Estatua de mármol- 1era parte (SiegfriedXMimeXTholl)
Publicado por Selene18 "The Spicy" Darkside & Zuster en Mayo 5, 2008
Muy buenas, buenas señores.
Aquí, tras salir de ese infierno llamado universidad (bueno, al menos no sabré de ella sino hasta marzo) me dediqué a escribir esta historia. Una mención especial para cierta dragona que lleva a Kanito por aquí (que la aludida se reporte, por favor xD) que me traumatizó hace unas cuantas noches cuando me puse a inventar a jugar con el Siggy que hace ella por msn. No es que no me haya gustado, sino al contrario, así que tenía que quitarme el piojito de la cabeza xD de modo pues, aquí tenemos mi nuevo fic “Estatua de mármol”. Constará de dos capítulos, así que aquí les va el primero.
Como gran parte de este fic se basó en lo que hicimos juntas por msn, pues nuestra dragona experta en traumatizar demonias (primero lo hizo con Kanito la muy coño ‘e mai xD y luego con Siegfried) merece todos sus créditos correspondientes ^^ yo solo estoy haciendo aquí una pequeña adaptación de lo que escribimos originalmente por msn.
Ahora, señores, las advertencias, por que en definitiva, mejor prevenir que lamentar. Léanlas antes de ejercitar el complicado arte de la crítica conmigo, por favor.
1- El elenco de esta historia pertenece a esa genial serie llamada Saint Seiya, de Masami Kurumada. Solo los tomé prestados para fines perversos, jejejeje.
2- Esta historia contiene Yaoi. Si, Yaoi, llámese dos hombres guapos de animé danzando horizontalmente en una cama. Si no les gusta, pues no lean y ya.
3- Sexo sin consentimiento, señores. Si no les gusta, no lean.
4- Drama hasta los teque-teques. Si no les gusta, también les invito a que dejen de leer.
5- Críticas… Hechas de buena manera, y constructivas. Críticas hechas de mala manera (Llámese con groserías) así como con pequeños dejos de “superioridad”, serán desechadas, por muy certeras que hayan sido. No tengo paciencia con los sabelotodos que vienen a criticar a los demás con aires de superioridad y condescendencia, como si lo supieran todo. Es muy desagradable. Así mismo, rectifico además que cualquier crítica que implique un juicio directo o indirecto contra la mentalidad, orientación o lo que sea de la autora, en el mejor de los casos, será ignorada y en el peor de ellos, burlada con todo mi sarcasmo.
Bueno, sin más preámbulos… ¡Disfruten!
Atte.
Selene18
Estatua de mármol
Sábado 21 de abril de 1999,
Y Mime sigue sin reaccionar a nada. No importa lo que sea que le de ni que le diga. Solo permanece inmóvil, frío, inexpresivo. Parece más bien una estatua de mármol.
No puedo soportarlo ni un solo día más. Me duele verlo así. No hallo que hacer, y aunque trato de aportarle fuerza adicional para que reaccione, siempre el que amenaza con derrumbarse primero soy yo.
Quizás por que nunca enfrenté una situación así en mi vida. Es probable que sea por eso…
Thol de Phecda dejó de escribir en su diario, bajo la tenue luz de su mesa de noche. Estaba muy amargado y muy frustrado por no ser capaz de devolverle la sonrisa a un ser que siempre la tenía en su bello rostro, y que siempre fue el deleite de todos.
Ahora yacía mudo, vacío… ¿Qué demonios pasó para que de la noche a la mañana alguien que sonreía y correteaba cuando no luchaba codo a codo con sus compañeros cambiara de esa manera tan, pero tan drástica?
Thol recordó el día que lo consiguió. Había sido por accidente.
