Literatura Infernal

Abandonen toda esperanza aquellos que entren a leer…

Unfinished sympathy (MiloXCamus) [FANFIC VIEJO]

Publicado por Selene18 "The Spicy" Darkside & Zuster en Mayo 5, 2008

Nuevamente regreso, señoras y señores xDDD al parecer no me rindo en lo que a escribir historias se refiere, aunque no sean muy buenas que digamos. Pero como dije en una ocasión “Uno escribe para divertirse, no mas”.

Y bien, vamos con las reseñas. Muy importante: Este fic es un regalo para Kuroblade, que se muy bien que el algún momento me estará leyendo. Espero que te guste el fic, coño ‘e mai xDDDDDD.

Advertencias de rigor. Se que son aburridas, de hecho las copio y pego en un fic y en otro. Pero es mejor prevenir que lamentar, gentes.

1- El elenco de esta historia pertenece a esa genial serie llamada Saint Seiya, de Masami Kurumada. Solo los tomé prestados para fines perversos, jejejeje.

2- Esta historia contiene Yaoi. Si, Yaoi, llámese dos hombres guapos de animé danzando horizontalmente en una cama. Si no les gusta, pues no lean y ya.

3- Críticas… Críticas. Como dije anteriormente, hechas de buena manera, y constructivas. Críticas hechas de mala manera (Llámese con groserías) así como con pequeños dejos de “superioridad”, serán desechadas, por muy certeras que hayan sido. No tengo paciencia con los sabelotodos que vienen a criticar a los demás con aires de superioridad y condescendencia, como si lo supieran todo. Es muy desagradable.

4- Letras de la canción “Unfinished sympathy” de Massive Attack.

¡Sin más, les dejo disfrutando esta historia pasional!

Atte.

Selene18.

Unfinished sympathy

Era una noche cualquiera en el Santuario de Atenea. Milo, el guardián de la octava casa merodeaba, inquieto, paseándose entre las vigas. De vez en cuando, entre los 12 cosmos dorados, sentía el del aguador. A veces se preguntaba que aspecto debía tener, cuando este se duchaba, luego de una exhaustiva sesión de entrenamiento.

De hecho, a Milo siempre le había gustado ese francés. Su acento era precioso, su rostro bello, y su poder mortífero. La combinación perfecta, que lo tentaba como fruto prohibido.

Estaba perdido en sus fantaseo, cuando sintió un acento conocido y muy, muy familiar. Se giró hacia la dirección de donde provenía.

-¿Milo?-

Tal y como si lo hubiese invocado, estaba allí el dorado de Acuario. Hermoso y perfecto, como de los que no había.

-¿Puedo pasar? Ya es tarde, y me dijiste que fuéramos a comer en el pueblo…- Continuó el aguador. Milo aun lo miraba fijamente, sin decir ni una sola palabra. Luego cayó que tenía que responderle.

-¿Cenar al pueblo? Si, claro…. Déjame cambiarme…- Replicó, y se giró para buscar la ropa.

-Y no te olvides que también veríamos películas en tu templo… ¿Qué tienes en tu repertorio?-

-De todo un poco- Contestó, señalando el estante -Depende de lo que a ti te guste… Aunque debo admitir que de comida si ando escaso… No he ido a hacer las compras.-

-No importa- Respondió Camus -Eso sí… Por favor, una porno no…-

-¡Ahhh vamos! ¿Y ahora por que esos remilgos, francesito?-

-Milo, odio el cine porno…-

-Ya, ya capté el mensaje…- Siguió hurgando -¿Y que tal El Aro? ¿O Seven?-

-El Aro, es definitivo…- Contestó el francés, ahora satisfecho. Luego, tras haberlo meditado un momento, inquirió -Milo… ¿Tu eres virgen?-

El escorpión frunció las cejas.

-¿Qué clase de pregunta es esa, Camus? No es que me importe, pero no le veo sentido…-

-Solo quiero saberlo Milo… Digamos… Curiosidad.-

-Pues… Si. ¿Algún problema?-

-No te creo. ¿Y la vez que te encontré en pleno arte del amor con Shaka?-

Milo gruñó disgustado. Pero Camus siguió hundiendo el dedo en la llaga.

-¿Acaso eso era solo contorsionismos…?-

-Pues quizás si…- Replicó Milo, no dispuesto a dejarse vencer -A lo que me refiero es que no me he dejado poseer por nadie. Y mejor que siga así.-

El aguador soltó una risita llena de sarcasmo.

-¿Con que así prefieres que se quede “Tu” asunto?-

-Si- Respondió Milo, subrayando con el tono cada sílaba -Así lo quiero. De modo que olvídalo, nadie domina al Escorpión.-

Pero Camus no se dio por vencido.

