Literatura Infernal

Abandonen toda esperanza aquellos que entren a leer…

La leyenda de la sirena y el dragón (poema de KanonXSorrento)

Publicado por Selene18 "The Spicy" Darkside & Zuster en Mayo 5, 2008

Bueno, damas y caballeros (para darle un descanso al “Señoras y señores” xD) he aquí otro poema, bastante trágico y con la mayor rima posible *Demonia con neuronas fritas tras intentar rimar todo* sobre esa pareja que tanto se adora… Me refiero a ese par de lindos marinitas Kanon y Sorrento.

Las advertencias, por favor ^^ tómenlas en cuenta puesto que es un poema… Y yo para poemas… bueno, ni les digo >.<

1- El elenco de este poema-historia pertenece a esa genial serie llamada Saint Seiya, de Masami Kurumada. Solo los tomé prestados para fines perversos, jejejeje.

2- Este poema contiene Yaoi. Si, Yaoi, llámese dos hombres guapos de animé danzando horizontalmente en una cama. Si no les gusta, pues no lean y ya.

3- Se insinúa violación, llámese sexo SIN CONSENTIMIENTO de la víctima… Si son muy sensibles, pues NO LEAN.

4- Críticas… Hechas de buena manera, y constructivas. Críticas hechas de mala manera (Llámese con groserías) así como con pequeños dejos de “superioridad”, serán desechadas, por muy certeras que hayan sido. No tengo paciencia con los sabelotodos que vienen a criticar a los demás con aires de superioridad y condescendencia, como si lo supieran todo. Es muy desagradable. Así mismo, rectifico además que cualquier crítica que implique un juicio directo o indirecto contra la mentalidad, orientación o lo que sea de la autora, en el mejor de los casos, ignorada y en el peor de ellos, burlada con todo mi sarcasmo.

Sin mas nada que agregar, les dejo con el poema ^__^

Atte.

Selene18

La leyenda de la sirena y el dragón

Cuando el sol se levanta

Y la mañana se encanta

Con el resplandor del supremo astro

Sobre los cielos de alabastro

Un corazón se hundió

En los profundos océanos de la desolación

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He aquí la historia de esta terrible situación

Y que no se omita ninguna explicación;

Todo comenzó cuando el enamorado corazón de una sirena

Al cruel dragón marino desafió, por lo que este respondió

Con un sádico “Te lo haré cumplir sin demora alguna”

Y la sirena rióse, partiendo a su pequeña laguna

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Pero lo que el cruel dragón marino no razonó

Es que la sirena coquetona una segunda intención abrigó:

Tener la atención y poder así callar a su vociferante corazón.

Mas el bribón no tuvo en ningún momento tal noción

Por lo que con su sonrisa macabra al pilar de la sirena marchó

Al no encontrarla, en un cómodo sofá se sentó a esperar

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Al regresar la sirena, con una sorpresa se halló,

La esperaba el dragón marino con una sonrisa mordaz

Y en su mente una poesía falaz.

Incitóse a la sirena a cumplir lo pactado

Y esta, valiente por fuera pero temerosa por dentro

Fue fiel a su palabra, y en las fauces del dragón se adentró

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Más en vez de encontrar lo que deseaba,

Solo se vió envuelta en el manto del dolor

A sus narices solo llegó el terrible olor

De la sangre y la piel quemada;

Con mil objetos el dragón la vejó

Desolada y con su terrible inicial grabada la dejó

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Al darse cuenta del mortal fiasco que se llevó

Llena de dolor, en su cuerpo la alegría se hundió

Y las lágrimas en la nada de su alma se perdieron

Contento al ver como le dejó, el dragón marino rió

Echándole en cara que el desafiarlo idea buena no fue

Y con un burlón “supéralo” el villano se despidió.

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Pasaron los días, las noches y las tardes también

Pero la sirena, lejos de superarlo, se hundía aun más:

El brillo en sus ojos se apagó y solo el vacío se vió

En vez del sollozo del corazón roto, en vez de las lágrimas

La risa mordaz, cruel y fría sus labios llenó

Y la misma fue la música que de su boca salió.