Una noche oscura, como muchas de Asgard, Thol había entrado a la cabañita de Mime para traerle un plato especial que solo el preparaba. Todos los sábados, religiosamente, se lo traía, ya que el divino había quedado totalmente deleitado con lo que preparaba -a pesar de que cocinaba muy, pero que muy poco-. Pero esa noche, se consiguió con algo que nunca, nunca en sus 25 años de vida esperaría ver.
Mime yacía erecto en la cama, con la expresión vacía. Sus ojos, de otrora rubíes que chisporroteaban, estaban opacados por completo. Tenía la boca curvada en una mueca de tristeza y además estaba absolutamente esquelético, como si hubiese pasado días sin probar bocado alguno.
No pudiendo soportar ver semejante cosa, lo había tomado en sus brazos y llevado para su propia cabaña. Allí, con cuidadoso esmero, se dedicó a tratar de sanarlo, pero veía con horror que Mime no reaccionaba a sus palabras, rechazaba la comida, y solo permanecía con la mirada extraviada, sin hablar en lo absoluto.
Y así era durante días y días.
Alarmado, Thol pensó que tal vez estaba enfermo o deprimido -o quizás ambas cosas- por alguna razón desconocida. Varias veces lo tomó en brazos, lo acunó, le habló, y nada. Como si estuviese en shock o catatónico.
Se llevó las manos a las sienes, frustrado. No supo si ir y decírselo a Siegfried, ya que si Mime continuaba así, jamás podría luchar, y a los divinos no les convenía pelear en desunión, ya que el enemigo podría aprovecharlo para tomar ventaja.
Regresó a la habitación donde estaba Mime, y el divino permanecía en su eterna posición rígida, su boca ahora inexpresiva y sus ojos mirando algún punto en el vacío.
-Mime… Mime… Reacciona… Vamos conejito… ¿Dónde has visto que alguien tan lindo como tu permanezca con esa cara larga las 24 horas del día?-
Pero el divino no contestaba.
-Mime, por favor… Háblame… ¿Qué te hizo cambiar de esta forma? ¿A dónde se fue tu sonrisa? ¿A dónde se fue tu alegría y vitalidad?-
De repente, la puerta se abrió y una figura alta y forzuda hizo su aparición. Thol se giró a verle.
-¡Capitán! ¡Que bueno que le encuentro!-
Siegfried de Alpha era el capitán de los 7 divinos de Asgard. Siendo el dragón de dos cabezas y uno de los más fuertes, Hilda de Polaris lo había nombrado capitán.
-¿Qué sucede, Thol?-
-Verá, capitán- Thol lo condujo a la cama donde yacía Mime, cuan estatua -Es Mime, no sé que le sucede… Creo que está enfermo o en shock, señor-
Cuando Siegfried lo miró, sintió como el cierzo de toda Asgard se le ceñía encima. Ahí estaba el producto de aquella horrible noche en las celdas…
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-¡Capitán! ¡A ver si le dice a Cid de Mizar que se comporte!-
Mime había venido aquella vez a denunciar el comportamiento de Cid hacia su persona. El pequeño argumentaba que no importa lo que hiciese, Mizar seguía abusando de su integridad.
Aunque entendía perfectamente la situación, amén de conocer los modales atroces de Cid muy bien -a pesar de haber sido criado en familia rica, adinerada y muy refinada- Siegfried de Alpha no estaba para bromas esa misma noche, así que le respondió fastidiado.
-Mime… por favor no es buen día para eso. Ya dile que no te interesa y punto. Eres fuerte, yo que tu ya le hubiera dado unos buenos golpes en la nariz-
A lo que Mime respondió, enfadado y crispado.
-¡Le he dado coñazos en el estómago, en la boca, en la cabeza… en todos lados! ¡Le he dicho en MIL IDIOMAS que NO me interesa y que no me agrada que me este viendo como un pedazo de carne al que puede sobar a su antojo!-
Siegfried sintió el enojo sumarse al fastidio.
