondió el dios, sin vacilar…

*******

Leviatán siguió mirando a Poseidón, a través de los ojos del marina que había poseído. Fue algo muy fácil, considerando el poco espíritu que sintió en el. Tenía un vacío indescriptible, lleno de soledad… De tristeza.

<< Tal y como fui yo… >> Pensó Leviatán.

Lo que nunca supo Poseidón, ni siquiera cuando aún era miembro de sus tropas, era que toda su vida había sido amarga y solitaria, justo como la de este marina que poseyó.

Al comienzo de su vida, Leviatán tenía la forma de serpiente marina. Nadaba por todos los océanos, a la velocidad del rayo, devorando grandes cantidades de cardúmenes y pequeños peces que conseguía en el fondo marítimo.
Sin embargo, su plato favorito era la carne humana, por lo que comenzó a acechar a los barcos que venían. Cuando los divisaba, los ponía en la mira y los golpeaba con la cola fuertemente, despedazándolos. Luego atrapaba con mortífera agilidad a los indefensos humanos que quedaban flotando en las aguas.

Durante siglos había sido así, hasta que conoció a quien sería su hermosa compañera. Ella era una serpiente como Leviatán, de nombre Kurye.

Todos los días nadaban juntos, y cuando tenían formas humanas, se iban a disfrutar de las orillas playeras. Caminaban juntos en las playas, día y noche, y luego regresaban al mar. Los días pasaban en un soplo, y sabían decirse “Te amo” en las mil y un maneras.

Sin embargo, un día fatídico llegó. Un día que ni en sus peores momentos Leviatán habría deseado.

Un buen día, ellos dos estaban disfrutando de un baño de sol en los arrecifes. Estaban muy contentos, ya que incluso ese día estaban hablando de una posible boda y tener hijos.

De repente, se oyó un grito.

-¡¡MUERTE A LEVIATÁN Y KURYE!!-

Los dos se voltearon, sobresaltados… ¿Cómo aquella gente sabía que ellos eran los dragones marinos más temidos?

Inmediatamente comenzaron a nadar, esquivando a duras penas las flechas que le lanzaba la enfurecida muchedumbre. Leviatán, consciente que no asesinaba a menos que tuviese hambre, resolvió no transformarse en serpiente marina, por lo que siguió nadando con su forma humana.

-¿Kurye?- Estiró su mano para buscar la suya… Pero nada, no la sentía. Esto alarmó a Leviatán, quien nadó de vuelta a la orilla para buscarla.

-¡¡KURYE!!-

La muchacha yacía crucificada en una cruz hecha de palos, atada con unas cuerdas. Los enfurecidos seres apiñaban leños bajo sus pies.

-¡Te vamos a convertir en cenizas, por traer horror a nuestra gente!-

Leviatán corrió desesperado hacia ella, pero era muy tarde. Ya el fuego consumía la mitad del cuerpo de la muchacha, la cual pronunciaba sus últimas palabras.

-No importa, Leviatán… Sálvate… Seré feliz si eres capaz de vivir por mí…-

-¡NO VIVIRÉ SIN TI, KURYE!- Exclamó el otro, corriendo, abriéndose paso entre la gente. Más aún cuando llegó…

Kurye estaba ya calcinada, y muerta.

Al verla a su prometida muerta, algo se revolvió dentro de Leviatán. Fue una ira grandísima, descomunal.

Gritó fuertemente, desde lo más hondo de sus pulmones. Fue un grito de dolor e ira.

-¡¡¡¡¡¡KURYEEEEEE!!!!!!-

La gente, súbitamente asustada, retrocedió, ante la evidente ira del Leviatán.

-Pagarán… Malditos humanos… Como se atreven….-

Las personas solo murmuraban entre sí, sin darle una respuesta directa.

-¡CÓMO SE ATREVIERON A MATAR A KURYE!-

Gruesas lágrimas de dolor surcaron su rostro. Sus puños estaban apretados, haciéndolos crujir y sacándoles sangre.