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A los pocos días, retornóse el dragón otra vez

Y con una sorpresa se halló:

Encontró a la sirena envuelta en los brazos del jerez

Con sus ojos muertos y la boca con aroma a vino

Al principio el bribón estupefacto quedó,

Pues no sabía que tanto le afectaría lo que ocurrió

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Mas tirándoselas de orgulloso, el dragón se abalanzó

Sobre la indefensa sirena, la cual reaccionó y un rodillazo lanzó

Golpeando en el vientre al muy tramposo dragón marino

Mas este, no queriendo darse por vencido, insistió

Y sus manos heridas apretó, inflingiendo aun más dolor

Y la sirena, la muy tristona razonó escapar cuan peregrino

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De repente en la pelea, el dragón se miró las manos

Y cubiertas de sangre las encontró

Luego miróse las facciones de la sirena y la muerte vio en ellas

Así que sin pérdida de tiempo, las heridas trató de curar

Tal vez en el fondo el razonó que su dolor auténtico era

Aunque el muy soberbio, nunca osó confesarlo en medio de sus querellas

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Pero la sirena, perdida su voluntad de vivir, ni caso hizo

En sus pensamientos se ahogó, y en sus labios la frase

“Has perdido, dragoncito” se hizo y deshizo.

El dragón, sin darse por vencido la contradijo con un grueso

“Déjate de tonterías, un pilar tienes que cuidar, y a un dios debes servir,

¿Que diría si te encuentra holgazaneando así?”

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Sorda por falta de corazón, la sirena no escuchó

Y mucho menos razonó que era el modo del dragón instarla a vivir

Ya que lo poco que quedaba de ella pensaba en tan sólo partir

Trastornado ya el dragón ante la terquedad de la sirena

En un último recurso pensó ya sin medir en las consecuencias

En su mente entraría para poder medir las penas que allí moraban.

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Así lo hizo el dragón, sin darse cuenta ni por un segundo

Que estaba arriesgando y poniendo en juego todo un mundo

Por aquella sirena a la que el pretendía dañar a como diera lugar

Cuando finalmente entró, muchas cosas extrañas vió

Y entre ellas a dos sirenas gemelas morar

Una se parecía a la del mundo real, y la otra muy diferente era.

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Habló el dragón con una, y la muy burlona al derecho y al revés le miró

Tras reírse y sus cadenas agitar, informó al dragón “soy su sombra,

Soy lo que quedó de él después de ese día hasta hoy

Soy el que trae autodestrucción, autocompasión, cinismo y vacío

En otras palabras, soy el que creaste aquella vez que tu crueldad me hirió

No tengas el descaro de reírte y decir que es débil, nadie lo es tras quedar así”

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Sin salir de su asombro el dragón la escuchó y cuenta se dio

Tenía que deshacerse de esta sirena burlona con deseos de muerte

Iba a lanzarse contra ella, pero sus grilletes la sirena agitó

Golpeándole de lleno en la boca y esparciendo sangre por doquier

La risa macabra de ella llenó todo el oscuro recinto al ver al dragón caer

“¿Alguna vez has sentido dolor, dragón del mar? ¿Alguna vez lo has sentido?”

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El dragón se levantó, aturdido con aquel golpe, y la sangre de su boca limpió

“Estoy acostumbrado a el, sirena estúpida y llorona” dijo burlón

“Veo que después de todo, si sientes, al contrario de lo que dices

Y demasiado, me atrevo a decir, por lo que entonces te contradices

¿Por qué no eres mas honesta contigo misma, eh?” Inquirió, aun burlón

Pero la carcajada intensa se hizo, y el recinto volvió a llenar

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“Mira quien habla de honestidad…” Dijo ella, golpeándole sorpresivamente

En la forzuda espalda, callando así la boca suya, mordaz e impertinente

“¿Con que moral vienes a hablarme de honestidad, cuando tu eres el primer mentiroso?”

La sirena, entre risas tétricas, fuertes golpes de cadena descargó sobre el dragón caído

“Tu quieres que regrese sólo para ser tu perra como quieres, no por mi valor de soldado,

Así que he decir, con mucho gusto y disgusto, que tu “honor” esta muy raído”

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De repente, una voz tímida gritó y la burlona sirena su pelea interrumpió

Era su verdadero yo, el cual ese mismo día despavorido corrió

Presa del dolor, llevándose consigo las lágrimas y risa de la sirena

Atónito, el dragón la miró, y vió que era diferente a la que tenía encima

Largo manto blanco la cubría, pero grandes manchas de sangre también

En sus ojos brillaba la vida, y las preciadas lágrimas caían desde la cima

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“Sombra, detén esta pelea. No tiene ningún sentido” dijo

Luego, con su rostro resentido e hinchado, al dragón miró

“Tu provocaste que me fuera y que sombra tomara mi lugar…

Mira esto, ¿Acaso es justo? Y lo peor es que no pienso regresar

Tengo miedo, tengo terror de tus terribles manos”

Le mostró la tela desgarrada y manchada de sangre “¿Ves esto?”