-Deja de decir sandeces. Si él te trata así, es porque TÚ lo provocas. Deja de molestarme ya con esas cosas o terminarás en las celdas. Lo digo en serio: una palabra mas, Mime y te juro que no respondo. No estoy de humor para niñerías-
Fue entonces cuando la ira pareció abrazar a Mime también. Siegfried le vió palidecer mientras respondía con voz apretada.
-¿Así que… así que le molesto, no? ¿Así que YO provoco a Cid? ¿Así que YO tengo la culpa?- Hizo una pausa, resollando, y añadió -¿Sabe que? Usted es un pelmazo de capitán. Por eso todos quieren guerra con usted-
Y esa fue la gota que rebosó el vaso. Siegfried, descontrolado por la ira, golpeó fuertemente el escritorio.
-¡YA FUE SUFICIENTE! ¡A LA CELDA!-
Varios guardias sujetaron a Mime, dispuestos a llevárselo… Lo último que le oyó decir a Mime antes de desaparecer en ese momento fue
-¡¡TE ODIO!! ¡¡A TI Y A TODOS!!-
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Siegfried no pudo seguir recordando más. Frente suyo estaba el mismo Mime que tuvo encadenado y humillado esa noche. Se dio cuenta que su ‘jueguito’ lo había lastimado, y quizás de un modo irreparable.
-¿Mime?- Inquirió el capitán, haciendo un intento de hablarle. Pero el divino no reaccionaba. Ni siquiera le miraba. Como si estuviese sordo y mudo.
-¡Oye, reacciona!- insistió, zarandeándolo. Pero fue lo mismo que zarandear una muñeca rota. Mime continuaba en aquella postura inflexible.
-¿Lo ve, capitán?- Dijo Thol, con tristeza -Ni los mimos ni nada lo han hecho reaccionar. Si el enemigo lo sorprende en ese estado, tendríamos todas las de perderlo por siempre-
-No vamos a perderlo por que no le dejaré… ¡Ahora Mime, Mime, reacciona! ¡Reacciona, coño!-
Probó a darle unas leves bofetadas, pero nada. A Siegfried le dio la impresión de tener un cadáver en estado vegetal entre sus manos.
-Vamos…- Murmuró, inaudible -Lo de esa noche no fue nada…-
Thol alzó las cejas.
-¿Qué?-
Siegfried, sintiéndose sorprendido, replicó nervioso.
-Nada, nada Thol. No es nada…-
Se puso en pie, y aunque por fuera seguía más o menos con aire altivo, por dentro algo se le estaba derrumbando.
<<Soy un pésimo capitán… Mime tiene razón…>>
-Thol, por favor síguelo cuidando. Creo que es mejor que por estos días esté en tus manos. Si notas alguna mejoría o cambio, házmelo saber-
El gigante asintió, aunque no muy convencido. Esas palabras de Siegfried lo dejaron completamente intrigado…
Lo de esa noche no fue nada…
*********
Pasaron las semanas, y milagrosamente, Mime pareció reaccionar. Al menos esa fue la impresión que le dio a Thol. Ahora aceptaba las comidas y le escuchaba, aunque sus ojos siguiesen vacíos, su expresión siguiese inmóvil y no pronunciase ni una palabra.
<<Lo que no entiendo es por que no habla… ¿Tan mala habrá sido esa ‘noche’?>>
De lo que si ahora estaba seguro es que algo había ocurrido con Mime y el capitán aquella vez. Lo que sea que pasó, era el causante de que el divino estuviese en tan lamentable estado.
<<¿Qué hiciste con él, Siegfried?>> Seguía pensando Thol, mientras le daba al sopa al rubio <<¿Qué hiciste con Mime?>>
Cuando terminó de administrarle la comida, lo tomó nuevamente en brazos y lo sostuvo así por un buen rato. Por fortuna, Mime no le rechazaba sino que dejaba que lo tuviese así.