-¿¿POR QUE ELLA??-

Y ninguna respuesta surgió de entre los aldeanos. Solo más murmullos.

-Esto no se quedará así…- Murmuraba, entre fuertes estertores de ira -¿Quieren horror, no es así? ¿Quieren sentir lo que es la verdadera desesperación?- La mueca de dolor se curvó ahora en una auténtica sonrisa siniestra. Sus ojos multicolores destellaron.

-Esto… Significa… guerra-

Lentamente se fue transformando. Su tamaño aumentó progresivamente, y a la velocidad del rayo. Un fuerte rugido se oyó, el cual estremeció el suelo. Inmediatamente cundió el pánico entre los aldeanos, que comenzaron a correr enloquecidos.

-¡CORRAN, EL TERRIBLE LEVIATÁN SE HA ENFURECIDO!-

El dragón volvió a rugir, y grandes llamaradas salieron de su boca. Estas quemaron al menos un 90% de la aldea.

-Sufran, humanos… Los haré morir calcinados… Tal y como hicieron morir a mi amada…-

Calcinada la aldea y muertos los ocupantes de la misma, volvióse Leviatán a esconderse en lo mas profundo del mar, donde allí perpetuamente acecharía a los humanos que navegasen, ya no solo cuando tuviese hambre, sino por el mero placer de matarlos y verlos sufrir, hundidos en un mar de terror, dolor y desesperación.

<< Los humanos fueron los seres que trajeron mi desgracia… Y a ellos habré de exterminar… Por siempre… >>

Nuevamente volvió a la realidad. Al presente.

Miró a Poseidón, y recordó cuando trató de abusar de el… Lo que no sabía era el por que había hecho semejante cosa.

<< Me sentía tan solo, Poseidón… >> Pensaba Leviatán << No sabes lo que es vivir por mil siglos solitario, consiguiendo placer en matar humanos… No tienes idea de lo doloroso que es… >>

Volvió a apretar los puños, mientras le miraba fijamente. En esos momentos deseaba borrarle su maldita “determinación” de la cara.

<< Y tú me despreciaste… Me empujaste y además me privaste de mi forma humana… Pero no te preocupes Poseidón… Hoy no solo serás mío como quise en ese entonces, sino que tu energía servirá para poderme materializar otra vez, y arrebatarte tu mando, para así gobernar sobre los mares y exterminar a la raza humana, que siempre fue mi sueño desde que mataron a mi preciosa Kurye… >>

Finalmente Leviatán soltó una risita, y respondió lentamente, ostentando ante los ojos del dios la concha multicolor que traía.

-Una de tus chicas me ayudó a volver a mi forma humana…-

-¿Qué?- Inquirió Poseidón, como si no entendiese lo que quería decir el otro.

-Así es Poseidón. Anfitrite, una de las nereidas, me ayudó a regresar a mi forma humana, a cambio de alejarla por completo de ti.- Le dijo con una sonrisa ancha y macabra, conforme aumentaba la sorpresa de Poseidón.

-Ella concentró mi espíritu en una concha de caracol -esta concha- y de ahí reuní fuerza para llamar a este marina, el cual dócilmente vino a mí-

-¡No!-

Otra risita de Leviatán.

-Jajajaja, así es, Poseidón, y ahora tengo el cuerpo de uno de tus preciados generales marinos. Gracias al vacío en su corazón e intenso dolor, me fue muy fácil tomar posesión de él…-

Siguió sonriendo, disfrutando minuto a minuto de la sorpresa e impotencia que leía en cada centímetro de los delicados rasgos del dios.