-¿Al gran Escorpión le da miedo ser poseído?… Miedoso.-

-Yo no le doy el culo a nadie…-

-¿Y por que no le dices a Shaka que le amas, eh?- Preguntó Camus, con notorio sarcasmo.

Milo se cruzó desafiante frente a el

-Yo no creo en el amor. Punto y final.-

El aguador no respondió, pero no despegó sus ojos helados del Escorpión. Más este tampoco se inmutó. Permanecieron mirándose fijamente el uno al otro.

-¿Y bien? ¿Veremos una película o seguiremos mirándonos y filosofando sobre si amo o no?-

-Está bien…- Concedió el aguador -Veamos la película… Pero al primer quejido o escena sangrienta me largo, Milo.-

-Que remilgado, Camus…- Se burló Milo.

<<Alguien así jamás podría dominarme…>> Pensó, con aire socarrón. Luego abrió el DVD y lo colocó en el reproductor, en tanto que Camus tomaba asiento.

La película comenzó muy suave. De hecho el francés comenzaba a dormirse. Milo supo que su tranquilidad no duraría. De hecho Camus se sobresaltó cuando sintió el grito desgarrador del hombre que vió a Sadako.

-¡¡Sacré Dieu!! Se parece mucho a ese caballero Shiryu… Tiene el mismo pelo y todo…- Apuntó, refiriéndose a Sadako. Milo lo miró sonriente.

Otro sonido fuerte, y Camus volvió a incomodarse.

-Suficiente Milo, me voy…-

-¿Estas asustadito, Camus?- Señaló el escorpión.

-¿Miedo yo? ¡Eso nunca!-

Milo soltó una carcajada.

-¿Entonces a que le tienes miedo…?- Repuso el, y se acercó a Camus, tomándole por el brazo. Lo haló suavemente y acercó su rostro a sus labios -Apuesto… A que no le temerías a esto…-

Lo tomó por el cabello y besó sus labios. Pero Camus reaccionó inmediatamente, apartándolo.

-¡¡Milo!!-

-Diablos Camus…- Respondió este, con una sonrisa -Y luego presumes de ser valiente… ¿A dónde se fue tu valor?-

-¿Qué tiene que ver el valor con tus besos? Nunca me habías besado antes…-

-Lo se… Y siempre he querido hacerlo.- Respondió Milo, ensanchando aun mas su sonrisa. El aguador apreció la tentación de sus labios, la blancura de sus dientes… Lentamente acercó su rostro y devoró los labios del Escorpión con notoria hambruna. Milo los recibía con placer, también disfrutando de sentirlos, tras muchas noches de fantaseo…

Cuando se separaron, Camus pudo notar que los labios de Milo estaban ahora rojos, hinchados y brillantes. La visión de hecho lo mareó, y se incorporó, totalmente confundido.

-Lo siento Milo… Debo irme…-

Pero el escorpión lo frenó, tomándole por el brazo.

-¿A dónde vas, francesito?- Lo cogió de la cintura, mirándole intensamente -Tu no te vas de aquí… Sabes que te deseo…- Susurró provocativamente en su oído. Lo apretó contra su cuerpo y restregó sus caderas contra las de el.

-Mmmm… ¡No! ¡No! ¡No seré otro acostón tuyo!- Replicó el francés, nervioso, temblando en los brazos del Escorpión -¡Mañana me echarás de tu lado, lo sé!-

-Cálmate francesito… No te haría eso… No es regla fija…- Metió su mano por entre sus pantalones, y buscó ese tan anhelado lugar para tocar.

-No Milo… No metas la mano… Ahí… No…-

-Shhh… Relájate… Disfruta…- Masajeó lentamente su entrepierna, excitando al aguador, quien temblaba y vacilaba nervioso entre sus brazos -Solo piensa en como la sangre se acumula en donde yo tengo puesta mi mano…-

Otro gemido del aguador, y su consiguiente rendición.

-Mmmm aahh ok… Acepto Milo… Pero en tu cuarto… No aquí…-

-No nos verán, pequeño…- Lo llevó agarrado al cuarto y cerró la puerta tras él. Había anhelado ese momento por siempre. No iba a desperdiciar ni un solo minuto ahora que lo tenía a su entera disposición.

Milo recostó a Camus de la pared, y besó su rostro: Labios, nariz, párpados… Todo su rostro en conjunto -¿Nadie te ha dicho que eres hermoso?-

Camus torció la mirada

-¡Olvídalo!- Exclamó Camus, nervioso e incómodo por sus propias urgencias anatómicas -¡Termina con esto ya!-

-¿Y por que tanta prisa, precioso?- Inquirió Milo, tendiéndolo en la cama, para luego seguirlo besando con pasión sin dejar de disfrutar de su cuerpo ni por un momento.