-No sé que habrá ocurrido entre el capitán y tú, Mime, pero siempre me tendrás, y conmigo siempre podrás hablar cuando lo necesites ¿sabes?-
Sabía que Mime no le iba a responder, pero ahora si estaba seguro Thol que le escuchaba, y con esa sola certeza, le bastaba.
Pasaron los minutos, y Thol se quedó dormido con el rubio en brazos. Estaba muy cansado por el poco sueño y la preocupación de cuidarlo. Asimismo, Mime también dormía con aparente placidez a pesar de su inexpresividad.
De repente, a su mente acudieron muchos recuerdos disfrazados de sueños… Recuerdos de esa horrible noche cuando perdió todo…
************************
La celda era fría, impersonal, y silenciosa. Tan solo se oían el chirrido de las cadenas al Mime mover sus manos. Estaba lloroso, enojado y frustrado… Siegfried, el capitán en quien Mime confiaba tanto, lo había encerrado injustamente.
De repente, la voz burlona de Siegfried le sorprendió.
-Ejem… Divertida la celda… ¿Cómo fue que me dijiste? Digo, que yo recuerde me insultaste. Sería bueno que me pidieras disculpas y posiblemente te deje ir…-
Mime negó con la cabeza.
-Tú me insultaste al decirme que yo provoco a Cid, así que estamos a mano-
Aquello pareció desatar una venilla perversa en Siegfried, quien se acercaba al prisionero y lo miraba desde su altura.
-¿A mano? ¿A mano? Pues verás, Mime, no soy una persona paciente y tu hoy me has llevado al extremo…- Sonrió torcidamente -¿Realmente crees que no me doy cuenta de que provocas a Cid? no soy tonto, Mime… Eres un arpista sexy que se hace el irresistible, y pues, paga las consecuencias de tu actitud. Sabes que te quiero mucho, pero cuando te pones en plan de victima no te soporto…-
Aquella actitud trastocó a Mime… ¡Como Siegfried era capaz de decir semejante mentira! A Mime no le interesaba hacerse irresistible ni nada. No le gustaba que Cid lo tocase. Lo aborrecía como nada en este mundo.
-¡Yo no provoco a nadie! ¡Yo no quiero dejarme tocar ni besuquear!- Miró con ira a un burlón Siegfried -Además, es usted un hipócrita. Usted no me quiere, nunca lo hizo. Todo lo que dijo es falso ¡Usted es igual a Cid!-
De repente, el capitán jaló bruscamente las cadenas, elevando a Mime varios centímetros por encima del suelo. Lo miró con sorna.
-¿Iguales? Lamento decirte algo, Soy peor que Cid, y te lo demostrare ahora mismo-
-Mas a mi favor… ¡déjeme en paz! ¡Mañana mismo renuncio a este lugar!- Dijo Mime, frustrado. Estaba sintiendo dolor por el tirón de las cadenas -Aléjese de mi… ¡Asqueroso!-
-¿Crees que te dejaré renunciar? ¿Crees que perderé uno de mis guerreros por un simple capricho?- Negó con la cabeza buscando enfatizar la negativa -No, no, no, mi pequeño. Tú eres parte de mis subordinados, y no dejaré que te alejes…- Sonrió de manera perversa -Cid te molesta, porque cree que eres un pedazo de carne… Pero yo te demostraré que eres MI pedazo de carne-
Siegfried arrancó con suma brutalidad la camisa del divino, dejando sus pálidos pectorales al aire libre. Mime se estremeció de frío y gimió humillado.
-Pero miren que bien se ve mi conejito…- Le acarició con asquerosa lascivia mientras le susurraba en el oído -Tienes la piel suave… veamos si es resto es igual-
Thol se despertó, debido a los gimoteos que Mime exhalaba en sueños. Le vió temblar, y reaccionar como si estuviese vivo. Por un momento el gigante pensó en despertarlo, pero prefirió dejarlo dormir. Afianzó un poco el abrazo para que Mime no se cayese y pudiese seguir durmiendo.