-El corazón de este joven estaba vacío y tan solo lo llenaba el dolor que le provocó Kanon, otro general marino. ¡Estaba solitario y entristecido, tal cual estuve yo desde hace mucho!- Prosiguió Leviatán -¡Así que ahora Sorrento y tú serán los instigadores de la resurrección del terrible Leviatán, azote de todos los océanos!-

Volvió a reír fuertemente, satisfecho con sus planes y su aparente victoria…

*******

No, no era posible… Entonces… ¡Entonces el sueño era verdad! Aun lo recordaba, con toda claridad. Veía a Sorrento, con los ojos convertidos en mortíferos arco irises, reflejando toda la maldad que tan solo Leviatán podía imprimirle.

Sin embargo, mientras Leviatán le miraba, al dios le parecía percibir recuerdos dolorosos en su mente. Y al parecer Leviatán era ignorante de esto.

<< Pero aun así, no debo perdonarle ninguno de sus actos. Incluso los que cometió devorando gente en el pasado ocasionó parte de sus tragedias… >>

Intentó zafarse de la cruz, pero le era muy difícil. Casi imposible.

-¿Y solo para vengarte de mi tuviste que hacer todo esto? ¿Y como es que sabes del dolor que pasa Sorrento en este preciso instante?-

-Muy sencillo, Poseidón… Al tomar posesión de su cuerpo, puedes ver incluso en su mente, en sus recuerdos… Lo ví todo, Poseidón, y hay cosas de este marina que dudo que tu sepas…-

El dios resolvió permanecer impasible. No podía dar señal de saberlo todo, o Leviatán descubriría su poder.

<< Sorrento de Sirena… Ahora puedo ver como estás encerrado en una jaula de vacío en lo más profundo de tu alma… Puedo ver como el dolor y el sufrimiento por el cual pasaste a manos de Kanon crean una enorme e infranqueable barrera, impidiéndote tener fuerzas para luchar… >> Poseidón meneó la cabeza << Debí haber intervenido, debí haber impedido que Kanon te lastimase, de haber sabido que esto pasaría… >>

-Me parece muy bajo de tu parte el aprovecharte del dolor de otros para tus fines, Leviatán- Le dijo Poseidón -¿Es que acaso no tienes vergüenza?-

El otro soltó una risotada.

-¡Jajajajajaja! ¿Y se puede saber que demonios haces regañándome, Poseidón, cuando tu no eres muy diferente a mi? Me tenías trabajando en tus tropas con el fin de dominar el mundo. Usaste mis poderes para tu beneficio-

Poseidón apretó los dientes.

-Ahora no me vengas con idioteces, Poseidón. Mejor resígnate a servir como herramienta para mi resurrección…-

Le acercó la concha multicolor brillante. Poseidón apartó la mirada, encandilado.

-Para yo revivir completamente, Poseidón, esta caracola debe absorber toda tu energía. En el momento que ella se llene de tu cosmos, mi cuerpo se materializará, y finalmente podré cumplir mi meta: ¡Vengarme de ti y de los asquerosos humanos!-

-¡No, no es posible!-

-Jajajajaja, si lo es, Poseidón amigo… Ahorita mismo, TODO es posible.- Acercó mas y mas la caracola al pecho de Poseidón, y esta emitió un destello, quedando prendida a su cuerpo.

-¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAARGHHHHH!!-

-Sufre, Poseidón, sufre… El momento de tu muerte y mi resurrección se acerca… ¡MINUTO A MINUTO!-

<< No… Aaargh… No es…. No puede ser… Y ni siquiera… he podido alertar a mis marinas… >>

El dolor en su pecho aumentaba, trayéndole consigo una intensa sensación de debilidad corporal, la cual iba creciendo más y más.

<< Lo siento tanto, Sorrento… Kanon… Nunca debí permitir que ustedes estuviesen juntos… >>

-Por cierto, mi querido dios…- Dijo sarcásticamente Leviatán -Creo recordar tener una pequeña cuenta pendiente entre las miles que tengo pendientes contigo…-

-¿Qué… Que quieres decir?-

Sintió un pálpito al ver el brillo libidinoso en sus ojos. Inmediatamente adivinó sus intenciones. Lo miró con los ojos desorbitados.