-No… Basta Milo… ¡¡Termina ya esto!!-

-Haremos que dure, pequeño…- Mojo sensualmente sus dedos para introducírselos en esa pequeña abertura suya -Solo disfrútalo…-

Esta acción hizo que esta vez fuera el aguador quien frunciera la cara, pero en un muy evidente gesto de disgusto.

-No- Lo detuvo incorporándose -Esta vez será diferente, Milo… ¡Seré yo quien te posea!-

-¿Qué?- Milo alzó las cejas en sorpresa. Eso no le gustaba nada -¡No, Camus, a mi no me posee nadie!-

-Estoy cansado de ver como te comportas…- Murmuró Camus, entre dientes. Cogió a Milo por los hombros y lo empujó de espaldas contra la cama. El escorpión forcejeaba, nervioso y molesto.

-¡Ya basta de idioteces Camus!- Exclamó Milo, frenándolo para que no siguiera. Iba a lanzarle una corrida de agujas escarlatas en el pecho, pero Camus lo detuvo.

-Ya veo… Tendré que ser un poco mas rudo entonces…- Procedió a congelar las muñecas de Milo, llevándoselas luego por encima de su cabeza, dejándolo indefenso -Lo siento Milo… No todas se ganan…-

-¡Ya detente!-

-No- Terció Camus, y comenzó a usar saliva para lubricar al Escorpión. Como el mismo afirmó, tenía su abertura muy estrecha. Demasiado.

<<Va a dolerle sin duda…>> Pensó el francés.

Después de todo, Milo le dijo la verdad. Nunca había sido poseído, y por lo tanto, no había entregado del todo su virginidad. Alzó sus piernas de modo que quedaran sobre sus hombros, acariciando los muslos para tratar de calmarlo.

-Tienes mucha energía Milo… Pero pronto te calmarás…- Le aseguró Camus, con una sonrisa.

-¡No me pienso calmar! ¡Quítate de encima mío, carajo!-

-No- Y dicho esto, entró de golpe, abriéndose paso en su interior. Sintió como cedía brutalmente, con el consiguiente sangrado. Pero no le importó. Todo eso pasaría.

Milo había gritado y cerrado la boca abruptamente, mordiéndose los labios hasta hacerlos sangrar. No gemiría ni le pediría más. Jamás le daría ese gusto.

-De nada sirve, Milo… Mejor deja de morderte los labios y relájate. Pronto el dolor pasará…-

El Escorpión cerró los ojos, rechinando los dientes mientras lo hacía. No, jamás le daría ese gusto.

No todas se ganan…

<<Eso es cierto Camus… Y te diré que has firmado tu sentencia de muerte… Ve rezando tus oraciones…>> Pensaba Milo, torciendo la cara para no verle. No deseaba mirarle.

-Te dije que no me hicieras eso…-

-Muy tarde…- Camus inició los movimientos -Estoy ya dentro tuyo… ¿Es que acaso no me sientes?-

Progresivamente el rostro de Milo transpiró, dejando que las gotas perlaran su frente. Corrían alegremente por sus sienes, debido a la tensión contenida.

-Si sigues negándolo te va a doler más y tu cuerpo sufrirá, Milo…-

-¡¡CALLATE!!- Gritó este, forcejeando y pataleando, buscando golpear a Camus en la cara, ahora que tenía los pies cerca. Pero el aguador apretó brutalmente el agarre en sus tobillos, y aceleró el ritmo, provocando que Milo se moviera, y mas sangre corriera por entre sus piernas.

<<Basta… Detén esto, demonios…>>

Abrió los ojos un momento y vió a Camus. A pesar del rubor que tenía en su rostro, su expresión seguía fría. Claro, en apariencia, por que estaba disfrutando de todo, de eso no cabía duda.

Al darse cuenta de eso, volvió a torcer la cara, procurando que sus ojos celestes quedaran ocultos bajo su densa melena azul.

I know that I’ve been mad in love before

And how it could be with you

Really hurt me baby, really cut me baby

-Vas a pagármelas todas, jodido aguador… Te has ganado noches de violaciones sin fin…- Mascullaba Milo, con voz tensa y contenida -Te ultrajaré de todas maneras, y te cegaré de dolor, maldito…-

Camus lo miró con enojo y aceleró las embestidas, trayéndole más dolor a Milo. Pero este se negaba a quejarse o gemir.

-Me tomaré mi tiempo Milo… Sé que debido a tu naturaleza esto terminará gustándote…-

-Cá… lla…te…- Respondió el Escorpión, aun sin mirarle a los ojos, refugiado en la oscuridad de sus ojos cerrados y de su pelo. No quería mirarle, no tenía ganas.

-Mírame a la cara, Milo…-

-¡¡NO ME DA LA GANA!!- Gritó el Escorpión, aún furioso. Camus se inclinó hacia el, y le tomó el mentón con violencia, enderezándole el rostro hacia el. Pero Milo seguía con los ojos fuertemente cerrados.