<<Mime… Por favor regresa… No quiero verte así…>>
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El rubio dejó salir un grito de protesta cuando sintió las manos gruesas de Siegfried recorrerle la piel desnuda. Si ya de por sí las manos de Cid le molestaban y le crispaban, las de capitán eran peores.
-Déjeme en paz… Renunciaré para siempre… ¡No quiero obedecer a un capitán tirano y horrible por dentro como usted!-
-¿Con que esas tenemos?- Inquirió Siegfried, sacando un látigo del cinto -Creo que tengo que darte una razón para que te saques esas ideas tontas de la cabeza…-
Comenzó a pegarle con el dañino instrumento, lastimando la piel pálida y enrojeciéndola más y más con cada golpe. Mime gemía de dolor, mientras lágrimas de frustración corrían por su rostro sonrojado. El rubio sintió la piel latirle por los latigazos crueles. De milagro Siegfried no le había hecho sangrar.
El capitán se detuvo, mirando atentamente a Mime.
-¿Aún piensas en irte?-
-¡Me iré como sea!- Gritó Mime, entre lágrimas -¡Usted es nadie para impedírmelo!-
El capitán se colocó detrás de Mime y le acarició la espalda, recorriendo su pequeña curvatura con el dedo y luego deteniéndose en las nalgas, apenas cubiertas por el pantalón. Las masajeó a placer, deleitándose en la curiosa suavidad que poseían.
-Terminarás gimiendo mi nombre. No dejaré que te vayas… no soy de los que dejan ir a su gente, métetelo en el cerebro- susurró, ladeando el cuello del rubio y mordisqueándolo, jalando la piel suavemente con los dientes. Notaba como ese cuerpo delicado se estremecía sin control alguno en sus brazos.
-Jamás, métase eso en su tarada cabeza, estúpido- Murmuró Mime, entre lágrimas de frustración. Soltó un gruñido de protesta y placer reluctante. Su cuerpo, nunca antes tocado, reaccionaba incendiariamente ante los roces de las manos de Siegfried. Al ser su primera vez no lograba controlar la sensación.
-¡Suélteme! ¡Odio todo este calor tan raro!-
Siegfried apretó los labios al mirar a Mime de esa manera. Lo veía curiosamente sensual a pesar de la tristeza y la ira que lo embargaba. Aquellas emociones al parecer le sentaban de maravilla. Se detuvo frente a el y probó uno de los pezones, erectos en todo su esplendor. Se demoró un rato haciéndole sentir y escuchando sus gemidos.
-¡No, basta! ¡No ahí!-
Pero Siegfried no le hizo caso. Tironeó uno de los pezones mientras mordisqueaba el otro, provocando que Mime gritara de placer. Finalmente abandonó esa zona y bajó sus manos a los pantalones. Abrió el cierre y bruscamente los bajó hasta sus rodillas. Se dio cuenta, con oscura lujuria, que a pesar de todo, Mime estaba excitado, con una erección que prometía un orgasmo de los intensos.
-Para quejarte tanto, reaccionas muy bien a mis toques, Mime- Susurró Siegfried. Con el mango del látigo, acarició su sexo a todo lo largo, y luego apoyó dicho instrumento por debajo de sus testículos, presionándolos un poco.
Mime se sintió humillado no solo con la idea de estar desnudo ante él, sino que tocase hasta sus zonas más íntimas, ahí donde nadie, nadie, le había tocado. Ni el mismo Mime.
-¡No es mi culpa! ¡Deje de tocarme! Nadie nunca me lo ha hecho- Protestó Mime, viéndose obligado a confesar la realidad: Era virgen, y esa la razón por la cual reaccionaba sin control alguno.
Al oír aquella confesión, Siegfried se le colocó atrás nuevamente y le acarició mientras le arrullaba al oído con voz ronca y amortiguada.