-¡Esto es el colmo Leviatán!-

-¿Por qué no?- Preguntó en un tono ahora lujurioso. El dios de los mares le miró con asco, por lo que Leviatán siguió pinchándolo.

-¿Te da asco el cuerpo de un hermoso marina, si es precisamente el que estimas más?- Inquirió con sorna -Si tanto te asquea el que lo harás conmigo… Solo piensa entonces que es Sorrento quien te coge y no yo.-

<< No… No… Este monstruo va a quitarme la virginidad que tanto me ha costado mantener… Y lo peor… No podré hacer nada… Me siento jodidamente débil… >>

Cuando abrió los ojos, se encontró con el rostro de Sorrento a pocos centímetros del suyo. Le miraba con una lujuria duramente contenida en sus ojos brillantes.

-Vamos, relájate y disfrútalo…-

Los labios de Leviatán se unieron a los del dios, en un beso lleno de lujuria. Poseidón se sentía mareado y nervioso. A cada momento apartaba la cara.

-No… No…-

-Si…- Leviatán atrajo su rostro nuevamente para besar sus labios. Suavemente los separó para introducir su lengua en ellos, probando su sabor. El dios jadeaba contra su boca, debatiéndose rápidamente entre el placer y el no querer hacerlo con su enemigo.

<< No… No… No… >>

Pero Leviatán le mantenía el rostro sujeto contra el suyo, para que profundizara el beso. Cuando se separó finalmente, Poseidón quedó jadeante.

-¿Creo que te gustó, no es así?-

El dios no contestó. Leviatán prosiguió.

-Sabes que no me hace falta leer la mente para saber que te gustó…- Le guiñó un ojo -Nada mas ver como tu pecho se agita en pequeñas y rápidas respiraciones es suficiente para adivinar que sientes algo…- Le acarició el pecho, aun cubierto con la túnica, a palma abierta. Leviatán tenía una sonrisa lujuriosa en extremo.

<< Pero es Sorrento… Quiero decir… Es su… ¡Cuerpo! >>

Nuevamente trató de forcejear para liberarse, pero se sentía terriblemente débil, amén que el dolor por verse desprovisto gradualmente de su energía iba in crescendo.

-Tu cuerpo es honesto, Poseidón. No importa lo que pienses o hagas… Tu cuerpo siempre reaccionará si es acariciado en los lugares apropiados…-

Poseidón exhaló un débil gemido cuando Leviatán aflojó sus túnicas, desnudándole completamente. Apretó los dientes en un gesto de humillación.

-Ahora te haré mío, Poseidón… No pude poseerte en ese entonces, pero ahora si podré hacerlo… ¡Y a ti no te quedará otra que relajarte y disfrutarlo!-

******

<< Al fin te tengo, condenado Dios… No solo me adueñaré de tu energía y de tu reinado, sino que además me llevaré tu preciada virginidad, que tanto te empeñabas en “cuidar”… >>

El sabor de los labios del dios era simplemente delicioso. No podía describirlo, pero como supuso mucho antes de besarlo, era algo delicioso. Leviatán estaba como enloquecido juntando sus labios contra los de Poseidón, ahora húmedos por el contacto de los tibios y cristalinos fluidos.

<< Es como un jodido sueño hecho realidad… >> Pensaba Leviatán << Al fin… Puedo devorar sus labios… Su cuerpo… >>

La lujuria por parte del monstruo mítico, ahora encarnado en el cuerpo del joven marina, aumentó progresivamente. Dejó los labios de Poseidón para bajar por su cuello y clavículas. La piel tenía un aroma incitante, que le alborotaba aún más el deseo.

Pudo sentir los débiles gemidos de placer. Eran suaves, y no denotaban ni dolor ni rechazo. Esto excitó aun más a Leviatán.

Clavó sus ojos multicolores en los azules de Poseidón, haciendo pleno contacto visual. El dios, por alguna razón, tampoco apartó la mirada.