Resolvió que no podía forzarlo a abrirlos, así que en cambio, besó sus labios reluctantes. Fue un beso algo rudo, parte para silenciarlo, parte para amansarlo, mientras se adentraba más en él, todo lo que su sexo podía permitirle.

Por un momento Milo pareció dejarse, pero luego volvió a torcer el rostro.

-No vuelvas a besarme, hijo de puta…- Murmuró Milo -Si lo haces te arranco esos labios de un mordisco ¿Entiendes? ¿O tendré que decírtelo en ruso o francés para que tu tarada cabeza entienda?-

Aun a través de sus ojos cerrados, pudo Camus ver como corrían las lágrimas, posiblemente de frustración y de humillación, por el arrebolado rostro de Milo. Y aunque estuviese feo decirlo, lo encontró hermoso y sublime. Nunca había visto algo igual.

Hundió su cara en el cuello de Milo, terminando de adentrarse en el. Increíble, lo podía sentir todo. No había ya rincón oculto.

How can you have a day without a night?

You’re the book that I have opened

And now I’ve got to know much more

-¿Puedes sentirme, Milo? Estoy tocando lo mas profundo de tu ser…- Susurró contra su cuello, mordiéndole el lóbulo de la oreja.

<<¿Por qué, Milo? ¿Es tan importante tu orgullo? ¿No puedes dejarlo ni por mi, aunque sea un momento?>> Pensaba Camus. En el fondo no estaba feliz. Veía la cara retorcida de ira y dolor del Escorpión. Y eso no era lo que esperaba. Pensaba que lo disfrutaría.

<<Cometí un error…>>

En el momento que se avecinaba ya el inminente orgasmo, Camus se dio cuenta que había fallado. No había sido buena idea haberlo poseído de esa manera (Sobretodo ya habiendo recibido una advertencia negativa de antemano).

<<Solo quería impresionarte… Hacerte disfrutar… Pero veo que no te gustó, Milo… Y todo por tu orgullo…>> Seguía pensando el aguador <<Ahora solo me gané tu odio… Y tu rencor…>>

Aceleró el paso, embistiéndolo no solo rudamente, sino introduciéndose hasta el fondo, hasta tocar lo más íntimo de Milo. Ese punto secreto que nadie tenía derecho al acceso. Ese punto que solo le pertenecía a el.

De hecho, cuando la punta de su miembro lo rozó, Milo soltó un gemido involuntario.

<<¿Así de sensible es este lugar, Milo? Si es así, entonces me esforzaré al máximo para darte el mayor disfrute, así luego desees matarme…>>

Volvió a embestir, rozando una y otra vez ese lugar, arrancando finalmente los tan anhelados gemidos que no habían salido al comienzo. Con las manos tomó las caderas de Milo y las elevó varios centímetros por encima de la cama, y con ello estirando sus pantorrillas hacia atrás, dejándolas completamente extendidas. De ese modo podía seguir accesando a ese lugar.

Era curioso, pero el Escorpión ya había dejado de resistirse, y le estaba dejando hacer, pero sin poner mucha participación de su parte. Esto desalentó mucho a Camus. Pero al menos sus gemidos indicaban que, aunque involuntariamente, Milo estaba comenzando a disfrutar.

-Milo…- Susurró de nuevo, cargado de lujuria. Finalmente sintió un espasmo de placer intenso.

<<¿Qué te habré hecho yo, Camus, para que pretendas herirme de esta manera…?>> Pensaba el Escorpión, escondiendo su rostro de la mirada del francés. <<Que yo sepa, ningún daño te he hecho… A menos que desearte haya sido un daño…>>

Cuando el aguador finalmente dejó salir su esencia dentro del cuerpo de Milo, este gritó. Fue un alarido fuerte y prolongado, descargando así el dolor y la ira que sentía. Al mismo tiempo, su cuerpo respondió, liberando los fluidos de Milo, los cuales salpicaron a Camus.

-Milo…- Volvió a decir el francés. Acarició su mejilla, ahora húmeda de lágrimas. Pudo sentir los músculos faciales contraídos incluso después de ese grito tan intenso. Sus facciones crispadas -Yo… Yo…- Quería decirle que le perdonara, que no había sido su intención dañarlo… -Perdóname…-

El Escorpión no respondió, sino que aún yacía inerte en la cama, con la sangre y el semen corriéndole por los muslos y nalgas. Camus, sintiendo que ya no había nada que solventar, que todo se había ido a la “Mierda” literalmente, se vistió lentamente y se dispuso a salir.

-Tus días están contados, Camus de Acuario…- Murmuró Milo al vacío, un poco antes que Camus abandonara la habitación.

<<Lo siento Milo…>> Fue lo que pensó el aguador antes de desaparecer en la oscuridad de la medianoche.

*********

Pasaron muchas semanas desde aquel incidente. Pero el Escorpión Celeste nunca más fue el mismo de antes.