-¿Así que no hiciste nunca esto? Apuesto a que nunca te han masturbado otras manos…- Tomo su miembro entre sus manos y lo frotó con suma experticia -¿Lo sientes, Mime? ¿Mis manos mojadas y salvajes apretándote la piel, acariciándote mientras tu sexo esta a punto de reventar?- Terminó la frase lamiéndole el lóbulo de la oreja -Excítate Mime, déjame ver como gimes para mi-
-¡NO!- Gritó, desesperado por que la excitación aumentaba -¡No siento nada! ¡Solo siento las manos de un tirano asqueroso! ¡Le odio! ¡Le odio, le odio, le odio!-
En vez de gemir, solo se descargaba gritándole lo mucho que le odiaba, desde el fondo de su corazón. Se sentía sucio, usado y humillado. Esto solo le daba mas ganas de huir a como diese lugar…
Resolló con fuerza al sentir que se acercaba al orgasmo. Más lágrimas de frustración cayeron por su rostro mientras gritaba.
-¡LE ODIO DESDE EL FONDO DE MI CORAZÓN!-
Acaricio su sexo aun más fuerte, provocándole estremecimientos mientras sus labios vagaban por la piel blanquecina. Iba besando y lamiendo sin detenerse, suspirando de vez en cuando un poco, mientras bebía el sabor de su piel. Luego soltó una risita baja en su oído.
-Ódiame cuanto quieras, pero no vas a negar que tu piel arde… - incrementó la potencia de sus manos -¿Arde verdad? ¿Sientes como mi mano incinera tu piel, como tu estómago se retuerce, como tu sexo late a punto de estallar…?-
Cuando dijo esto, apretó fuertemente el miembro del rubio, impidiendo que este soltara sus fluidos.
-Pero no, no te dejaré, no acabarás hasta que yo lo diga- dijo, en un hilo de voz, acariciando su rostro -Pídemelo, dime que te deje terminar-
El ardor, sumado a la insistencia del torvo capitán, atontaron a Mime por un momento. Todo su odio se desvanecía para quedar teñido de tristeza intensa que quizás no la sentía. Así mismo, su mente se nubló de nuevo, sin dejarle ver otro pensamiento. Ni siquiera el odio. Nada.
Solo en blanco.
Vacío.
<<¿A donde se ha ido todo? ¿Lo perderé todo en una sola noche?>> Se preguntó Mime, con un dolor sordo en el pecho a cada respiración que exhalaba <<¿Es posible perder todo lo que tenias en una sola noche?>>
Si, y cuando no. Siegfried se lo estaba quitando a dentellada limpia, con premeditada crueldad. Y de paso le obligaba a rendirse. Y Mime no quería. No le interesaba rendirse, y menos a una persona que lo estaba despedazando por dentro de un modo tal que nadie nunca repararía la perdida.
Vacío.
Vacío intenso.
Frío. Por dentro.
Por fuera, un calor horrible y alienígena.
<<Voy a morir en algún momento…>> Pensó. Miró a Siegfried con ojos vacíos. La boca la tenía curvada ya no en un gesto de enojo, ni tristeza, ni placer. Tan solo la evidencia la portaba el rubor de sus pómulos.
Entre sus piernas, y en su cuerpo en general. Pero su rostro solo traslucía lo que tenia por dentro.
Nada.
<<Lo perderé todo…>>
-Déjame… - Trató de articular el término alienígena que Siegfried le obligaba a decir -… Déjame ‘terminar’, Siegfried…-
Su verdugo sonrió y aflojó la presión. Inmediatamente Mime sintió el orgasmo viajar por todo su cuerpo como un rayo terrible, expulsando el esperma abundantemente, humedeciendo las manos del capitán. Quedó jadeando, exhausto, buscando un poco de aliento.
Satisfecho con todo aquello, Siegfried tomó un poco del semen de Mime y lo probó obscenamente.