-Sé que lo deseas, Poseidón… Nunca has tenido sexo ¿O si?-

El otro negó con la cabeza.

-No… Nunca.-

El “demonio” marino bajó la mirada, contemplando la plena erección de Poseidón. Destacaba enorme y gruesa. Leviatán sintió como la suya reaccionaba al unísono.

-Pues tu cuerpo lo desea, Poseidón…- Con lujuria acarició los brazos morenos, disfrutando perversamente de verlos inmóviles en la cruz. La idea de tener a Poseidón indefenso, jadeando irremediablemente excitado era un afrodisíaco difícil de resistir.

Vió la concha refulgir en el pecho de Poseidón, y su gesto de dolor al verse privado de su energía. Para Leviatán era una visión espléndida. Se relamió los labios con lujuria.

-Pronto me sentirás adentro, Poseidón… Pero primero, he de darme festín con ese cuerpo que tienes…-

Se acercó nuevamente al dios y con un dedo jugó con los pezones, halándolos con sus dedos. Los labios de Poseidón estaban entreabiertos, dejando salir melodiosos gemidos de placer.

-Se nota que eres virgen… No puedes controlar tu excitación-

-¡No digas eso!-

-¿Por qué lo niegas? Es tu primera vez, y seguro debes sentirlo mucho mas fuerte.- Pasó la lengua por los pezones, endureciéndolos, rematando con mordiscos en la punta, tironeando un poco de ellos.

-¡Ah! ¡No, basta, Leviatán!… Te aprovechas por que estoy indefenso y sin mucha energía…-

-¿Ah sí? ¡No me digas! ¡Pero tus gemidos parecen decir algo diferente!-

Dejó el pecho del dios y continuó bajando, deleitándose más con la tersa y morena piel. Recorrió el contorno de su abdomen con una mano, siguiendo su línea. Era bien formado y hermoso.

Cuando su boca finalmente llegó a los genitales del dios, Leviatán suspiró de deleite. Contemplaba con suma lujuria el sexo erecto del dios de los mares. Sabía que por allí no le iba a ser posible controlarse. Suavemente se lo tomó con una mano, envolviendo toda la longitud. Al mismo tiempo estudió el rostro de Poseidón.

-Vamos, confiesa… Se que te gusta, que quieres mas…-

Separó sus muslos un poco, y sin avisarle, introdujo aquella medida en su boca. Como el otro se sintió cogido por sorpresa, emitió otro gemido de placer, algo tembloroso. Bajó la mirada y vio como Sorrento (Leviatán) engullía con suma experticia su miembro, estimulándolo con su boca, trayéndole intensos escalofríos de placer.

-Mm ah… ah…. Ah… No… No… Puedo… E-evitarlo…- Apiñó los ojos -S-e siente… tan… bien…-

Leviatán dejó su miembro por un momento y rió.

-Jajajajaja… Hasta que al fin confiesas.-

Mientras le estimulaba, recorrió dulcemente con un dedo las nalgas, tanteando ese lugar donde muy pronto le tomaría, a la fuerza o no.

-¿Cómo te gustaría? ¿Suave o rudo?-

Sin darle chance a responder, introdujo el dedo. Poseidón gimió de dolor por unos momentos, pero esto no amedrentó al otro, que continuó arremetiéndole con sus dedos, buscando dilatarle un poco.

-Sería… mejor si te detuvieras…-

-Oh, esa es una opción no válida, amigo Posei… Te permitiré decidir como desearás ser poseído… ¿No crees que soy generoso?-

-Gran generosidad la tuya…- Replicó Poseidón, lacónica e irónicamente -Termina esto de una buena vez…-

Leviatán volvió a reír e introdujo de golpe dos dedos, acompañando al primero. Mientras lo hacía, estimulaba con su lengua el miembro del dios. Pudo escuchar como suspiraba y gemía sin control alguno.