No salía de su templo, a menos que lo llamasen. Caballeros iban y venían, y ninguno lograba verle. Entre ellos se rumoreaba que Milo había escapado de su Casa. Pero la verdad es que todo este tiempo -desde ese día- había permanecido encerrado, completamente huraño, negándose a hacer contacto con el mundo exterior.

Like a soul without a mind

In a body without a heart

I’m missing every part

Había sido un trance sumamente doloroso para Milo. Una decepción mayúscula. Tanto tiempo fantaseando con ese condenado francés… Para este fiasco.

Para este desengaño.

Para este ultraje.

Mejor no haberle invocado. Mejor no haberle besado. Mejor no haber deseado que viniera.

Desde ese entonces, pasaba horas encerrado en su habitación, bajo llave. Había perdido las ganas de hacer contacto con el mundo exterior. Prefería dejar pasar el tiempo, irse marchitando poco a poco, perdido en lo más hondo de si mismo.

Pero la otra parte de él, la parte rencorosa, vengativa, le seducía con la idea de una venganza, tal y como había jurado en aquel fatídico día. Imágenes sugerentes de Camus desangrándose y gritando de dolor le llamaban, tentadoras. Se imaginó hundiendo su aguja escarlata en todas partes inimaginables de su cuerpo. Se imaginó introduciendo su sexo endurecido con toda la violencia del mundo mientras le arrojaba una corrida de agujas en el pecho.

Y las risas que brotarían de su garganta. Oh si, se reiría hasta que se le cayese la cabeza. Y pronto se sentiría mejor.

Finalmente, esa parte, la vengativa, tomó posesión por completo del corazón y la mente del Escorpión Celeste, dándole fuerzas para levantarse, y arreglarse.

Like a soul without a mind

In a body without a heart

I’m missing every part

Como si de un ritual se tratase, Milo se duchó, cepilló con cuidado su azulosa melena, y se echó su mejor colonia. Luego vistió su armadura, colocándola poco a poco en su cuerpo: Deslizó los brazos hasta que se amoldaron, las botas… Cubrió su pecho con el peto dorado, hasta su cabeza, coronada con el casco, que tenía atrás el símbolo que caracterizaba al peligroso Escorpión: La larga cola con el aguijón.

Milo se miró en el espejo. Cada parte de su armadura relucía, amoldada a su cuerpo.

<<Vestido… Para matar…>>

La noche se prestaba para la ocasión. La luna brillaba, llena, enorme, en medio del firmamento. Incluso parecía influir mucho en Milo, acrecentando así su deseo intenso de venganza. De igualar puntos. O incluso superar.

Sigiloso como el animal que representa, salió Milo de la Octava Casa, yendo cuesta arriba, camino a la Onceava Casa, con su cosmos apagado por completo, de modo que ocultaba su presencia para todos los caballeros.

<<No te escaparás de mi esta vez Camus… Este será tu último día, lo juro por mi estrella regente…>> Pensaba Milo, adentrándose finalmente en la Casa de Acuario.

Todo estaba en un extraño silencio. No había nada fuera de lugar.

<<Posiblemente esta dormido a esta hora. El muy maldito se las tira de madrugador…>>

Caminó sigilosamente, hasta encontrarse de cara con una pequeña puerta. Por la intensidad del cosmos, supo que Camus estaba tras ella. Y dormido. Indefenso. A su merced completamente.

Sonrió por primera vez en muchas semanas. Finalmente realizaría su sueño de venganza. De hacerle pagar por todo el dolor y la decepción de aquel día. Lo tendría debajo suyo, sufriendo de dolor. Abrió con cuidado la puerta para no alertar a Camus y la cerró de igual manera.

Le encontró acostado de espaldas a él, de medio lado. Y visto desde ese ángulo le hacía difícil creer que ese era el mismo que le había tomado a la fuerza. Pero como solo existía un solo Camus en el mundo, sabía que no se equivocaba.

-Restricción…- Susurró, con voz cortante. Un aura roja envolvió a Camus, despertándolo.

<<¿Milo?>> Se preguntó a si mismo. ¡Era el último caballero que esperaba ver! Y más grande aun fue su sorpresa cuando se percató que estaba paralizado de pies a cabeza.

-Te he inmovilizado, pequeño…- Replicó Milo, con voz rasposa y cortante -¿Creíste acaso… Que te ibas a escapar del Escorpión?-

Avanzó hacia el con una sonrisa maligna. Pero Camus seguía sin mostrar temor.

-¿Vas a matarme?-

-No ahorita…- Susurró, aun con voz llena de odio frío como acero. Con un movimiento felino, característico de Milo, se abalanzó sobre Camus, quien aun yacía indefenso y paralizado -Primero, he de devolverte la pelota, como quien dice…- Su sonrisa se hizo grotescamente amplia -He de hacerte pagar… Por lo que me hiciste…-

Sacó la aguja escarlata. Brilló en su dedo, mortalmente. La usó para rasgar de extremo a extremo las ropas de Camus, desnudándole.