-Así me gusta, así… sexy y entregado- Se secó las manos en las nalgas de divino, y remató propinándoles una nalgada dolorosa, enrojeciéndolas en el acto -La próxima vez te tomaré tan fuerte que no podrás sentarte en días. No me importa lo que creas, eres mío Mime, me perteneces, mi subordinado… mi pequeña presa virgen y suculenta, si alguien más te toca, te mato…-
<<Nadie me tocará… Por que pronto dejaré de existir…>> Pensó. Uno de los pocos pensamientos más o menos lucidos… O quizás uno de los MENOS lúcidos.
Buscó lágrimas para refugiarse en ellas, pero no las halló. No pudo derramar ni una sola. Y lo mas gracioso es que no se alarmó ante este hecho. Se dio cuenta que estaba dejando de sentir.
Yacía ahora enmudecido, con la mirada baja. Ya no sentía nada, nada. No tenía fuerzas para odiar. Todo se lo arrancó por dentro y no le dejó nada, sino vacío.
Vacío intenso que ni se sentía…
**********************
Thol volvió a despertar, y se consiguió con Mime retorciéndose entre sus brazos. Estaba llorando frenéticamente, sin dejar de pronunciar ‘¡le odio, capitán!’.
Lo apretó con fuerza, pero sin lastimarlo. Sólo buscaba hacerle sentir que no estaba solo, sino con el, y que siempre podría contar con él.
-Mime, despierta… ¡Fue un mal sueño, despierta conejito!-
El rubio despertó con los ojos húmedos. Thol los miró esperando hallar nuevamente esos ojos brillantes, pero… ¡Que decepción! Volvió a ver los ojos opacos y la cara se tornaba inexpresiva nuevamente.
<<Todo eso lo sumergiste… pero ahora sé que aun están allí… Solo que tienes miedo, Mime, tienes miedo de sonreír por que piensas que van a herirte…>> Pensó Thol <<Pero yo no voy a herirte… ¡Lo harán los otros, pero yo, Thol de Phecda Gama no lo haré, ni ahora ni nunca!>>
-¿Mime?-
El divino alzó la mirada opaca e inexpresiva. Le miró fijamente, sin decir nada.
-¿T-te encuentras bien? Tenías una pesadilla…-
Mime intentó hablar, pero al intentarlo, se dio cuenta que no podía dejar salir ni un solo sonido. Intentó mover la boca, pero solo parecía una imagen de un televisor en mute.
-¿Qué?- Thol sintió sus horizontes hundirse nuevamente -Mime, ¿Qué quieres decir? ¿Qué no puedes…?-
El rubio asintió. Se señaló la boca y negó con la cabeza. No había forma ni manera de que hablase.
<<Me encuentro sellado en medio de silencio y vacío, Thol… ¿Acaso lo merezco?>> Pensó Mime, mirándolo con fijeza <<¿Merezco todo eso?>>
-Mime, Mime…- Suspiró Thol -Ojala pudieses contarme que fue lo que sucedió… Sé que no puedo hacer nada para reparar todo el daño que te hicieron, pero al menos puedo confortarte y recordarte que no estas solo. No sé los demás, pero yo siempre estaré para ti, ¿me entiendes? Conmigo jamás temerás que intente hacerte cosas malas-
El rubio lo oyó, y trató de sonreírle, pero nada. Su boca estaba trabada en una raya crispada. Lo único que pudo hacer es abrazarle débilmente.
-Así que, Mime, recuérdalo. Siempre, siempre estaré para ti. Si no lo estuve antes, te pido mi perdón. Voy a encargarme de compensar todo eso-
Mime quiso sonreír, quiso hablarle, pero no pudo. Intentó llorar, y nada tampoco. Se sentía como atrapado en una esfera de cristal, sellado por completo de sus emociones.
Y lo peor de todo, es que no sabía si alguna vez saldría de ese terrible trance…
Continuará…