-Te tengo bajo mi poder Poseidón…- Susurró, poniéndose en pie frente al dios de los mares -Y ya no hay rangos del cual me puedas destituir… Ni energía tuya que me paralice…-

Vió como Poseidón parecía implorarle con sus ojos azules… La mirada estaba clara: Miraba como ahora el sexo del marina al que tanto estimaba apuntaba hambriento hacia el, y que con el le quitaría su preciada virginidad.

Leviatán continuó mirándole… ¿Habría dolor? ¿Habría desesperación? ¿Habría placer? ¿O quizás todos juntos?

Siseando de placer, tomó al dios por las piernas, subiéndoselas y manteniéndoselas en alto con ambas manos. La concha seguía refulgiendo en su pecho, extrayéndole más y más energía.

-¿Tienes algo que decir antes que le digas adiós a tu dizque pureza?- Inquirió Leviatán irónicamente, colocando la entrada de su miembro en la virgen abertura de Poseidón, el cual reaccionó solo mirándole suplicante con sus ojos azul cielo.

Pero no hubo miradas suplicantes que hiciesen que Leviatán desistiera de sus intenciones. Hizo el movimiento de empujar, introduciendo su ardiente miembro en el cuerpo del dios, abriéndose paso entre la suave carne, sintiendo como esa abertura se dilataba aun mas para darle cabida…

******

-¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!- Gritó Poseidón.

El dolor por la penetración no se hizo esperar en lo absoluto. Era muy intenso, casi quemante. Le saltaron las lágrimas de dolor. No pudo ocultar lo mucho que le dolía aquella “intromisión”.

** Breathe in breathe out, I say a little prayer
How Gods above could be so unfair

Inmediatamente se puso a recordar lo que Sorrento había sufrido cuando Kanon lo había violado. ¡Esta era la misma cosa! Diferente contexto, diferente circunstancia… Pero lo mismo al fin y al cabo.

-¿Me sientes dentro de ti, Poseidón? Es lo que siempre he soñado… Poseerte…-

Otro gemido por parte del dios. Tuvo que agarrar aliento, ya que la baja de energía lo estaba debilitando mucho.

-Sal de mi- Rogó -¡Duele demasiado!-

<< Mirad no mas a que punto he llegado… >> Se reprochó a si mismo el dios << Hasta el punto de rogar… >>

-¡Por favor!-

-No te quejes tanto- Replicó Leviatán, acercando su boca a la de Poseidón -Voy a silenciarte… Y sé como hacerlo…-

El dios del mar iba a protestar algo, pero antes de que siquiera entreabriera los labios, se vió sellado por los de Leviatán. Era un beso pasional, y algo violento. Nuevamente volvió a sentir ese sabor.

<< Pero son los labios de Sorrento… >>

Sin embargo, pese a que eran los labios de ese joven marina, imaginó que el extraño sabor lujurioso que sentía no provenía de el, sino del ente que gobernaba sobre su mente, cuerpo y espíritu en estos instantes.

** I know there’s someone out there
waiting for me
there must be someone out there
there just has to be

Gimió contra los labios de Leviatán, y por unos segundos, la figura de el pareció translucirse. A Poseidón le parecía ver no solo sus ojos multicolores, de abundantes y oscuras pestañas, sino también su cabello, desgrafilado y lleno de muchos colores, al igual que sus ojos.

Sintió su labio inferior ser mordido con delicadeza, arrancándole otro gemido. Cerró los ojos y se estremeció violentamente, lleno de lujuria incontenible.

-¿Te gusta?- Inquirió Leviatán -Estoy seguro que el dolor debe haber pasado ya…-

Para su desgracia, Leviatán tenía razón. El dolor inicial, que le condujo a gritar, se estaba esfumando, para darle paso al placer.