-¡Milo!-

-¿Alo? ¿Alo? ¿Te parece familiar, Camus?- Replicó, con ironía -¡Hola! ¡Bienvenido al jodido mundo real, Camus de Acuario!-

Y diciendo esto, lo penetró repentinamente, de sorpresa. Camus soltó un siseo de dolor. Milo le agarró el cuello con fuerza.

-¿¡Cómo se siente ser penetrado contra tu voluntad!? ¡Bienvenido al mundo del dolor, Camus! ¡Bienvenido, grandísimo hijo de tu reputeada madre!- Decía Milo, con una sonrisa demente. Camus le miró fijamente, a pesar de dolor que sentía. Por suerte siempre había tenido un excelente autodominio.

-¿Qué tanto me miras, estúpido?- Inquirió, dándole una bofetada -¡Ya sé que soy increíblemente bello para ti, pero no tienes el nivel para posar tus indignos ojos en los míos!-

Normalmente esperaría una respuesta violenta. Más la única fue la nuevamente insistente mirada del aguador, coronada ahora con la mejilla algo hinchada y enrojecida.

-Que yo sepa no te golpeé esa noche, Milo de Escorpio- Afirmo, con terrible frialdad -Si quieres violarme, hazlo. Pero los golpes están de más.-

Milo le tomó violentamente del rostro y lo apretó. Mientras hacía esto, hundía aun más su erección dentro de Camus.

-¿Y quien demonios eres para decirme lo que debo y no debo hacer? ¿Acaso tú eres mi dueño? ¿Acaso soy algo “Tuyo” como para que vengas con tales idioteces…?-

<<No hagas esto, Milo, detente…>> Pensó Camus, con el rostro adolorido <<No fue mi intención dañarte, por favor…>>

¿O quizás si lo había sido? ¿Quizás si le había herido a propósito, consciente o inconscientemente? Todo era posible. Pero lo mas seguro a un nivel inconsciente, disfrazado bajo su intención de hacerle disfrutar e impresionarle, de mostrarle que era capaz de muchas cosas. No por que su intención no haya sido auténtica, claro que no.

The curiousness of your potential kiss

Has got my mind and body aching

Pero había algo de trasfondo…. Camus estaba harto de saber como Milo desechaba a sus amantes, cambiándolos de un momento a otro. El solo pensar que lo haría con el le paralizaba mas que cualquier amenaza de muerte.

Por eso le había herido.

Para mostrarle algo diferente a su rutina. Para mostrarle que a los amantes no se les desecha. Para mostrarle que su actitud desaprensiva dejaba cicatrices difíciles de curar.

Nada le hubiese hecho más feliz que haber sido poseído en diferentes circunstancias. Con un Milo tierno y protector, como siempre había soñado internamente (Pero nunca había dado a entender antes). Pero como el mismo afirmó “No todas se ganaban” y esta vez el tiro le había salido por la culata. Se había ganado todo el rencor de Milo, todo su odio. Ahora tenía que cargar con esa culpa. Y de paso tenía que soportar el dolor que le inflingía con toda premeditación y alevosía.

Sin embargo…

Aún sintiendo esas terribles y fieras embestidas, aún sintiendo la sangre correr por sus piernas, Camus de Acuario, por dentro, no dejaba de disfrutarlo. A pesar del odio que iba impreso en sus movimientos de penetración, el aguador pudo percibir que ese Milo con cual el soñaba estaba aun durmiendo en su interior.

Solo era cuestión de despertarlo.

Contento de percibir esto, abrazó a Milo, para no separarlo de su cuerpo. Aunque el Escorpión Celeste no reaccionó precisamente en positivo.

-¡¡Suéltame imbécil de mierda!! ¡¡¡Aaaaaaaarghhh RESTRINCCIÓN!!!- Gritó, liberando el cosmos que había retenido todo este tiempo. Pero Camus ardió el suyo, contrarrestando el del Escorpión. Apretó el agarre y le susurró al oído

-Milo… Escúchame ahora, por favor…- Ahora la mejilla dolía menos que antes, y se le hacía más fácil hablar -Yo si amo a alguien…. A ti…-

<<¡¡¡MENTIROSO!!!!>> Gritó la mente de Milo <<¡¡ERES UN JODIDO MENTIROSO!!>>

-¿Tú?- Milo se carcajeó -¡No me hagas reír, y cierra la boca!-

-¿¡Qué demonios quieres que haga para demostrártelo!?- Exclamó Camus, súbitamente irritado. No le había gustado esa respuesta. Empujó a Milo violentamente de la cama, y este cayó al otro extremo.