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El dragón a la manta manchada sus ojos dirigió

Luego su boca en una burlona y falaz mueca se retorció

Provocando que sombra riera y que el verdadero yo de la sirena llorara

“Si de verdad deseas que regrese, jamás me tendrás de vuelta

Sombra en algún momento me matará, pues ella me sugiere ideas para morir

Y sorprendido te quedarías si vieses cuán imaginativas pueden surgir”

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No deseando en ningún momento mostrar su desesperación

Se levantó el dragón aunque algo trabajosamente, pues estaba muy aturdido

Y hacia el verdadero yo avanzó, sin mostrar ninguna vacilación

Y su mirada clavó en esos ojos, ya rojos y brillantes de llanto

“No puedo creerlo ¿Realmente… te herí tanto?

Pude haberte hecho mucho mas daño… y lo sabes…”

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“Pues ya lo hiciste…” Susurró el verdadero yo, sin vacilar

“Me heriste de muerte, y me temo que no lo “superaré” como dijiste”

Tras decir eso, una helada brisa sopló, estremeciéndolos a ambos

“¿Sientes eso? Dragón del mar…” Susurró “Sal de aquí ahora…

Luego puede ser tarde, quedarás atrapado aquí, por siempre…

Y no existirá para ti ni el mañana, y ni soñar el ahora…”

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Alarmado a más no poder, el dragón no pudo creer lo que el otro decía

“No te creo. Regresa… no puedes… no puedes irte así…”

A lo que el otro yo, respondió con una sonrisa, temblorosa

“No. Me temo que no puedo regresar, ya que sombra se ha apoderado de mí ser

Cuando caiga lo mas profundo de la noche, ese momento será para decir adiós…”

“¿Qué tengo que hacer, para que regreses, sirena?” preguntó el dragón

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Y el silencio se hizo entre ambos. La brisa helada volvió a soplar

“Nada” respondió el verdadero yo “Ya no puedes hacer nada”

“¡Demonios!” el dragón su paciencia perdió y haló por el brazo a la sirena

“¡Tú vendrás conmigo, lo quieras o no! ¡No pienso tolerar tu desobediencia!”

Pero la otra, en vez de alterarse, permaneció con una sonrisa, sin moverse

“Dragón Marino… a la voluntad de vivir no puedo rendirle una reverencia…”

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La sirena prosiguió, con su voz suave, y tibias lágrimas rodando por sus ojos

“A mis ojos, siempre serás el afortunado porque siempre tendrás mi amor…

Hasta el mismísimo fin, te di lo mejor… pero tú, tú me diste… soledad…”

Un portal, de grandes colores, se abrió detrás del dragón marino

Y el verdadero yo, entre lágrimas de dolor, le empujó y susurró triste

“Pero a pesar de todo, Dragón Marino… siempre te amaré por la eternidad…”

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Millares de colores desfilaron por los ojos del dragón que caía,

Desgarrándose entre gritos por el infinito abismo

Que a la sirena devoró y que parecía el vacío mismo

Despertóse luego entre fuertes jadeos, estertores y la frente afiebrada

Y con las palabras de la sirena sonando en su mente ya perturbada

“Siempre te amaré… por la eternidad…”

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Cuando miró a su lado, con el cuerpo muerto de la sirena se encontró

Y sintió por primera vez las lágrimas sus ojos afilados punzar

Se había convertido en el asesino de uno de sus propios compañeros

Pero no sólo eso, cuenta se dio que a extrañarle iba a comenzar

Conteniendo el llanto, y en brazos del lecho le levantó

Preparándose así para un privado y trágico funeral

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Muy atrás del pilar, la laguna favorita de la sirena yacía

En silencio e imperturbable, amén de fresca y cristalina

Mas el dragón lejos estaba de sentirse fresco y mucho menos cristalino

Pues tenía que darle sepultura al marino que él mismo asesinó

En brazos lo llevó y se acercó a la laguna, cuya imagen se reflejó

Y en ella el cuerpo depositó, dejando que el agua lo acogiera en brazos

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“Adiós” fue lo que el apenado dragón pudo decir

Su voz estaba ronca, pero de tristeza auténtica

“A los brazos de tu amada laguna te traje

De modo que en ella en paz puedas dormir

Y si vuelves en alguna otra vida, procuraré pagar

Todo lo que en esta pasada vida te hizo llorar”

___________________________________________________________

Si, esta fue la historia trágica de la sirena y el dragón

Nos enseña a que cosas nos llevan el desafío y el amor

Y trae además importantes enseñanzas para nuestras vidas

Ya que el amor no fenece ni en las tumbas, no hay amor sin dolor,

Y puesto que ambas cosas vienen fuertemente reñidas

Nunca sabrás lo que tienes… hasta que lo pierdes…

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