<< Lo estoy disfrutando maldita sea… >>

Si ya antes era imposible poder controlar sus gemidos de placer, ahora lo era aun mas teniendo esa longitud entrando y saliendo de su cuerpo. Volvió a cerrar los ojos, suspirando en reluctante éxtasis.

<< Así que esto sentiste Sorrento, cuando Kanon te penetró como lo hizo… ¿Pero hubo una diferencia entre tu y yo? Tu sentiste solo 80% de dolor y el resto de placer… >>

Leviatán seguía embistiendo contra su cuerpo. Las muñecas, aprisionadas con las ataduras, dolían con cada movimiento.

<< Y yo en cambio siento 90% de placer y 10% de dolor… >>

** How the gods above
could be so unfair

-Siento las contracciones de tu cuerpo… Puedo sentir como aprietas mi miembro…- Jadeaba Leviatán. Llevó la boca nuevamente hacia los pezones, erectándolos nuevamente. Empujó fuertemente y los mordisqueó, haciendo gritar al dios mas todavía.

<< ¿Por qué? ¿Por qué yo si siento placer… Y no me siento como te sentiste tu, Sorrento? >>

-Así me gusta… Veo que lo disfrutas mucho… Arrgh… Como aprietas…- Masculló el demonio marino, quien no cesaba en sus movimientos de penetración, los cuales eran fuertes y decididos, cuyas sensaciones que imprimía en el dios eran de lo mas intensas.

-¡No!- Dijo de repente Poseidón. Leviatán respondió embistiendo más fuerte.

-¡Si! Ya no eres virgen, amigo… Me temo que por fin me llevé tu pureza…-

El dios de repente comenzó a menear la cabeza, como si negase algo. La echó hacia atrás, y gritó.

-¡NO, NO, NO!-

Leviatán incrementó la fuerza. Cuando estuvo con su miembro dentro de Poseidón, se quedó pegado a el, haciéndole sentir la presión de aquella medida en su interior.

-Acéptalo y disfrútalo, Poseidón.-

Como un gran géiser, el orgasmo subió por todo el cuerpo del dios de los mares, manifestándose en contracciones fuertes, ondas de calor intensas que viajaban por su espalda, piernas y abdomen, para finalmente llegar a su miembro y hacerle expulsar un gran chorro de esperma caliente, la prueba final de que si había disfrutado a pesar de todo.

-¡NO!-

-Cállate, que aun falta que te llene con mi esencia… Si, MI esencia, ni siquiera la de Sorrento….-

<< ¡ME NIEGO A ACEPTAR ESTO! >>

Pocos minutos después, Leviatán rugía y se vaciaba en el cálido interior del dios, vertiendo su semilla dentro, la cual nuevamente regurgitaba hacia fuera, corriendo alegremente por las morenas piernas de Poseidón. Éste volvió a gritar, en tanto que la concha brilló y brilló, mostrando señal de la cantidad de energía que le había arrebatado a Poseidón…

-¡NOOOOOOOOOOOOOOOO…………………..!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!-

******

De repente, en el pilar del Atlántico sur, Kanon, quien hasta ese momento se hallaba buscando desesperadamente a Sorrento, sintió un estallido de cosmoenergías, seguidas de un gran grito de dolor, el cual fue extinguiéndose.

Ese sonido fue suficiente para Kanon.

-¡SEÑOR POSEIDÓN!- Gritó, y salió corriendo, con un buen presentimiento (¿O tal vez ni tan bueno?) de que donde estaba Poseidón, estaría también Sorrento de Sirena.

Pero algo lo frenó… ¿Y si algo estaba pasando? Sea lo que fuera, el, como comandante de las marinas, debía llamarles a todos, para así formar el gran ejército de marinas, listas para dar su vida por su amor y señor Poseidón, el Rey de los Siete mares.

-Aguante señor Poseidón…- Murmuró Kanon, mientras corría en dirección a los otros pilares -Y aguanta tú también Sorrento… Pronto iré por ustedes…-

Sin detenerse ni un minuto, prosiguió su recorrido…

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