-No te molestes en mostrar algo que ni sientes- Gruñó el escorpión -¿Acaso se te olvidó que yo jamás amaría?-

Aquellas palabras rompieron el corazón del aguador en pedazos. Nunca en su vida se había sentido tan mal como ahora. Se llevó una mano a los ojos para ocultar las lágrimas que amenazaban con caer. Pero eran tan fuertes sus ganas de llorar que sus manos no las retuvieron. Corrieron en hilos a través de sus dedos contraídos.

Really hurt me baby, really cut me baby

How can you have a day without a night

-Si así piensas… Déjame decirte algo, Milo…- Murmuró Camus, en voz baja -… Te forzaré a amarme… Te forzaré a quererme, así como te forcé aquella noche…-

-¿Qué?- Exclamó Milo, poniéndose a la defensiva -¡Primero te mato, maldita sea!-

-No podrás hacerlo…- Camus alzó sus ojos furiosos y los fijó en los de Milo. Su cosmos ardió extremadamente amenazador. Azul intenso, como los glaciares de Siberia.

<<No me daré por vencido… Voy a esclavizarte, y te haré amarme, Milo…>> Pensaba Camus. Estaba ahora dispuesto a obligarlo, así tuviese que golpearlo y abusar las mil y un veces de él. Pudo hacerlo una vez, tranquilamente ¿No? Así que una mas no importaría…

-Venga, Milo…- La boca de Camus se curvó en una sonrisa que bien podía competir en maquiavelismo con la de Milo -Esas palabras tuyas no serán obstáculos para mi…-

Alcanzado el máximo de su cosmos, Camus arrojo un enorme ventarrón de hielo, apuntado justamente a las manos de Milo.

-¡¡POLVO DE DIAMANTES!!-

-¡QUE DIABLOS…!- Exclamó Milo, cayendo de espaldas por el impacto. Trató de levantarse, pero notó que sus manos estaban pesadas e insensibles. Camus se las había inutilizado.

-No te preocupes…- Afirmó con una mueca -No las perderás. Tan pronto terminemos y aceptes lo que tienes que aceptar, tus manos retornarán a la normalidad….-

-¡Yo no tengo nada que aceptar!- Gritó Milo.

-Oh si, si tienes, y mucho, mucho que aceptar.- El francés arrancó las mallas de Milo, lo justo para descubrirle su anatomía inferior.

<<¡¡No de nuevo, demonios!!>> Pensó Milo <<¡¡De nuevo piensa repetir aquella atrocidad!!>>

-No es tarde aun para cambiar de idea, Milito…- Repuso Camus, mirándole. Nuevamente el recuerdo de aquella noche apareció en la mente de ambos. -Si lo aceptas ahora, me dejaré hacer por ti… Pero si no… Me las pagarás…-

-¿Aceptar qué? ¿Ser tu perra? ¿Dejar que presumas que dominaste al Escorpión?-

-Milo, Milo… Siempre con tu orgullo de por medio…- Camus soltó una risita triste -¿Acaso no puedes dejarlo de lado, ni siquiera por alguien que te ama?-

-La persona que me ama jamás me violaría como lo hizo aquella noche…- Espetó Milo -¡Y vuelta a empezar!-

-Vuelvo y repito, todo por tu jodido orgullo… Claro, claro… El Escorpión si puede herir, pero ohhhhhhh cuidado si lo hieres a el…- En la voz del aguador se percibía ahora un evidente dolor -Si tu me penetrabas, si yo era tu perra, estaba bien ¿No es así, Milo?-

-Ahí estas malinterpretando las cosas, Camus de Acuario…- Replicó Milo -Nunca, nunca te ví como una “Perra”…- Milo hablaba siseando, y aun con furia contenida -Quería ser tierno y disfrutar contigo… Pero no… ¡Tu tuviste que ir y cagarla por completo!-

-¿Solo por que te penetré?- Inquirió Camus -¿Solo por eso, Milo? ¿Qué tiene de malo sentir a alguien en tu interior? … Claro, que para alguien como tú, que piensa solo en “Usar” a los demás para su propio gusto, no lo vería así… Sabes, por eso te penetré aquella vez, Milo…-

El Escorpión lo miró atónito.

-¿Qué dices?-

-¿Acaso crees que no lo sé todo acerca de tus andadas? Milo, estas en la boca de al menos medio santuario. He tenido la oportunidad de oír lágrimas, de pisar los corazones rotos de aquellos que usaste para tu propio placer…-

La mirada del Escorpión estaba cambiando progresivamente. Pero Camus prosiguió.

-Eres tan fácil de leer, Milo… Aun recuerdo la humillación leída con toda claridad en tus lágrimas aquel día….- Sin que Milo lo notara, Camus bajó su mano hasta acariciar ese sitio que tomó por fuerza hace tiempo -Pero te explico: Eso fue para que aprendieras que las cicatrices que dejas al tratarnos como paños desechables son muy difíciles de curar. Fíjate. Hice lo mismo. Te usé y luego te dejé…. Y estas aquí, herido…-

-¡¡CALLATE!!- Exclamó Milo, volviendo a enfadarse -¡Todo este tiempo te has venido creyendo un puto mártir! Ahora te informo de algo que quizás jamás de los jamases pasó por tu congelada y tarada cabecita: Siempre había querido tener algo contigo, y aunque no fue amor, si hubo la posibilidad de que creciera… ¡Pero no, tuviste que tomarme a la fuerza, y hacer de mi vida un jodido infierno!-

Camus no contestó, sino que solo se limitó a hundir su erección dentro de Milo. Lo sintió flexible desde aquella noche. Y aun más cálido.

-¡Basta! ¡Basta de una buena vez!- Gritaba el Escorpión, moviéndose para no dejar entrar a Camus en el. Pero el francés volvió a sostenerlo con algo de fuerza y se adentró aun mas en el.

<<No puedo evitarlo… Te siento tan bien Milo…>>

Pero esta vez Milo no sintió ningún dolor. No hubo sangre. No hubo desgarramientos.

<<¿Por qué? ¿Por qué…?>> Pensó Milo. Quería refugiarse en el dolor para al menos tener una excusa para despotricar a Camus. Quería odiarlo para evitar caer en lo que no deseaba caer… Más era como estar al borde de un precipicio y que alguien le estuviese empujando…

Like a soul without a mind

In a body without a heart

I’m missing every part

-¿Qu… Que me has hecho, Camus…?- Inquirió Milo, con el cuerpo ahora afiebrado de excitación. -No quiero amar… Tengo… Tengo…. Miedo…-

Camus deslizó los dedos por el pecho de Milo, acariciando los pezones erectos por la excitación. El Escorpión respondió gimiendo.

-No tengas miedo Milo…- Acarició ahora su rostro -No tengas miedo… Solo déjate llevar. Que conmigo no sufrirás…-

El aguador, ahora feliz, sintiendo que finalmente ese Milo con el cual soñaba había despertado, procedió a derretir el hielo en sus manos, para darles calor con su cosmo.

-Al fin… El Milo con el cual soñé ha despertado…- Los ojos de Camus ahora brillaban de felicidad. Sacó su sexo del cuerpo de Milo, y se posicionó para que este le penetrase. El Escorpión lo miró con sorpresa.

-¡Camus! ¿Tú….?-

-Así es Milo… Quiero que seas tu quien me posea…-

Fue un dolor sumamente placentero, por lo que Camus comenzó a moverse lentamente encima de él, asegurándose de sentir su erección dentro de su cuerpo.

-No quiero verte sufrir más… Prefiero tu sonrisa Milo…-

Una vez que recuperó el calor en sus manos, Milo abrazó el cuerpo del francés, pegándolo junto al suyo.

-Camus…-

-Milo…-

El Escorpión, endulzado por completo, mimó al francés con caricias en su sexo. Estaba ahora avocado a darle placer y a hacerle disfrutar, tal y como quería hacer aquel día.

Como debió ser. Como siempre debió ser.

El aguador gimió, ahora el éxtasis mezclado con el placer que Milo le proporcionaba. Era su sueño hecho realidad.

-Te amo Milo…-

-Yo… Yo también… Mi aguador…-

Echó la cabeza hacia atrás, preparándose para vaciar su esencia dentro de Camus. El francés entendió su mensaje y acentuó sus movimientos, llevándole al orgasmo, y a la vez, disfrutando él el tenerle en su interior.

<<Al fin te tengo… Milo… Finalmente… Eres mío…>>

En ese momento, el Escorpión se contrajo violentamente, disparando un torrente de cálido esperma dentro de Camus.

-¡¡Si!! ¡¡Si, Milo!!- Exclamaba el francés, arqueándose con cada gota que sentía de sus fluidos. Era como si le estuviese llenando con su propio deseo.

-Ven, quiero verte acabar, Camus…- Murmuró Milo, frotando con fuerza su miembro erecto, ya a punto de estallar. La mano de Milo, unido al placer y a la sensación de humedad provocó que el aguador estallara abundantemente, bañando el pecho y un poco del rostro de Milo. Este lo probó con deleite en sus ojos celestes.

-Espero que algún día seas capaz de perdonarme Milo… Por el daño que tuve que hacerte…- Susurró Camus, dejándose caer en el amplio pecho de Milo. Este solo suspiró, con los ojos cerrados.

-Haré el esfuerzo por dejarlo atrás… Y comenzar como si nada hubiese pasado entre nosotros…-

Camus lo miró con los ojos brillantes de lágrimas.

-Y así… Siempre debió ser. Desde el comienzo…-

Fin

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